EN "LA COMPAÑIA", EL CINEASTA ROBERT ALTMAN CONSTRUYE UN EJERCICIO ESTETICO SUBYUGANTE

La coreografía de un maestro mayor

No en vano los artistas son siempre intérpretes de la realidad por antonomasia, porque  más allá de eventuales talentos y virtudes  poseen la cualidad de condensar y reconstruir en su obra el más vasto espectro de los sentimientos y las emociones humanas.

En ese contexto, la danza es, sin dudas, una de las más decantadas construcciones estéticas de la sensibilidad, porque sintetiza  simultáneamente  la plasticidad, el movimiento, la pasión y los claroscuros del alma.

Sería redundante repasar las numerosas adaptaciones del ballet al formato cinematográfico. Sin embargo, sí resulta pertinente rescatar algunos filmes que retratan a ese particular universo entre bambalinas.

Para ello, basta evocar apenas dos títulos ciertamente emblemáticos: Fama, del gran Alan Parker, y El show debe continuar, del inconmensurable Bob Fosse, dos películas referentes que retratan con lenguaje hasta descarnado, la peripecia de la fauna que convive en ese elítico micromundo. Incluso Chicago, aún con reservadas, es un filme atendible de este subgénero.

La compañía (The Company), del maestro Robert Altman, propone una mirada minuciosa y escrutadora, que mixtura la sublimación sensorial con la radiografía psicológica de los personajes.

Situando su cámara detrás del escenario, el célebre realizador narra la historia de una bailarina estoica que da la vida por su arte, encarnada por Neve Campbell.

Sin detenerse en otras historias personajes a excepción de la peripecia de la propia protagonista, Altman «desnuda» el submundo de los ensayos, las arduas tratativas empresariales y hasta la propia tragedia de los artistas.

De algún modo, el filme denuncia a esta gran máquina de manipular y hasta fagocitar vidas que es el mundo del espectáculo, al exhibir  sin eufemismos  las postergaciones, las expectativas tronchadas por algún desajuste menor en la interpretación y las habituales lesiones y fracturas que padecen los bailarines, que suelen sepultar sus carreras a menudo para siempre.

Sin embargo, contrariamente a lo que podría suponerse, Robert Altman no agota su artillería creativa en la mera descripción de paisajes humanos e inflexiones emocionales.

El filme es una coreografía dentro de otra, que reproduce toda la parafernalia estética del ballet moderno, con su impresionante colorido, la belleza de la forma y el movimiento, sus simbolismos y la pasión que reproduce los sentimientos humanos expresados sobre un escenario.

Aunque hay numerosas secuencias antológicas, optamos por detenernos particularmente en la imagen de la representación al aire libre de una obra bajo intensa lluvia y tormenta eléctrica, lo que simboliza el sacrificio de los artistas sometidos a la emergencia de satisfacer al a menudo desenfrenado consumismo de la megaindustria cultural.

En esta oportunidad, Altman transforma a la anécdota en un mero pretexto para desplegar un ejercicio cinematográfico estéticamente esplendoroso y hasta conmovedor, con prodigiosos logros en materia fotográfica y la brillante participación del Ballet Clásico Joffrey de Chicago.

En el rubro interpretativo sobresale la participación del veterano pero talentoso actor Malcolm McDowell, que luego de integrar el reparto de varios filmes menores, encarna   sin mayores esfuerzos- al ambicioso y rígido director de la compañía.

Para los amantes del ballet, este es un título ineludible. Para quienes no lo son, La compañía es un filme que reúne virtudes que trascienden a lo meramente formal, porque indaga osadamente en los poco conocidos territorios de una profesión que transita  permanentemente – en las antípodas del cielo y el infierno. *

LA COMPAÑÍA (The Company). Estados Unidos-Alemania 2004. Director: Robert Altman. Reparto: Neve Campbell, Malcolm McDowell, James Franco y los integrantes de The Joffrey Ballet of Chicago.

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