Bienal de Venecia, retorna el matriarcado

Quedó inaugurada ayer la 51ª Bienal de Venecia que se extenderá hasta 6 de noviembre, con la participación de menos de un centenar de artistas procedentes de 74 países. Dos curadoras españolas María del Corral y Rosa Martínez optaron por acentuar el tono sociopolítico (ya característico de las documentas de Kassel) y una intencionalidad polémica en la afirmación de la mujer creadora.

De acuerdo a la abundante información por Internet, en la fachada del pabellón principal se lee «You make history when you do business» (Usted hace historia cuando hace negocio) y a la entrada de la Cordería, en el otro sector, un enorme anuncio proclama «Benvenutte alla Biennale Feminista» (Bienvenidos a la Bienal Feminista), en clara alusión a las curadoras. Ambos mensajes lo firman dos artistas veteranas, la estadounidense Barbara Kruger, que recibió el premio León de Oro a su trayectoria, y el de las intrépidas feministas anónimas Guerrilla Girls, que en estos días pasearon por los jardines de la bienal con máscaras de gorila. El pabellón francés, con una instalación de Annette Messager (estuvo en Buenos Aires en 1999), inspirada en la vida de Pinocho, recibió el León de Oro, el premio más importante con que la bienal reconoce la obra de los participantes. El León de Oro a la escultura recayó en el talento alemán Thomas Schütte. Pocas veces un fallo fue menos controvertido y el reparto se ajustó a los tres grandes imperios artísticos: Estados Unidos, Alemania y Francia.

María del Corral estuvo a cargo del sector La experiencia del arte, donde recoge e tendencias desde 1970 hasta hoy, mientras a Rosa Martínez le correspondió Siempre un poco más, donde establece pautas para el futuro del arte. Los artistas elegidos entre las dos suman apenas 91, difíciles de representar las ideas propuestas

Muchas obras ya suscitaron polémica: La novia, de la portuguesa Joanna Vasconcelos, consiste en una lámpara dieciochesca que en vez de caireles está formada por tampones higiénicos femeninos, El hipopótamo, enorme escultura en barro de intención ecologista es de autoría del cubano Guillermo Calzadilla y la estadounidense Jennifer Allora, una pareja frecuente en las muestras internacionales, el italiano Francesco Vezzoli presenta Trailer for a remake of Gore Vidal, un video de tres minutos de duración con veloz sucesión de felaciones y sodomías, la cubana Tania Bruguera cubre toda una pared con bolsitas de té para poner en evidencia cómo los colonizadores se apropian de elementos de los colonizados para convencer que el té es un producto inglés, la guatemalteca Regina José Galindo (reconocimiento del jurado a la labor de una artista menor de 35 años) hizo una única intervención al encerrarse en una caja y golpearse tantas veces como el número de mujeres que han muerto en su país, además de presentar tres videos con sus performances, y la italiana Bruna Esposito exhibe la obra más pequeña de la bienal, del tamaño de un alfiler, con el título Perla de plomo.

La atención se dirige también hacia creadores mayores como el sudafricano William Kentridge, un dibujante y cineasta ya habitual en estos encuentros que ahora combina su técnica anterior de dibujo animado con personas reales, que ya recibió amplios elogios, extendidos hacia la inglesa Tacita Dean (que estuvo en la anterior edición), la finlandesa Elija-Liisa Ahtila (otra reiteración) y a la admirable Louise Bourgeois, con sus 93 años, infaltable, también premiada en anterior oportunidad. Hay varios artistas fallecidos (Philip Guston, Francis Bacon, Juan Muñoz, Agnes Martin) algo que sucede por primera vez en un encuentro de arte contemporáneo. Los españoles son ocho, un número generoso que despertó las iras de la crítica italiana, con dos artistas locales solamente. La mayoría de los seleccionados provienen de Alemania y Estados Unidos.

Las mujeres coparon la bienal. A las dos curadoras españolas, se agregaron las artistas premiadas (Barbara Kruger, Annette Messager, que estuvo en Buenos Aires en 1999 para montar tres instalaciones en el MAM, creadoras de primer nivel, Regina Galindo, joven prestigiosa) mientras la prensa española nominó corresponsales también mujeres (Milena Fernández y Catalina Serra por El País, María López por La Vanguardia), para reforzar la presencia femenina, además de la visita de Ana Martínez de Aguilar, directora del Museo Reina Sofía. Impecable demostración de lo políticamente correcto. También Uruguay estuvo con tres mujeres al frente (Alicia Haber-Olga Larnaudie, curadora-comisaria, artista Lacy Duarte), Portugal (curadora Isabel Carlos, artista Helena Almeida), Argentina (curadora, Adriana Rosenberg), Japón (artista Mariko Mori) y así siguiendo. Esta potenciación de las mujeres creadoras reconoce que el arte ha sido históricamente masculino y la dificultad de las mujeres para trascender. Pero ahora, y es suficiente anotar que en la actualidad la mujer ocupa un lugar preferente en calidad y cantidad en las artes visuales del mundo, las cosas se orientan hacia un rumbo diferente. No es casual que uno de los letreros en la bienal afirme que «Menos del 3% de los artistas en las muestras de arte moderno son mujeres pero el 83 % de los desnudos son femeninos». Aunque algunas corren el riesgo de perder la cabeza y sufrir ataques de vengativo accionar y de insufrible soberbia.

Si el presidente de la Biennale, Davide Croft, elogió «la pasión y la competencia» de las curadoras españolas, el conservador y berlusconista ministro de Cultura italiano, Rocco Buttiglione, sentenció que las obras pertenecen «al arte escandaloso, que me recuerda mi juventud, en los setenta», agregando «que todo esto es agua del pasado. ¡Qué tristeza! Es un arte tan feo». No todo(a)s estarán de acuerdo.

Entre las muestras paralelas a la Biennale, el Museo Correr de la Plaza de San Marcos, habilitó una enorme muestra de Freud, nieto del inventor del psicoanálisis, la misma que fue exhibida en la Tate Gallery en 2002 y comentada ampliamente en estas páginas durante una visita a Londres. *

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