Paneo de recientes inauguraciones
En la tercera unipersonal después de su muerte, mejor instrumentada y sin curadoría a la vista, y acaso por eso mismo, Amalia Polleri,1909-96, revela un aspecto de su extensa e irregular trayectoria plástica (opacada por la docencia y el ejercicio de la crítica de arte) absolutamente desconocido: el talento como dibujante que, en los años treinta y cuarenta encontró uno de los momentos más creativos. Con un trazo limpio de toda sombra sospechosa, flexible y realizado de un solo impulso, sus asombrosas tintas adquieren una contundencia expresiva de insólito vigor en la historia del dibujo uruguayo. Figurativas, claro, pero ajenas al naturalismo imperante en el escenario local, las obras se empalman con los recursos epocales y admiten un acercamiento a los de Jean Cocteau y Pierre Klossowski. La precisión y seguridad de la línea, el encanto de la composición y una rara y deliciosa connotación simbólica, no exenta de un discreto humor, son indicativos de una personalidad que recién ahora se manifiesta. Por otro lado, en trabajos ligeramente posteriores, ejecutados a lápiz luego de un viaje a París, sin perder calidad, la artista se inclina hacia la representación claroscurista, de convenciones aceptadas pero sin la originalidad anterior. Hay dos caminos propuestos (un Autorretrato excepcional) que se bifurcan y ambos movilizan el placer del descubrimiento. (La Colmena, Maldonado 2182, martes a sábado de 16.00 a 20.00).
-Norberto Rattner, montevideano de 1950, con estudios en diversos talleres uruguayos y en Londres, con una primera individual en 2001, vuelve a ratificar, cuatro años después, que todavía permanece el conflicto entre materiales diferentes (madera, pintura, cartón, tela), pues a un planteo general bien estructurado subsiste la resolución aproximativa, errática de la técnica, desprolija en su ensamblaje. Ni el sugestivo encanto de materiales humildes que llevó a su culminación poética Barcala ni la austeridad precisa de Nelson Ramos con los cuales tienen una evidente relación.(Discount Bank, Plaza Zabala, lunes a viernes de 13.00 a 17.00).
-La dibujante Marianela Sosa (Pasos de los Toros, 1965), formada junto a Marcelo Legrand, Gerardo Goldwasser, Luis Ospitaleche y José Stevenazzi, con un viaje de estudios por Alemania, Italia y Francia, pero viviendo en su ciudad natal, recorre la abstracción con vital sensualidad barroca, que por momentos ancla en el erotismo, enlazando pequeñas estructuras con un soberbio oficio en el uso del grafito ya sea en medianas o grandes composiciones. Al alarde técnico se liga una mirada personal y auténtica. (Sala Carlos F. Sáez, Rincón 575, lunes a viernes de 12.00 a 18.00).
-Para recordar el 70º aniversario de su instalación en Uruguay, la B´nai B´rith reunió en el Museo Zorrilla los artistas del Premio Fraternidad, creado en 1982, orientado hacia las áreas de teatro, música, literatura y artes visuales. La idea de ver y estimar las obras de Ernesto Aroztegui, Wifredo Díaz Valdez, Pilar González (única mujer convocada entre las artes visuales), Hugo Longa, Octavio Podestá y Nelson Ramos era muy atractiva. En primer lugar confirmar el alto nivel de los artistas elegidos y luego, la confrontación entre diferentes lenguajes que se sucedieron a través de los años. Es cierto que el Premio Fraternidad nació con la finalidad de galardonar a una personalidad todavía no suficientemente reconocida en el ambiente nacional con la finalidad de ampliar la difusión de su obra, al mismo tiempo que se extendía su consideración hacia más vastos sectores de público. Así se actuó con relación a Aroztegui, Longa y Pilar González, mientras que los restantes ya eran creadores consagrados incluso en el exterior. Ese deslizamiento del enfoque inicial si no perjudicó la iniciativa le sustrajo una implícita aventura del descubrimiento.
Por otra parte, hubiera sido interesante ver obras antes y después de la premiación, una vez hecha la experiencia del viaje a Israel y otros países y hasta qué punto marcó a cada uno. La exposición bien montada aunque con un exceso de obras, demuestra la importancia del Premio Fraternidad y es un placer visitarla, si bien las piezas de Podestá no son tan enjundiosas, incluso desprolijas en su terminación, como son sus obras monumentales. No obstante, llama la atención que no haya ninguna referencia, ni siquiera en el no muy bien diseñado catálogo con texto farragoso de Alicia Haber, a María Luisa Torrens que presidió todas las instancias de las sucesivas ediciones, estableciendo un nexo entre ellas. Un olvido imperdonable.
-La importancia de Maestros Italianos del Siglo XX, (Cabildo de Montevideo) revisitados a través de grabados, radica en que, a pesar de algunas ausencias, recoge la sensibilidad peninsular de los años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, cuando el compromiso estético se establecía entre la figuración ideológica (Renato Guttuso), la abstracción geométrica (Piero Dorazio) y el informalismo (Santomaso, Vedova, el gran Scanavino, muerto relativamente joven, aquí representado con una obra posterior de gran impacto). Las generaciones actuales olvidaron estos nombres pioneros del arte italiano (Vedova mantiene intacto su talento), la mayoría desaparecidos, pero los críticos veteranos de todo el mundo que los conocieron y amistaron a partir de los años cincuenta, significa una suerte de reencuentro afectivo e intelectual con un elenco de artistas memorables, de un refinamiento visual y una sensibilidad humana irrepetibles.
-Es poco lo que puede rescatarse de la retrospectiva de Martín Arregui en el Centro Cultural MEC, con el montaje descuidado de costumbre. Dependiente de Carlos González en las xilografías (con algún aislado punto alto de raíz expresionista como Lobizón), Molina Campos, Jorge Páez y Antonio Seguí, siguiendo de cerca técnica y composición del cordobés radicado en París, sin recoger la poética de Angel Damián, uno de sus maestros, la inquieta y multifacética personalidad de Arregui, de muerte joven, no consiguió ir más allá de una epidérmica, minuciosa expresividad narrativa, de un decorativismo en el gobelino y batik y de una mera habilidad artesanal en el grabado. Le faltó reposo y tiempo para asumir mayores compromisos con la imaginación. *
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