NO ES POSIBLE ESPERAR 30 AÑOS MAS

Relevarán áreas críticas para crear plan nacional contra inundaciones

Ante tal situación y en vista de que los pronósticos meteorológicos aseguran que tendremos un invierno corto pero con intensas lluvias LA REPUBLICA consultó al director de Hidrografía, Edi Juri, acerca de si el MTOP podría tomar acciones que ayudaran a contener las graves consecuencias que esto puede significar.

En tal sentido, el funcionario dijo que la fisonomía del mapa hídrico del país es muy diversa, por lo que no puede aplicarse una misma estrategia en todas las zonas fácilmente inundables. A nivel estatal existen algunos relevamientos de áreas críticas, o sea de terrenos cercanos a cauces de agua que suelen desbordarse y causar serios daños a poblaciones cercanas (que generalmente suelen ser de bajos recursos), pero estos son insuficientes para establecer políticas de contención de los cauces.

Por ello la División de Hidrografía tiene previsto intensificar ese relevamiento para ordenar las características y los niveles de riesgo de cada área, con la intención de crear un Plan General Integral, que a su vez sirva también para los proyectos de desarrollo productivo del país. Entre las medidas que debería contener ese Plan se encuentran la señalización de zonas como inhabilitadas para viviendas o industrias, lo que supondría el traslado de esas poblaciones a zonas más altas.

 

Rocha, un caso especial

Entre las diferentes situaciones resaltadas por Juri se encuentra el departamento de Rocha, eso como consecuencia de que la gran extensión de bañados transforman a casi todo su territorio en zona proclive a inundarse.

Del estudio particular de esta área desde diversos puntos de vista, que incluyen a varios organismos públicos y ministerios, surgió el Plan de Regulación del Sistema Hídrico de Rocha.

El proyecto global supone una inversión de 10 millones de dólares, con el objetivo de devolver el cauce del Cebollatí y sus afluentes a sus desembocaduras naturales en la Laguna Merín. La aplicación del plan depende de su aprobación dentro de la Ley de Presupuesto que se estudiará en el Parlamento desde los primeros días de julio.

«Si se aprueba, todo está listo para comenzar las obras en los primeros meses del año próximo. La primera etapa insumiría alrededor de tres millones de dólares, y prevemos que la obra total podría estar culminada dentro del quinquenio», explicó el jerarca.

Gran parte de las tareas tienen relación con la anulación progresiva del canal Andreoni, que esta semana sufrió roturas importantes por las intensas lluvias, pero que por sobre todo es responsable de desequilibrios en el ecosistema de los bañados arachanes, así como de la contaminación del balneario La Coronilla.

El plan regulador pretende con obras menores reducir distintos tramos del Canal Andreoni, en especial el número dos, para llevar su dimensión actual a una similar a la original. «Hoy tiene más de 80 kilómetros y prácticamente llega al Cebollatí. Con las obras podríamos hacerlo llegar a unos 15 kilómetros. Al tiempo que le devolveríamos al curso de agua su desembocadura natural, lo que tendría consecuencias muy favorables para el entorno», subrayó Juri.

 

Treinta años dejando correr el agua

El canal Andreoni fue construido durante el período dictatorial, con el fin de secar los bañados para transformarlos en tierras aptas para la ganadería. La utilización de técnicas inadecuadas para las características hidrográficas de la zona provocó que el cauce del arroyo se desviara y desde entonces se desperdicien miles de litros de agua dulce que terminan desembocando en el Océano Atlántico.

A esta inoportuna intervención del ambiente se suma una importante cantidad de obras realizadas por particulares, como ser diques y canales, que también persiguen el objetivo de beneficiar a sus constructores con más tierras «útiles», pero que de acuerdo a la apreciación de Juri «provocan gran desorden».

De acuerdo con lo indicado por el funcionario de MTOP, el gobierno tiene las potestades necesarias para intervenir en esas construcciones privadas, pero hasta el momento «ha habido una gran inacción, se ha hablado mucho y no se ha hecho nada. Lo cierto es que no podemos esperar treinta años más». *

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