ARTE

Jóvenes uruguayos al ataque

Luego del Premio Paul Cézanne 2004, esa magnífica fiesta que fue la (memorable) inauguración, en simultaneidad con el excelente Proyecto Cono Sur- FRAC y la presencia del Bernard Goy, un crítico inteligente, en el Museo Nacional de Artes Visuales, la actividad artística nacional adquirió un toque de actualidad que tanto necesitaba y no se producía hacía tiempo. Las dos muestras produjeron el efecto de la revelación, al recorrer senderos inéditos que excluyen la grandilocuencia, la manipulación ideológica, la frivolidad mercantil o las habilidades tecnológicas. Una nueva manera de entender el acto creador, distanciado de los estereotipos pictóricos o escultóricos consagrados por la modernidad que todavía se prolongan, acunados por vastos sectores de público y crítica locales indiferentes a ese talento que rompe los ojos cuando no se lo ha empotrado previamente en el duro molde de la publicidad y el estrellato. Una generación, la del tercer milenio, postula una incorrección estética que obliga a repensar la obra de arte.

 

Alejandro Turell en Dodecá

El martes, a las 19.00, en el Centro Cultural Dodecá, Alejandro Turell exhibirá Trofós que, de acuerdo a una solicitud de LA REPUBLICA, explicó sus características: «Desde hace ya tiempo en mi obra intento presentar inquietudes que parten de la interacción de contenidos en el campo arte/ciencia. Llevo adelante este abordaje a través de distintos lenguajes. En esta muestra titulada Trofós realizo pequeñas intervenciones en objetos y en el espacio. Surgen así, aguafuertes e imágenes que se disuelven y transfieren en otros soportes.

El término trofós (del griego, que nutre, educa, eleva) lleva implícitas dos íntimas vertientes conceptuales: la que trata de lo nutricio, alimenticio y las acepciones de enseñar, elevar. Estos tópicos, in-extenso tratados por la ciencia, posibilitan en el contexto del arte establecer analogías, nuevos laberintos y permiten situarnos en relación a como nos posicionamos frente a la cantidad de información visual a la que nos vemos expuestos. Consumimos  pareciera imposibilitados de su procesamiento- cantidades de imágenes complejas cargadas de información en mínimos espacios de tiempo. ¿Nos alimentan?, ¿Nos nutren?, ¿Nos enseñan?, ¿De qué manera interactuamos en estos ecosistemas? Posibles cuestionamientos, intentando digerir, obtener energías de la red en la que estamos inmersos».

Montevideano del 75, Alejandro Turell pertenece a la generación del tercer milenio, estudió en los talleres de Javier Nieva (escultura y dibujo), Clever Lara (pintura y dibujo) y en el IE NBA, además de cursar Facultad de Odontología hasta cuarto año que luego le sería útil en la concepción de sus trabajos. Viajero por casi toda América (volvió, hace poco de Estados Unidos luego de participar en una muestra colectiva en Los Angeles), saltó a la consideración de los jurados en sus envíos a los salones nacionales de 2001 (segundo premio) y 2002 (primer premio), del Concurso Unión Latina para Jóvenes Talentos y el Premio Paul Cézanne 2004 (tercer premio). Ahora realiza su primera unipersonal en el Centro Cultural Dodecá, San Nicolás 1306, el martes a las 19.00.

 

Julio Alpuy en Galería Oscar Prato

La galería Oscar Prato de la calle Paraná y Ciudadela, inaugurada con una espléndida muestra de Francisco Matto hace dos años, luego de un interregno en sus exposiciones temporarias, vuelve el jueves, a las 19.30 horas, a hospedar en sus hermosas salas, obras fechadas entre los años 60 y 70 (maderas) y acuarelas realizadas entre 1940 y 1960 de Julio Uruguay Alpuy. Tacuaremboense, nacido en 1919, Alpuy se inició en 1940 estudios en el Taller Torres García y aprovechó a realizar viajes similares a los de sus compañeros por algunos países sudamericanos, Europa y el Cercano Oriente. Por un tiempo ejerció la docencia en el TTG, pero a partir de 1957 se desplazó a Chile, Colombia, Alemania, Francia, Venezuela, obtuvo una beca en Nueva York, donde se radicó a partir de 1981. Mosaiquista y grabador (una modalidad que explotó con acierto), artesano múltiple y muralista (dejó un buen ejemplo, entre otros, en el hall de entrada de la Embajada de Uruguay en Buenos Aires de Las Heras y Ayacucho, edificio del arquitecto Payssé Reyes, también colaboró con el arquitecto Leborgne), Alpuy partió de la naturaleza hasta llegar al símbolo, siguiendo el espíritu griego arcaico y dejando de lado el interés por el arte precolombino que nunca le trajo como a sus compañeros del taller. La mitología helénica aunada a un primitivismo orgánico y vital, asociado a los ritos permanentes de la actividad humana, constituirá el sello distintivo de sus trabajos, atravesados por una frescura del trazo y del color que se adecuan a la deliciosa evocación de los jardines adánicos (el hombre, la mujer), regulados por la sección áurea y la geometrización formal, en un delicado equilibrio plástico. Hace tres años hizo una retrospectiva en el Centro Municipal de Exposiciones. Dos catálogos, con excelentes reproducciones y un texto de Wilfredo Penco, complementan la muestra.

 

Colectiva en Marteupmarket

El sábado, al mediodía, esa costumbre adoptada en los reductos de Ciudad Vieja, la Galería Marteupmarket, Colón 1468, inaugurará una muestra colectiva integrada por Javier Abreu, Pablo Bielli, Felipe Secco y Santiago Tavella.

 

Ciclo Pierre Coulibeuf

Aunque es un realizador inédito en Uruguay, los medios se empecinan en ignorarlo. El portentoso talento innovador de Pierre Coulibeuf, el demonio del pasaje, sigue su ciclo en el Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó, sábado y domingo a las 16.00 horas. En la quinta sesión del próximo fin de semana se proyectará Michel Butor móvil, un intento de reconstrucción de una visita a la casa del famoso escritor francés, nacido en 1926, cabeza de fila de la Nueva Novela, celebrado por su libro La modificación, Premio Renaudot en 1957. El montaje del filme, transferido a dvd, sugiere dimensiones virtuales en la obra de Butor y prolonga su universo mental en dimensiones desconocidas, donde predomina una subjetividad plural y polifónica, según Coulibeuf.

 

Martín Sastre en Venecia

La 51 º Bienal de Venecia, a inaugurarse el viernes 10 de junio, ampliamente registrada en estas páginas (25. 4. 05), con una información veraz y fidedigna, sigue provocando, en ausencia de cualquier comunicado oficial, deliciosas transgresiones a la verdad, seguramente provenientes de fuentes interesadas y oficiosas. El semanario Brecha publicó que la bienal véneta fue fundada en 1865, en vez de 1895, (error disculpable al teclear, una simple inversión numérica especular), que Daniel Masi y no Diego Masi es uno de los montajistas de una comisión instituida por los ministerios de Relaciones Exteriores y de Educación y Cultura cuando fue inducida por las propias curadoras/comisarias Olga Larnaudie / Alicia Haber, constituida en la cancillería primero, luego comunicada a Cultura, sin consultar a la Comisión Nacional de Artes Visuales, todavía en funcionamiento. Amicus Plato, sed magis amicas veritas. Se invitó a Lacy Duarte, una artista que presentará una instalación denominada Territorio-territorios, sobre la cual se informó en anterior oportunidad. Los argentinos, para difundir la representación nacional a la Biennale (Jorge Macchi y la curadora Adriana Rosenberg), procedieron de manera diferente: invitaron a una conferencia de prensa en la cancillería de su país, que hicieron extensiva a quien escribe esta nota, para mejor transparencia y democratización de la noticia.

Aunque no es un envío oficial, debería tener el apoyo institucional del gobierno el video Diana en Uruguay que Martín Sastre presentará en la Grande Scuola di San Teodoro, Rialto-Venecia, a las 20.00 horas del jueves. Está auspiciado por la galería de Milán ab.Origena, curadoría de Nina Vagic y cuenta con el respaldo del museo español MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León) y el uruguayo MNAV. Diana en Uruguay, según explica el veinteañero cineasta Sastre (premio en ARCO, único representante uruguayo a la última Bienal de San Pablo), «es el final de la historia que siempre se quiso escuchar: Diana de Gales no muere en París sino que está escondida en el barrio 40 semanas de Montevideo desde su accidente siete años atrás, un hecho descubierto por Victoria Rodríguez, periodista del programa Bien despiertos. La noticia se propaga por el mundo y la princesa declara «Estoy bien, déjenme en Uruguay», un país que arrastra la leyenda negra de ser escondite de nazis y prófugos, pero esta vez es centro de operaciones de una organización milenaria llamada Las chicas buenas, una cofradía secreta femenina que rescata a Diana en la noche del accidente en París y la trae a Uruguay hasta que la fuerza se equilibre en favor de las chicas nuevamente. Durante los noventa, la balanza por el control de la realidad parecía estar a favor de las mujeres, con iconos mucho más fuertes y vivaces que los hombres, el lado femenino de la fuerza parecía ganar el poder (Madonna, Hillary Clinton, The Spice Girls, Lorena Bobitt, Monica Lewinsky, Teresa de Calcuta) y parecía un plan para dejar a sus pares masculinos en ridículo. Es lo que hizo Diana al dejar al príncipe Carlos por el rico heredero musulmán. Pero luego del accidente de Diana y Dodi en el túnel de Alma en París, el 31 de agosto de 1997, la balanza se vuelve a desequilibrar pero para el lado masculino de la fuerza, el de Condoleezza Rice. Desde los romances a los cuentos de hadas, de la prensa rosa a las películas de Walt Disney o la Guerra de las Galaxias, las princesas han sido objeto y protagonistas de las historias más fantásticas de la humanidad y la de Diana en Uruguay se basa en una de las figuras más populares del siglo XX, pero también en la persona mediática más influyente de su tiempo que convirtió su frívola imagen pública en un poderoso instrumento transformador».

Esa trepidante ficción, corrosiva y sarcástica, ya la había experimentado Martín Sastre con Jacqueline Kennedy paseando por Montevideo en auto y terminando en la escollera Sarandí o la apropiación de artistas como Mattew Barney presentada en la Bienal de San Pablo, una de las partes de su Trilogía Americana, conocida en su integridad en el Museo Nacional de Artes Visuales. *

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