No hubo comedia, Molière no acudió a la cita
El Tinglado, con su escenario calamitoso y sus luces imposibles, parecía un teatro de aficionados; ahora ha cedido su lugar a una réplica del teatro del Movie Center. Magnífica ambientación de Nelson Mancebo, con unas telas graves que caen con gracia, vestuario de un gusto impecable, también de Mancebo, iluminación a giorno de Hugo Blandamuro, buenos actores y un mejor director, Daniel Videla. Alegría para la vista; la acción es fluida; Molière aparece, apenas, en algunas alusiones. «Las preciosas ridículas» ha hecho impacto; pero ha hecho impacto en un público envilecido por el chiste incongruente y la risa fácil. Como escribió José Pablo Feinmann en la contratapa de LA REPUBLICA del 1o. de junio, «Los cómicos de las revistas lo saben: cuando se te acaben los chistes… decite una puteada: la platea reirá, ya están condicionados para eso como lo estaban los perritos de Pavlov…». El adaptador de la pieza no recurrió a la puteada; sí, y con mucha efectividad, a la incongruencia y en especial al anacronismo. Graves personajes con pelucas blancas y calzas hablan, de pronto, nuestro lenguaje coloquial; mencionan a Omar Gutiérrez y a Cacho de la Cruz como pretendientes imposibles; la zoncera hace reír. La mucama, que cita a Mujica para decir «Como te digo una cosa te digo la otra», tiene a su cargo, al final, el mejor chiste: mientras barre el piso, sumisa, tararea «La Marsellesa», cuyo contenido libertario desconoce. Remata dirigiéndose al público en otro tono muy distinto, con el «Â¡Festejen, festejen!» de Tabaré Vázquez. Sigue una ovación.
Molière no tuvo la necesaria revisión y reexamen, la necesaria justificación de su reestreno: la única «novedad» fue interpretar a las preciosas ridículas con hombres.
La adaptación se limitó a coser chistes en la gastada levita; bromas pesadas como la infalible torta de crema en la cara de un hombre serio o el no menos infalible puntapié en el trasero de un hombre vestido de frac.
La crítica de cine, ¿acaso no ha encontrado un genio en un payaso? Los chistes brillan, el lujo resplandece, las luces encandilan, la música envuelve: todo es superficial. La consigna fue que si el público ha reído, la «comedia» es buena. Pero no hubo comedia; Molière no acudió a la cita. *
LAS PRECIOSAS RIDICULAS, de Molière, con Cristina Morán, Juan Sebastián, Nicolás Becerra, Alejandro Martínez, Gonzalo dos Santos y Jorge Pereyra. Vestuario y ambientación de Nelson Mancebo, música de Fernando Condon, iluminación de Hugo Blandamuro, dirección de Daniel Videla. En Teatro El Tinglado.
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