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Calígula: una novela sobre el perverso emperador romano

Basta ensayar un minucioso examen de la historia para confirmar que el autoritarismo y sus mentores, son realmente los responsables de los tiempos más violentos y despiadados.

En «Calígula: una novela sobre el perverso emperador romano», los investigadores franceses Paul Jean Francheschini y Pierre Lunel construyen un descarnado retrato de la turbulenta Roma imperial del año 37 D.C., que revela los aspectos más grotescos de una sociedad signada por la violencia, la depravación y los excesos.

Para los historiadores y los cientistas sociales, la personalidad de Calígula constituye aún hoy un fascinante objeto de estudio, por representar las peores cualidades del imperio que gobernó el mundo de la antigüedad. Esta figura grotesca también ha sido puesta bajo la lupa de siquiatras y sicólogos, por sus conductas de rasgos esquizofrénicos y sus delirios de grandeza.

En este voluminoso libro, los autores ensayan una radiografía del emperador y su época, que discurre por los territorios de la investigación, el testimonio y la novela histórica. Aunque la mayoría de los acontecimientos que se narran son reales, los creadores incorporan elementos de ficción que enriquecen la obra.

Esta historia, de alguien que marcó a la Roma imperial y quedó impreso en la memoria colectiva como uno de los peores tiranos de toda la historia, transcurre entre mayo del año 36 DC y enero del año 41 DC.

Los novelistas inician su relato en el año 36 DC, cuando aún gobernaba el emperador Tiberio, quien permanecía en voluntaria reclusión en Capri, anciano, enfermo y casi demente, generando un visible vacío de poder que inquietaba a sus súbditos.

Lejos estaban sus tiempos más gloriosos y su distancia de Roma a menudo lo transformaba en una suerte de personaje marginal, ya que los asuntos de Estado del imperio estaban bajo la responsabilidad de militares o políticos de su confianza.

Los autores trasmiten al lector toda la angustia del emperador que asume que le queda poco tiempo de vida y está obsesionado con la sucesión de su corona, que le correspondería a su hijo adoptivo Cayo César Germánico (Calígula).

Sin embargo, los excesos de éste y algunas misteriosas muertes, le colman de dudas respecto a la idoneidad del joven, para asumir la más alta investidura de la principal potencia de la época.

La inquietud se traslada a sus súbitos, quienes se preguntan -no sin razón- qué sucederá si este hombre inmaduro de vida licenciosa y amante de las peores perversidades, llega a ostentar todo el poder.

Aunque Calígula era descendiente directo del dictador Cayo Julio César, era realmente un sobreviviente de una despiadada lucha fratricida, plena de intrigas políticas, asesinatos y aberrantes crímenes.

Como si se tratara de una tragedia teatral digna de Sófocles o Shakespeare, los autores van armando pacientemente el tinglado de la historia, donde abundan los personajes y los intrigantes: un austero militar que goza de la confianza de Tiberio, un augur que pronostica un futuro terrible, un empresario que compra esclavos para que se despedacen hasta morir en las arenas del circo, el príncipe Agripa y la seductora Salomé, entre muchos otros.

Sin embargo, los historiadores enfatizan más los rasgos de la familia imperial -constituida en su mayoría por mujeres-, recurrentemente devorada por el fuego del odio y la sed de venganza, por oscuros acontecimientos que ocurrieron en el pasado.

Paul Jean Francheschini y Pierre Lunel ensayan una minuciosa descripción del paradisíaco refugio imperial de Capri, como auténtico emporio del ocio de una sociedad aristocrática cada vez más aislada y decadente, consagrada a los excesos en las pantagruélicas comilonas, las orgías sexuales y las prácticas de perversión, con participación incluso de niños.

Aún antes de ser ungido imperador, Calígula era protagonista de esos desenfrenados festines, aunque su pasión por el teatro lo transformaba en un personaje diferente. Sin embargo, las frecuentes representaciones que organizaba solían incluir toda suerte de aberraciones.

Hasta la muerte de Tiberio, asesinado durante el desarrollo de una conjura planeada por el propio heredero al trono, el paisaje del relato está gobernado por la violencia.

Aportando abundantes apuntes históricos, los investigadores describen la asunción de Calígula al trono como todo un acontecimiento político, ya que la mayoría de los romanos odiaban al autoritario Tiberio.

Sus primeras medidas de gobierno, que prometían el pan y circo al cual eran tan afectos los oriundos de la Ciudad Eterna, iniciaron un efímero «romance» entre el emperador y sus gobernados.

La obra  que retrata los claros y oscuros del personaje- reconstruye los frecuentes conflictos con el senado romano, cuya voluntad el joven monarca solía ignorar. El inmediato e inconsulto indulto a numerosos presos políticos opositores a Tiberio, es un buen ejemplo de la tendencia de Calígula a trasgredir las reglas institucionales de la Roma antigua.

Las honras fúnebres del emperador muerto constituyen también un crudo retrato de la hipocresía de la época. Fue una suerte de obra teatral con personajes reales, que el sanguinario dictador llevó hasta los límites de lo intolerable, paseando el cadáver de su padre adoptivo por las calles de Roma durante varios días, hasta que el proceso de descomposición fue realmente insoportable.

La novela exhibe -desde el principio del relato- los rasgos esquizofrénicos del nuevo emperador, a quien sólo le obsesionaba el pleno goce del ocio, la comida y las grotescas parodias teatrales. Sin embargo, la gran pasión de su vida fue su hermana Drusila, con quien mantuvo una trágica relación incestuosa desde los años de la adolescencia.

Los autores transitan a través de los tortuosos laberintos de una corte corrupta, aduladora y frívola, donde cotidianamente se cocinaban implacables luchas por el poder y las intrigas palaciegas de una familia cuyos integrantes sólo deseaban destruirse mutuamente.

La narración alterna la historia de este decadente emperador romano con explícitas escenas de depravación, orgías con participación de musculosos esclavos, violaciones colectivas y hasta actos de zoofilia.

La historia se desarrolla en varios escenarios: la Roma soberbia, poderosa y altanera, el Israel sometido al autoritarismo del imperio con sus luchas por el poder, tras el calvario, la crucifixión y el martirologio de Jesucristo, Rodas y hasta Chipre.

Paralelamente, se describe el paulatino nacimiento de una nueva corriente religiosa destinada a transformarse, con el tiempo, en la depositaria de la fe de Occidente.

En tal sentido, ambos investigadores construyen una visión crítica -que podrá ser o no compartida- sobre la actitud de los judíos, a los que acusan soterradamente de deicidas, por haber repudiado al profeta que murió en la cruz luego de ser denunciado.

A medida que avanza el relato, la novela se concentra más en el personaje protagónico y menos en la peripecia histórica, lo que corrobora el propósito de los autores -que son dos reconocidos especialistas en la Roma imperial- en reconstruir la turbulenta aventura existencial de este demente que fue el hombre más poderoso de su época.

Sin embargo, la virtud de la obra es que humaniza a su personaje, describiéndolo como un hombre perverso pero también afectivamente vulnerable, que cuando murió su amada hermana, comenzó a derrumbarse inexorablemente.

Los investigadores trabajan la psicología de Calígula sin concesiones, confirmando que este asesino inepto para ocupar el trono de la gran potencia fue -realmente- producto de una época con valores subvertidos y de una sociedad soberbia y deliran
te.

Paul Jean Francheschini y Pierre Lunel conciben a esta novela como una auténtica tragedia griega, en la que el odio es una fuerza más poderosa y devastadora que las propias espadas.

Más allá de los apuntes de ficción, este extenso relato corrobora que la historia es la más contundente representación de la comedia humana. Calígula fue un fiel intérprete de este aserto, al representar la tragedia cotidiana con una estética siempre teatral.

Este libro, que no es de fácil lectura por la abundancia de personajes y referencias históricas, está narrado obviamente con el formato literario de una novela.

Sin embargo, los autores imprimen a la obra un sesgo claramente testimonial, para reconstruir uno de los tiempos más violentos de la humanidad, a través de un personaje tiránico, demente y de costumbres disolutas.

El relato es también un contundente retrato del poder en su versión más grotesca, que no emite juicios definitivos de valor, reservando al lector la potestad de la condena o la absolución.

 

(Ediciones B)

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