Galeano: Roa Bastos es irremplazable
«Roa Bastos expresó, como ningún otro escritor, la tensión entre dos lenguas y dos culturas, la española y la guaraní, que forman la identidad del Paraguay», afirmó el autor de Las venas abiertas de América Latina. «Su obra fue una aventura dolorosa, quizás imposible, en busca de una síntesis de ese desgarramiento», añadió el escritor uruguayo.
Roa Bastos, Premio Cervantes 1989 y autor de Yo, el Supremo, considerada una de las obras cumbre de la literatura latinoamericana, falleció el martes de un paro cardíaco en un hospital de Asunción, tras una delicada operación quirúrgica.
Por otra parte, con el deceso de Roa Bastos resurge un debate entre el escritor paraguayo y el argentino – belga Julio Cortázar sobre el sufrimiento del exilio,
Durante su destierro en Francia, Roa mantuvo una ardua polémica con Cortázar sobre el sufrimiento del «exilio» y el «compromiso del intelectual en el sentido sartreano». Algunos testigos de aquella época exhibieron ayer en París las pruebas de ese histórico debate y de otras pasiones existenciales que agitaron al autor de Yo, el supremo durante los veinte años que vivió en Francia. La muerte sorprendió a Cortázar en 1984 sin que hubieran podido saldar el debate: «Julio murió sin comprender mi posición», reconoció Roa Bastos en una entrevista que concedió hace unos años. «Cortázar pensaba que yo tenía que ir a Paraguay a reactualizar mi visión del país para poder escribir. Yo le decía que no necesitaba eso para escribir sino para reactualizarme ontológicamente, porque en cuarenta años de exilio he sido un ser que ha tenido un deterioro inmenso, mucho más que el país».
Roa Bastos, que no se consideraba «un escritor comprometido», vivió en Francia entre 1976 y 1985, enseñando guaraní y literatura hispanoamericana en la Universidad de Toulouse-Le Mirail (sur) y esa experiencia lo transformó en «un latinoamericano esencial». «No hay que olvidar el aspecto de luchador político de Augusto Roa Bastos. Estuvo en el exilio desde 1947 a 1996, e intentó regresar varias veces en la época de Stroessner, pero lo expulsaron», recordó su amigo Gabriel Saad, crítico y profesor universitario franco-uruguayo, traductor de Lautreamont. Roa Bastos vivía en 1976 como exiliado político en Buenos Aires, ciudad a la que consideraba como su segunda patria. Sin embargo la dictadura argentina le obligó a salir y viajó a Francia, donde el profesor Jean Andreu le ayudó a ingresar a la Universidad de Toulouse. Tras instalarse en este país se casó con Iris Giménez, con quien tuvo tres hijos. «Yo tuve que hacer toda una recomposición al salir. Y yo tuve treinta años de exilio muy duros», declaró el novelista. *
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