EL INTELECTUAL PARAGUAYO, PREMIO CERVANTES 1989, MURIO AYER A LOS 88 AÑOS DE EDAD

Roa Bastos: un escritor en la historia

Roa Bastos vivió en el exilio más de cuarenta años, hasta la caída del dictador paraguayo Alfredo Stroessner (1954-89). Si bien éste le permitió ingresar de visita en tres ocasiones, en la última de ellas, en 1982, fue expulsado. En España obtuvo el Premio Cervantes por Yo el Supremo, considerada por la crítica como una de las obras literarias más importantes de América Latina. En ella retrata la vida del ex dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó con mano dura durante 25 años luego de que los paraguayos se declararan independientes en 1811. Para los lectores, el retrato de Rodríguez de Francia era tácitamente el de Stroessner. Por ello la novela estuvo prohibida muchos años en Paraguay. A diferencia de Stroessner -un violador de los derechos humanos que vive desde hace años en Brasilia- Rodríguez de Francia es señalado como uno de los próceres de Paraguay. Además de haber sido uno de los cerebros de la gesta de la independencia contra el colonialismo español, se le atribuye haber consolidado la existencia de Paraguay defendiendo su soberanía respecto de los países vecinos.

Augusto Roas Bastos es uno de los grandes narradores latinoamericanos contemporáneos. Fue testigo de la revolución de 1928, trabajó como voluntario en el servicio de enfermería durante la etapa final de la guerra del Chaco (1932-1935) contra Bolivia, y, sin afiliarse a partido alguno, fue poniéndose al lado de las clases más oprimidas de su país. En 1947 tuvo que abandonar Asunción, amenazado por la represión que el gobierno desataba contra los derrotados en un intento de golpe de Estado, y se estableció en Buenos Aires, donde sobrevivió con trabajos muy diversos y dio a conocer buena parte de su obra.

Otra dictadura lo obligó en 1976 a abandonar Argentina para trasladarse a Francia y enseñar literatura y guaraní en la Universidad de Toulouse le Mirail.

En 1982, tras un breve viaje a su país, fue privado de la ciudadanía paraguaya, y se le concedió la española en 1983. En 1989 obtuvo el Premio Cervantes. El estreno de su pieza teatral La carcajada, en 1930, señala el comienzo de su carrera literaria. Sólo o en colaboración, luego escribió otras piezas, como La residenta y El niño del rocío, fechadas en 1942, o Mientras llegue el día, estrenada en 1946, a la vez que trabajaba como administrativo de banca o como periodista para el diario El País, de Asunción del Paraguay, tarea que le facilitó sus primeros viajes a Europa. En 1937 tenía escrita la novela Fulgencio Miranda, nunca publicada, y en 1942 apareció El ruiseñor de la aurora y otros poemas.

En 1944 Roa Bastos formó parte del grupo Vy’a Raity (El nido de la alegría), decisivo para la renovación de la poesía y la plástica en Paraguay.

Con esos antecedentes llegó a Buenos Aires, donde dio a conocer un nuevo poemario en 1960, El naranjal ardiente (Nocturno paraguayo), pero sobre todo consolidó su condición de narrador con los relatos El trueno entre las hojas (1953) y El baldío (1966), que se acercaron a los problemas sociales y políticos de su país, y con sus novelas Hijo de hombre (1960) y Yo el Supremo (1974), que le permitieron el análisis de episodios decisivos de la historia paraguaya, desde la dictadura inicial de José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840), de quien se ocupó en la segunda, hasta la guerra del Chaco y los tiempos más recientes.

Diversas colecciones de relatos conocidos y nuevos completan la producción de Roa Bastos: Los pies sobre el agua (1967), Madera quemada (1967), Moriencia (1969), Cuerpo presente y otros cuentos (1971), Antología personal (1980), Contar un cuento y otros relatos (1984). También ha dado a conocer una nueva pieza teatral, Yo el Supremo (1985), que aprovecha un episodio de la novela del mismo título.

Desde los artículos reunidos en La Inglaterra que yo vi (1946), fruto de su primer viaje a Europa, son numerosos los ensayos que ha publicado. También ha escrito varios guiones cinematográficos.

En 1992, con ocasión del Quinto Centenario de la llegada de los españoles a este continente que después se llamaría América, dio a conocer Vigilia del almirante, novela sobre Cristóbal Colón, iniciando un nuevo período de gran creatividad que ya ha dado las novelas El fiscal (1993), Contravida (1994) y Madama Sui (1996). Con ellas Roa Bastos ha insistido en la recreación de momentos y personajes de la historia de su país, enriquecidos a veces con ingredientes autobiográficos y, como ya había hecho en obras anteriores, referencias complejas a la condición del propio discurso narrativo. *

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