ARTE

Todo sobre la 51ª Bienal de Venecia

Fundada en 1895, la Biennale estará a cargo por primera vez de dos mujeres, españolas además. María del Corral (nació en 1940, en su extenso currículo figura haber dirigido el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía) y Rosa Martínez (1955, responsable de las bienales de Estambul, Santa Fe en EEUU y co-curadora de la reciente de Moscú) contaron con apenas cinco meses para reflexionar y seleccionar temas y artistas, una circunstancia nada común. La responsabilidad fue muy grande pero ambas, a pesar de otros compromisos ya asumidos, aceptaron el desafío. Si los resultados no llegan a ser satisfactorios siempre tendrán el atenuante o la justificación del poco tiempo que tuvieron para una labor demasiado compleja. De cualquier manera, una hilacha de soberbia, deslizaron en algunas declaraciones: no quieren dar la imagen de un supermercado de arte como las anteriores (en especial las dos de Harald Szeemann y la última de Francesco Bonami), limitando, con evidente exageración, los seleccionados a 88 nombres (cuando en general trepan a 300) y agregando, como gran novedad, que «harán una bienal de arte y de artistas» (textual), nada menos. Quizá esas declaraciones contengan un deliberado talante provocativo o sean, simplemente, apreciaciones superficiales. Al leer esas declaraciones y verificar luego la lista de elegidos, la expectativa que podría presentar la 51ª Biennale queda, desde el vamos, muy debilitada. Quizá el dúo español pueda sortear los riesgos temporales acotados aceptados y que las restricciones autoimpuestas en el número de artistas adquiera sentido e impulse una manera diferente de pergeñar un encuentro internacional.

La Biennale estará dividida en dos grandes sectores. María del Corral propondrá, desde el Pabellón Italia, es decir, el núcleo central más importante en los Giardini, donde se encuentran los pabellones nacionales, lo que llamó La experiencia del arte, desarrollando diversos temas de actualidad: el cuerpo, la violencia, el dominio, como también las preocupaciones surgidas luego del 11-S, el 11-M y del tsunami.

Rosa Martínez se concentra en la parte del Arsenal con Siempre un poco más lejos, inspirada en uno de los libros de Corto Maltés, prototipo del viajero romántico, dibujado por el argentino Hugo Pratt, en un intento de revisar las líneas principales del arte en el tercer milenio.

Entre los nombres elegidos figuran dos venerables damas, Louise Bourgeois, nacida en París, 1911, vive en EEUU y Agnes Martín, canadiense (1912   2004), ciudadana estadounidense, una enorme pintora poco divulgada en ciertos medios pero muy conocida en otros y que María del Corral realizó una muestra importante en Madrid, en 1994. Curiosamente, en un enfoque de arte contemporáneo, figuran siete fallecidos, además de Agnes Martin: el español Juan Muñoz (1953- 2001), el irlandés Francis Bacon (1909- 1992), el escritor del mismo origen Samuel Beckett (1906   1989), una incógnita a despejar, el canadiense Philip Guston (1913  1980), el australiano Leight Bowery (1961   1994) y el turco Semiha Berksoy (1910-2004). Los más privilegiados continúan a ser los nativos del primer mundo frecuentes en otras bienales (el arquitecto Rem Koolhaas, la libanesa residente en Londres, Mona Hatoum, la japonesa Mariko Mori, Ghada Amer, egipcia de variada residencia, el dinamarqués Olafur Eliasson, los estadounidenses Dan Graham y Jimmy Durham, el polaco Miroslav Balka, el canadiense Stan Douglas, los alemanes Thomas Ruff y Thomas Schütte), con algunas concesiones a latinoamericanos muy conocidos (los brasileños Laura Belém, Rivane Neuenschwander, Valeska Soares, José Damasceno, Cildo Meireles, algunos cubanos siempre participativos, el arquitecto Carlos Garaicoa, Tania Bruguera, Diango Hernández que vive en Italia ), varios sudafricanos, un par de argentinos (Leandro Erlich, Jorge Macchi, también representante por su país en sala separada, Sergio Vega, revelación en Lyon, vive hace tiempo en EE.UU.). La mayoría provienen de Alemania, escasos italianos y, desde luego, se aprovecha la oportunidad para incluir a nueve españoles: Santiago Sierra, Pilar Albarracín, Cristina García Rodero, Perejaume, José Hernández Pijuan, Antoni Tapies, Juan Uslé, Maider López, además del mencionado Juan Muñoz.

Lo intesante radica en la presentación de las inglesas Rachel Whiteread y Tacita Dean (estuvo en la última bienal), el sudafricano William Kentridge, las míticas Guerrilla Girls y alguna sorpresa que pueden deparar los más jóvenes, aunque no son demasiados.

Entre los seleccionados nacionales, los de España (Antoni Muntadas), Estados Unidos (Ed Ruscha), Portugal (Helena Almeida), Gran Bretaña (Gilbert & George), Francia (Annette Messager), constituyen apuestas fuertes en personalidades de gran prestigio internacional que, naturalmente, aspiran a figurar entre los posibles candidatos a la premiación. El Instituto Italo-Latinoamericano, con antecedentes poco recordables, agrupa a numerosos países entre los cuales cabe resaltar a Cuba, con el grupo Los Carpinteros, a Paraguay con Mónica González y Chile con Gonzalo Díaz, confinados en el Palacio Franchetti.

En torno a la Biennale surgen exposiciones colaterales. Además del Arsenal Nuevísimo, están los espacios de la Fundación Querini Stampalia, la Fundación Giorgio Cini, el Palacio Fortuny, la Biblioteca Nacional Marcian, con 40 dibujos y pinturas de Modigliani, el Palacio Pesaro, el Palacio de las Prisiones, entre otros 30 lugares para ver. La entrada a la Biennale costará 15 euros, 12 euros para estudiantes y grupos de 10 personas, 10 euros.

 

China con pabellón propio

La novedad en la 51ª Bienal de Venecia es que luego de 110 años de existencia, se crea el pabellón oficial chino. Organizada y financiada por el gobierno de la República Popular de China el acontecimiento rubrica un cambio económico, político y cultural extraordinarios. La curadoría pertenece al artista Cai-Guo Qiang, muy apreciado en la bienal de Lyon y menos en la última de San Pablo. El pabellón constará de dos espacios, uno interior y otro exterior en el Arsenal y al adyacente Jardin Virgen, consistiendo una propuesta de modelo innovador para futuros pabellones, realizada por tradicionales artesanos del bambú, con instalaciones de video, luz y escultura pertenecientes a varios artistas.

 

Uruguay también

Desde 1961, a instancias de José María Podestá, agregado cultural uruguayo en Roma, el Uruguay posee pabellón propio, en una suerte de comodato. Desde entonces, la Comisión Nacional de Artes Visuales, dependiente del Ministerio de Educación y Cultura, estuvo encargada de hacer los envíos oficiales. Los eternos problemas económicos (nunca hubo rubros suficientes para el traslado de obras y artistas, más los gastos de estadía) y casi siempre se beneficiaron aquellos que estaban en condiciones de solventar los gastos, por lo menos en parte. Así desfilaron Gonzalo Fonseca, Rimer Cardillo, Ricardo Pascale, Pablo Atchugarry, Nelson Ramos y Agueda Dicancro, entre otros. Con buen criterio, a excepción de imposiciones políticas, se prefirió personalidades ya conocidas en otras bienales (San Pablo, Mercosur) o de fuerte presencias en el exterior pues es la manera de legitimar, internacionalmente, al pabellón y el arte uruguayos. Había una serie de nombres a tener en cuenta, con reconocimientos en el extranjero: Carlos Capelán, José Gamarra, Carlos Grippo, Cecilia Míguez, Marco Maggi, Juan Pedro Fabra Guemberena, Martín Sastre, referentes con los cuales no siempre la crítica y el público uruguayos están familiarizados.

En la transición, el nuevo gobierno progresista, entre apurones, se salteó alguna etapa y procedió a nombrar una comi
sión ad hoc, desconociendo la ya existente Comisión Nacional de Artes Visuales, a la cual correspondía, frontalmente, consultar y pedir asesoramiento. La nueva comisión provisoria, integrada por elementos vinculados estrechamente a la cultura municipal (Alicia Haber, Olga Larnaudie, Gabriel Peluffo), en un operativo de continuidad deslizante desde lo comunal hacia lo nacional, designó a Lacy Duarte (Mataojo de Salto, 1937), como representante a Venecia, una artista que recorrió varios lenguajes (textil, pintura en dos etapas diferentes, instalación) con solvencia y ocasional intensidad expresiva, aunque el año pasado, desde el Cabildo, dejó más incertidumbres que certezas sobre su obra autorreferencial orientada hacia un pasado lejano de infancia rural. La instalación que ocupará el pabellón durante cinco meses lleva el título Territorio-territorios y tiene, por primera vez, doble curadoría (Haber, Larnaudie), con apoyos desde Italia y empresas nacionales (una, encargada del catálogo, otra, de un par de pasajes) que disminuyen sensiblemente los costos que, de otra manera, serían excesivos para el gobierno debutante al recibir un país en crisis. En el futuro inmediato habrá tiempo de exigir la máxima transparencia y exigencia de procedimientos para evitar rumores y la jactancia anticipada de los beneficiados. *

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