"EL CARTERO DE NERUDA", DE SKARMETA, EN EL TEATRO DEL NOTARIADO

Concentración de hechizos varios

No hay demasiadas innovaciones en la puesta en escena de la obra de Skármeta, de la que se han visto varias versiones sin contar el cinematógrafo con «Il postino».

El autor ha logrado concentrar en una sola obra materiales tan valiosos y dispares como una rápida biografía de Neruda (Walter Rey), la historia contemporánea de Chile, una tierna historia de amor y otra no menos conmovedora de amistad, más algunas enseñanzas, elementales pero eficaces, para la mejor comprensión de la poesía.

Los antecedentes ilustres no empañan el mérito de esta versión de Gustavo Bouzas que tiene lirismo y además sensibilidad para la lírica, una particular perfección en el tono, que percibimos como íntimo y llano pero a la vez sin ninguna concesión a la vulgaridad, un acierto en la distribución de los elementos de la escenografía (Pablo Cotignola) que equilibra la casa de Neruda, siempre cerrada y discreta, como un epítome de las diplomáticas reivindicaciones de privacidad que formula el poeta al locuaz cartero, con la hostería, siempre abierta y ruda de expresión, separados ambos ambientes por un espacio azul, de hermosa luz (también Pablo Cotignola) donde caben a la vez el camino de la bicicleta, el mar y el amor.

Muy bien por la poesía; nos preguntamos por la oportunidad.

Toda obra que se ofrece al público contiene un sentido histórico, un por qué esto aquí y ahora. La obra, tal cual la vemos hoy, forma parte de la hagiografía de Neruda: el poeta es un político popular, que no estuvo lejos de ser presidente de Chile, es un maestro fortuito y un amigo bonachón, es un Premio Nobel de literatura, es casi, o sin casi, un mártir de la dictadura militar… Es difícil, aún hoy, enjuiciar a Neruda, como es difícil enjuiciar a cualquiera de los escritores españoles o hispanoamericanos víctimas de la guerra civil española, de la era de Franco o de las muchas dictaduras locales.

La mano y la mente se detienen antes de discutir la poesía de Miguel Hernández, muerto en la cárcel, de Antonio Machado, que muere de asma en el exilio y en una pensión, de Rafael Alberti, errante y aún acosado en su periplo por América del Sur, de Federico García Lorca… Y sin embargo, lo que anota agudamente Skármeta en el personaje de Rosa (Alicia Vignale), cuando retruca a Mario Jiménez (Horacio Nieves) nada menos que con fragmentos de «Farewell» y hace el papel del abogado del diablo, que trata de ahorcar al acusado con su misma cuerda, hubiera servido para una visión al sesgo, preguntona y cuestionadora, para un Neruda de hoy. Pasada la polémica entre Sarandy Cabrera y Ricardo Paseyro, pasadas las críticas de Xavier Abril y hasta la diatriba subliminal de Borges en «El Aleph», podría haber sonado la hora de un pacífico balance.

Tal como está, «El cartero de Neruda» es una esmerada puesta en escena; la interpretación, en particular, está muy bien orientada y realizada, con especial lucimiento de Walter Rey y Alicia Vignale.

El resultado es ameno, amable, fino, grato a la sensibilidad. Es una realidad; pero aún más es promesa y esperanza en el futuro de su director, Gustavo Bouzas. *

EL CARTERO DE NERUDA, de Antonio Skármeta, con Walter Rey, Horacio Nieves, Alicia Vignale y Andrea Martínez Meliá. Ambientación sonora de Nicolás Ciganda, iluminación y escenografía de Pablo Cotignola, dirección de Gustavo Bouzas. En teatro del Notariado.

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