EL REGRESO: UN FILME RUSO DE LENGUAJE MOROSO PERO DE FUERTE ESCRITURA EXISTENCIALISTA

Agobiante ensayo sobre el desamparo

En un tiempo histórico de incomunicación y desencuentro, gobernado por la estridencia de los celulares, la inhumana frialdad de los contestadores telefónicos y la vertiginosa parafernalia mediática, el cine (particularmente el europeo) sigue hurgando en los más íntimos intersticios de la condición humana.

En medio del habitual aluvión de novedades cinematográficas que habitualmente apuestan al pasatiempo, El regreso, la ópera prima del realizador ruso Andrey Zvyagintsev, es un removedor ensayo sobre los afectos amputados por el destino, que transcurre en una semana de la vida en común de una familia.

Los protagonistas del relato son Andrey e Iván, dos hermanos unidos por la convivencia compartida, que, luego de doce años, se reencuentran con el padre que retorna al hogar, a quien sólo conocen por fotos. Sin embargo, como no recuerdan su rostro ni su voz por la prolongada ausencia, llegan incluso a dudar de su verdadera identidad.

Empero, sorprendentemente, este extraño hombre que se reintegró repentinamente a sus vidas, les propone emprender un largo viaje sin la presencia de la madre, que, a la sazón, se transformará en una suerte de experiencia iniciática.

Para ambos adolescentes, ese itinerario, que transcurre a través de los desolados parajes siberianos, es inicialmente un fascinante periplo de aprendizaje y contacto con una geografía que les es ajena.

Mientras viajan por desiertos paisajes y solitarias carreteras bajo una lluvia torrencial e implacable, afloran los primeros conflictos entre el desconocido progenitor y los dos inmaduros hermanos.

Trabajando con una cámara que captura alternadamente la grandeza de los paisajes naturales y las angustias de los protagonistas, el realizador Andrey Zvyagintsev construye un friso existencial de trazo por momento despiadado.

Como es habitual en el cine ruso de sesgo introspectivo, la escritura narrativa es intensa y a la vez despojada, lo que transmite al espectador una sensación de agobiante angustia.

Este es un cine de gestos y tormentas emocionales que van por dentro, en el que la economía de palabras habilita lecturas ambiguas y conjeturales.

El padre, que regresa luego de un prolongado lapso de ausencia, es un personaje enigmático. No se sabe cuál fue el motivo de su partida, aunque bien puede suponerse que regresa de una guerra o una experiencia que lo ha traumatizado y transformado en un inadaptado. Los dos adolescentes, que se han criado bajo la protección de la madre y de una anciana abuela, colisionan fuertemente con el rígido sentido de la autoridad que pretende imponer su progenitor.

Narrando su historia mediante un ritmo moroso y una atmósfera de densidad casi tarkovskiana, el relato va evolucionando entre conflictos y desencuentros, odios soterrados, sentimientos no explicitados y tragedias.

El regreso -que cosechó el León de Oro en el prestigioso Festival de Venecia- es una parábola sobre la crisis de la convivencia y la extrema fragilidad de los afectos, que reflexiona en torno a la soledad, la ausencia, el desamparo y el miedo.

Ciertamente, vale la pena asomarse a un cine de lenguajes diferentes, pero de superlativa calidad artística. *

EL REGRESO. Rusia 2003. Dirección: Andrey Zvyagintsev. Reparto: Vladimir Garin, Ivan Debronravov, Konstantin Lavronenko, Natalia Vdovina y Galina Petrova.

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