MARIO MORENO: HACE HOY DOCE AÑOS SE ACALLO EL DISPARATADO LENGUAJE DE LA RISA

Todos lo recuerdan como Cantinflas

El poeta y escritor mexicano José Emilio Pacheco afirma que el pueblo mexicano es un pueblo triste. Sostiene que carga tanta historia que afecta el humor de quienes allí viven. Pero al parecer México es un país de extraño humor. Bastan las denominaciones de «la pelona» o «la dientuda» o «la tía de las muchachas», con la cual los mexicanos apodan a la muerte y se mofan de ella bañando figuras de calaveras con azúcar que se transforman en sabrosos dulces, para percatarse que en este país el humor tiene, por momentos, rasgos macabros.

Durante todo el siglo veinte, México, alegre o triste, tuvo una importante tradición de artistas cómicos. Pero el que le dio dimensión internacional a todos ellos fue a quien se conoció por el mote de Cantinflas.

 

Bajo la carpa del circo

Mario Moreno Reyes nació en el corazón de la ciudad de México, en la Colonia Guerrero, en 1911, durante los turbulentos tiempos de la Revolución Mexicana. Hijo de una numerosa familia de escasos recursos, desde temprana juventud supo ser lustrabotas, cartero, ocasionalmente boxeador, aficionado a el baile, el teatro y a las corridas de toros.

Comenzó su trayectoria artística a los 16 años, debajo de la lona de uno de los tantos circos que transitaban por los barrios de la ciudad de México. El circo era la forma más popular que tenían la mayoría de los mexicanos de divertirse y expresarse.

Allí comenzó a interpretar «el peladito», denominación con la que se identificaba a los residentes de los barrios más humildes de la ciudad. El escenario circense fue el marco ideal para que Mario Moreno difundiera su imagen y su ingenio, la carpa resultó el mejor lugar para que desarrollara su excepcional talento para la improvisación verbal, ante las réplicas del público.
Primero fue el nombre artístico de «Polito», luego el de «Cantinflitas» y finalmente adoptó el de «Cantinflas» forjando un personaje que dio forma verbal al famoso «cantinfleo», una manera de decir un montón de cosas sin decir absolutamente nada. Bajo la carpa de los circos nació el más entrañable ídolo del humor latinoamericano, algo similar había sucedido en Inglaterra con Charles Chaplin.

 

El lenguaje de los pobres

En el medio centenar de películas que filmó, el personaje de Cantinflas encontró la mejor forma para manifestar su dominio expresivo y alcanzar su consagración a nivel internacional. Con su lenguaje entreverado, convertía los más insignificantes diálogos en una sucesión de malentendidos destruyendo toda la formalidad lingüística, social y hasta política. Con su decir que no dice nada, Cantinflas hacía estallar y llevar a la desesperación a ministros, embajadores, abogados, fiscales, jueces y a todos los elegantes señores que usan y abusan, de los pobres. Con su picardía y sus ocurrencias verbales destruía todo ese orden y seriedad que proponen al mundo los poderosos. Esta fue una de las causas fundamentales de la simpatía que el público le tenía. Por medio de ese lenguaje absurdo y delirante, él era la voz de los humildes.

Debutó en el cine en 1936 con el filme No te engañes corazón y las siguieron El signo de la muerte en 1939 y Ahí está el detalle, en 1940. En esta década y hasta la mitad de los años cincuenta es cuando realiza lo mejor de su filmografía y en ella se destacan: El bombero atómico, El bolero de Raquel, Abajo el telón, Ni sangre ni arena, Si yo fuera diputado, Sube y baja.
La mayoría de sus películas fueron realizadas por su propio sello productor: Posa Films SA y distribuidas internacionalmente por Columbia Pictures.

 

La era de Hollywood

En el año 1956, Mario Moreno se trasladó a Estados Unidos para hacer su primera película en el extranjero, La vuelta al mundo en ochenta días -actuando al lado de David Niven realiza el personaje de Passpartout-, producida por Michel Tood. Allí sus giros verbales perdieron espontaneidad, al ser traducidos al inglés, opacándose la labor del comediante.

Esta película fue premiada con un Oscar de la Academia y estrenada en Montevideo en el desaparecido cine Grand Palace -actual Teatro El Galpón-, sala que adaptó su pantalla para que el filme se pudiera proyectar en el flamante sistema Tood-A.

Posteriormente, el comediante Mario Moreno volvería a Hollywood para filmar Pepe, una película que pasó por las carteleras sin pena ni gloria.

 

En nuestro país

Mario Moreno visitó nuestro país en el Primer Festival de Cine de Punta del Este, realizado en febrero de 1951 en un balneario que por esos años era casi un arenal y el Cantegril Country Club se elevaba solitario en medio de un bosque.
Estuvo acompañado de varias celebridades, entre las que se destacaban Silvana Mangano, Joan Fontaine, Ives Montand, Silvana Pampanini, Walter Pidgeon, Gérard Phillipe, Ricardo Montalbán, los argentinos Mirtha Legrand, Malvina Pastorino y Luis Sandrini.
Durante los primeros años de la década del sesenta, el cine Plaza estrenaba todos los primeros de año un filme de Cantinflas. Por su pantalla desfilaron El barrendero, El patrullero 777, El ministro y yo y Pepe.

 

Los últimos años

En los años setenta y comienzos del ochenta, la comicidad de Cantinflas perdió espontaneidad y calidad. Sus películas lo convirtieron en un personaje que se repetía, se hacían menos detractoras y más complacientes con el poder. Pero a esa altura Cantinflas ya había calado hondo, era una leyenda, una leyenda que siempre había sido la voz e imagen de los desposeídos. Así lo pintó el célebre muralista mexicano Diego Rivera, en el Teatro de los Insurgentes de Ciudad de México, con los brazos abiertos, como vicario de los pobres. Falleció el 20 de abril de 1993. A sus funerales en el Palacio de las Bellas Artes asistieron a darle el adiós cientos de miles de sus compatriotas que siempre vieron en el gran cómico el encanto, la gracia, la picardía y el poder de un lenguaje que, al menos, en una escena cinematográfica, les pertenecía. *

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