El poeta y el guerrero sin reposo
En un clima de profunda emotividad y signado tanto por anécdotas como por reflexiones académicas, un panel integrado por el director de la Biblioteca Nacional, Tomás de Mattos, el ministro de la Corte Electoral Wilfredo Penco y el escritor y periodista Hugo García Robles, trazaron una reseña de la personalidad y de la producción literaria del homenajeado.
En el marco de una nutrida concurrencia, entre la que se destacó la presencia de familiares y amigos personales del poeta Sarandy Cabrera, el acto se constituyó en una fructífera exposición de cuestiones de índole intelectual y ética.
Tras ser presentados por Tomás de Mattos, el escritor García Robles narró algunas anécdotas personales referentes a su amistad con Cabrera, hecho que permitió aquilatar la inmensa calidad humana del poeta fallecido. Posteriormente, Wilfredo Penco realizó una exhaustiva reseña de la obra fundada por Sarandy.
A continuación, transcribimos una brevísima selección de los pasajes más destacados de dicha conferencia.
«En los últimos años de su vida –comenzó diciendo Penco– Sarandy Cabrera me abrió las puertas de su casa, de su biblioteca, de sus recuerdos. Y me ofreció, con calidez, su generosa amistad.
Interesado en la poesía que empezó a escribirse en Uruguay sobre los años finales de la primera mitad del siglo XX, estudié con cierto detenimiento su obra.
De ese estudio, quiero compartir hoy con ustedes algunos comentarios y conceptos, en este homenaje que le tributamos sus amigos y lectores consecuentes.
El ímpetu desafiante de su personalidad, del que dio cuenta, sobre todo, su labor literaria, fue, por cierto, el rasgo más evidente en la larga, combativa y acosada trayectoria de Sarandy Cabrera.
Vocación iracunda, polémica, sin dobleces
Nadie que lo haya leído alguna vez, pudo invocar, como excusa, la indiferencia.
Una vocación iracunda, polémica, sin dobleces, sin dar margen a equívocos, se mostró, en un desarrollo de efectiva contundencia, como común denominador de la poesía que el autor produjo de manera primordial, junto a otras diversas actividades (plásticas, periodísticas, políticas), a lo largo de por lo menos seis decenios.
Si hubiera que caracterizarlo como conspicua figura de las letras uruguayas, es probable que habría que referir, en primer término, a su condición de transgresor, en el marco de un lenguaje estructurado, sin visibles alteraciones y ajustado a sus consecuencias.
La voluntad provocativa, de nadar contracorriente, aun en las circunstancias más adversas; el manifiesto deseo de someter a cuestionamiento actos, actitudes y personalidades a la misma hora en que suelen concitar la simpatía y hasta el aplauso generalizados; el rechazo o abandono de formas ditirámbicas generadas en el entorno de los centros de poder; la deliberada irreverencia y el juicio profanador llevados a sus extremos: todas y cada una de estas líneas directrices orientaron y definieron el quehacer intelectual de un poeta construido a sí mismo a la sombra de su propia y conflictiva existencia, entrecruzada de fantasmas, amores, muertes, memorias, controversias, desafueros, peregrinaciones y utopías.
Entre Rivera, Montevideo, Pekín, Santiago de Chile, Buenos Aires, Växjö, Ginebra, Viena y otra vez Montevideo, quedó trazado el itinerario fundamental de un cosmopolita que nunca olvidó sus raíces locales, buscó con lucidez pero también con deslumbramiento otros paisajes –naturales, culturales, políticos–, sufrió la experiencia dolorosa del exilio, y a su regreso volvió cargado de fidelidades, sin desmedro de unos cuantos rencores, decepciones, furias e interrogantes. Con su ironía intacta y hasta más filosa, se dedicó a aplicarla a fondo –como enseñan los clásicos– en el examen de la naturaleza humana. En esa aplicación radicó parte importante del interés que despierta su obra poética, incluidos los vericuetos más discrecionales o arbitrarios. Pero su historia fue más compleja y se remonta a las adelantadas vísperas del medio siglo en la pasada centuria.
Los tramos iniciales del trabajo literario del entonces joven Sarandy Cabrera, a mediados de la década de 1940, hicieron propias (con menos tanteos que facultades para el ejercicio poético) las influencias que estaban al alcance de la mano –directas o con intermediaciones– en un ambiente que había asimilado con timidez los movimientos europeos de vanguardia. Pero poco después, con una estrategia reflexiva sobre el arte poético acompasada a una praxis sostenida, ya había comenzado para Cabrera un proceso de transformaciones paulatinas que tuvo su período de transición en La furia, serie de tres sonetos escritos con motivo del estallido de la bomba nuclear, y en Poso ´60 , antología con la que cerró la etapa generada en el núcleo de sus tres primeros cuadernos de poesía y, al mismo tiempo, abrió un nuevo ciclo de militancia social y política, en el que se alinearon los libros siguientes.
Su militancia política
Para Sarandy Cabrera, hacia fines de la década del cincuenta, ya abrazada la militancia política en filas de izquierda, «el arte y la poesía […] no son los productos determinantes de la sociedad, sino subproductos de procesos más hondos que –ellos sí– importan de manera fundamental y a los cuales todo debe subordinarse». En una línea que procuraba una filiación expresa a Cesare Pavese (a su lema: «antes hombre que poeta»), la elección de Cabrera en los sesenta se podía sintetizar de este modo: «Revolución y literatura por su orden».
Pero para llegar a conclusiones tan estrictas y sintomáticas, este poeta de abundante producción había recorrido dos decenios que sacudieron al mundo y comenzaron a dar otra fisonomía a la comarca. Desde el fin de la guerra mundial, la bomba de Hiroshima, la guerra fría y la tensión bipolar, los movimientos insurreccionales en América Latina, la crisis económica de la región, la inestabilidad que fue anegando la extendida clase media uruguaya, contribuyeron a crear condiciones diferentes a las que regían cuando el surgimiento de los jóvenes escritores del «45», generación a la que había quedado adscripto en la historia de la literatura uruguaya. Ya en la puerta de la madurez, poetas como Sarandy Cabrera, con antenas sensibles y curiosidad ávida de conocimiento, de experiencia, con vocación protagónica y pasión desbordada, habrían de someter a la propia obra a cambios e inflexiones que la evolución creadora en las nuevas circunstancias imponían…
… Un año antes de que se produjera el golpe de Estado en Uruguay, el poeta pasó a residir en Chile, donde pronto fue derribado el gobierno de Salvador Allende, más tarde recordado de este modo testimonial, como eslabón simbólico de la cadena histórica, en un poema… Su traslado a la Argentina se prolongó hasta 1977 porque los regímenes dictatoriales llegaron también a ese país. Finalmente exiliado en Växjö, Suecia, allí trabajó hasta 1984, fundó un sello editorial (Vintén editor), y publicó traducciones y poemas en atractivas ediciones artesanales de corta tirada. Antes de su regreso al país, estuvo un tiempo en Viena y en el tramo final de su exilio se radicó en Ginebra hasta 1990.
Todo ese largo período significó una nueva opción vital y literaria. Sin embargo, el cambio de lenguaje no se produjo de inmediato. Su labor de traductor contribuyó al descubrimiento del género libertino, hasta entonces escasamente transitado. A las versiones en español de textos de Petrarca o Ronsard, se sumaron las que preparó de otros escritores como Edgar Lee Masters, D. H Lawrence, Cecco Angilieri, John Donne y Pie
tro Aretino. Pero el nexo más importante fueron los epigramas eróticos de Marcial, dados finalmente a conocer, en un estudio comparativo de diversas traducciones, en 1983.
Poesía militante y poesía libertina
… Si la «poesía militante» de Sarandy Cabrera había estado en sintonía con el tiempo de su producción y circuló con amplitud, incluso en la voz de cantores populares, hasta que fue censurada y prohibida por la dictadura militar, esta nueva tendencia –la de la «poesía libertina»– con la que volvió consustanciado de Europa, tuvo una receptividad más acotada o discreta en los medios uruguayos, tal vez por motivos de recato –auténtico o no– y conservadorismo en algunos casos, y también un poco de desconcierto a que suelen dar lugar las propuestas más atrevidas en el ámbito generalizado del país, seguramente por propia idiosincrasia.
… En clave de parodia, de burla o ironía, en palabras que procuran concentrar la fuerza de su impacto, en estructuras discursivas que apuestan a la protesta contra el orden establecido, los «poemas zoológicos» se ejercitan como modelos de diatriba y preparan una identificación del poeta –en un juego de apreciable dramatismo– con Volusio, el casi desconocido latino que Cayo Valerio Catulo pretendió ignorar con su desprecio y, por eso mismo, hizo pasar a la historia.
El fundamento de esa identificación quedó consolidado en el libro siguiente, en cuyo prólogo Sarandy Cabrera reconoció que la figura de Volusio siempre había acicateado su imaginación, hasta preguntarse si acaso no podría atribuirle sus propias poesías.
Más que cambio de personalidad o intercambio de identidades, parece darse, en este caso, un proceso de sustitución por supuesta afinidad de destino, con un gesto entre mágico y teatral en el que Cabrera se convierte, por autodiagnóstico, en un nuevo Volusio, sin dejar de ser él mismo.
Un lenguaje más ceñido se cierne sobre los Papeles de Volusio. Pero las obsesiones son iguales, en una búsqueda ensimismada, especulativa, de agitación e intransigencia.
En un escenario cruzado por evocaciones y crónicas familiares, en un mundo de despojos y espejismos, de exilios, viajes y breviarios, de lástimas y amaneceres, desprecios y homenajes, lecturas que son diálogos y permanente retorno a la poesía («No nos alcanza la poesía / para leer la vida, / toda la vida / aunque sigamos intentando / y vamos deletreándola»), en ese escenario, como dije en el prólogo a su Obra escogida, el año pasado, nos queda la imagen de Sarandy Cabrera, el poeta, que es también el guerrero sin reposo, dando vueltas a la fuente, con un cántaro que, pese a todo, reflejadas sus luces, proyectadas sus sombras, no se rompe. Su muerte cercana –hace tan pocos días– ha encendido, una vez más, esa imagen de poeta y de guerrero sin descanso». *
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