Pueblo razo
La vida, en tanto secuencia existencial, está construida de pequeños episodios, algunos aparentemente irrelevantes, pero naturalmente trascendentes para quienes los experimentan.
En ese devenir incesante, esos fragmentos de identidades se van condensando, en un periplo sólo limitado por la frontera de los tiempos biológicos.
La peripecia humana está también poblada de épicas y fragorosas luchas contra el destino, ese árbitro inexorable que no parece respetar voluntades ni sentimientos.
En ese contexto, lo realmente trascendente es la siembra, esa tarea cotidiana que todos asumimos con la íntima convicción que nuestro compromiso es siempre aceptar los desafíos.
Otro aspecto tan o más importante aún, es el que atañe a los valores, obviamente intrínsecos a nuestra idiosincrasia, que son a la sazón lo único que nos permite perdurar.
También la memoria ocupa un lugar igualmente relevante en el periplo existencial del ser humano, porque es la que atesora nuestro pasado, pero también los legados ancestrales que nos identifican.
Todas las cualidades mencionadas atañen a la literatura costumbrista, que no necesariamente debe agotarse en la mera recreación o exaltación de nuestro acervo, nuestros orígenes o los rasgos que han coadyuvado a la construcción de nuestro imaginario.
Hay otras vertientes despojadas de chauvinismos o meros patrioterismos, que interpretan con la misma elocuencia la síntesis del sentir compartido de un pueblo o una comunidad.
En «Pueblo Razo», el autor uruguayo Jorge Omar Cardozo Pagano, ensaya una sobrecogedora experiencia literaria que más allá de eventuales valores artísticos constituye un elocuente testimonio de lo vivenciado.
Esta novela, que en 2003 cosechó el tercer premio del certamen organizado por el Ministerio de Educación y Cultura, nos introduce en escenarios cotidianos, pero igualmente ricos en abundante materia prima creativa.
Ambientada en un pequeño pueblo de la costa marítima uruguaya, esta historia retrata hábitos y costumbres humanas, mediante personajes sin dudas peculiares.
La pluma del autor evoluciona en un escenario siempre caracterizado por la diversidad, en el que sin embargo la convivencia en armonía es posible. Aunque el relato no se aparta de la cotidianidad, el narrador logra capturar en este libro las diversas inflexiones de sus personajes, que se traducen en sus conductas, sentimientos y creencias. Como buen artista plástico que es, Jorge Omar Cardozo Pagano pincela imágenes de un paisaje a menudo de rasgos oníricos, donde las criaturas humanas protagonizan su propia aventura existencial.
Abdicando de todo propósito discursivo o de inoportunos catecismos moralistas, el autor trabaja con los antagonismos, que representan a su vez los diferentes temperamentos que identifican a sus personajes.
Esta villa situada geográficamente en el litoral uruguayo, que es naturalmente fruto de la imaginación del autor, es como otros parajes del Interior una caja de resonancia donde afloran afectos y emociones, pero también identidades compartidas.
(Edición del autor)
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