La maravillosa voz de Billie Holiday
El pasado jueves 7 se cumplieron noventa años del nacimiento de Billie Holiday (1915-1959). A casi medio siglo de su muerte, esta prodigiosa cantante sigue siendo una de las vocalistas más encumbradas en las preferencias de músicos y aficionados al jazz.
Su personalidad tuvo su apogeo durante los años 30, gracias a una voz tierna y cálida que ella utilizaba como un instrumento más en el complejo orquestal. Su canto, que ensalzaba el texto con emoción y sinceridad, sonaba como un saxófono emitiendo sonidos que iban desde una delicada dulzura hasta la típica rispidez de las voces negras. Su timbre personalísimo, su sentido del ritmo y su swing, dinámico y sutil a la vez, la convirtieron en la creadora de la principal escuela del canto jazzístico femenino en las décadas siguientes.
Eleanora «Billie» Holiday nació en Baltimore, Maryland, el 7 de abril de 1915. Su infancia, que transcurrió en total pobreza, fue terrible. Su padre abandonó el hogar, su madre no le prestó mucha atención y la niña creció prácticamente sola, en ambientes sórdidos y con la calle como escuela. A los 14 años, cuando se fue a New York, ya era consumidora de marihuana.
Consiguió trabajo en algunos clubes de Harlem y allí fue descubierta por el empresario John Hammond, quien la hizo grabar con la banda de Benny Goodman en 1933. El mismo Hammond, dos años después, organizó una sesión con el acompañamiento de los talentosos músicos del conjunto de Teddy Wilson. El éxito que tuvieron estas grabaciones hizo que Billie grabara profusamente para el sello Columbia hasta 1942, actuara con las orquestas de Count Basie y Artie Shaw y fuera la gran atracción en el Cafe Society. En 1937 conoció al gran saxo tenor Lester Young, de quien se hizo amiga y quien influiría poderosamente en su estilo.
En 1945 entró a trabajar en los conciertos «Jazz at the Philharmonic» del productor Norman Granz. Pero Billie había trabado relaciones con hombres que eran fuertes consumidores de drogas pesadas. Su dependencia de la heroína fue en aumento y en 1947 estuvo en la cárcel durante varios meses por esa causa. Granz volvió a contratarla en 1952 y la hizo grabar en los años siguientes con músicos de la talla de Harry Edison, Benny Carter y Ben Webster.
En 1954 hizo una exitosa gira por Europa, en 1956 brindó un ovacionado concierto en el Carnegie Hall y en 1957 apareció en el programa televisivo The sound of jazz. Pero su adicción a la heroína y las bebidas habían hecho estragos en su salud. En 1959 fue internada en un hospital de Harlem, con custodia policial y allí expiró el 17 de julio bajo la acusación de poseer heroína en su lecho de muerte.
Sus mejores grabaciones pueden escucharse en los nueve CD The quintessential Billie Holiday (sello Columbia) que abarcan desde 1933 hasta 1942, y los diez CD The complete Billie Holiday on Verve (1945-1959). Son los imprescindibles documentos de una voz inolvidable.
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