"LA TIERRA PROMETIDA" SERA EXHIBIDA POR UNICA VEZ EN CINEMATECA 18

Drama y tragedia en Medio Oriente

La película había sido anunciada en el marco del reciente XXIII Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, pero por dificultades en las conexiones de transporte internacional su copia demoró en llegar a Montevideo y la proyección debió postergarse. Ahora el aficionado tiene su última oportunidad de ponerse al día con un filme realmente valioso de uno de los mayores creadores israelíes actuales, antes de que la película sea devuelta a su lugar de origen.

La acción de La tierra prometida arranca una noche cualquiera en el desierto del Sinaí. Un grupo de hombres y mujeres se calientan junto a un fuego de campamento a la luz de la luna. Las mujeres proceden de Europa Oriental. Los hombres son beduinos que pastorean rebaños en la región. Al día siguiente cruzarán clandestinamente la frontera palestino-israelí, y las mujeres serán golpeadas, violadas y vendidas en subasta. Pasarán de unas manos a otras, convertidas en mercancía, víctimas de una red internacional de trata de blancas, igualmente explotadas por los dos bandos enfrentados. La única luz de esperanza que se enciende en medio de esa sombría realidad es el interés de una periodista que se interesa por la situación.

La atención a una dura realidad social es típica del director Amos Gitai, quien residiendo alternativamente en Israel, Estados Unidos y Francia ha producido un amplio cuerpo de trabajo, profundamente personal. En aproximadamente cuarenta películas, documentales y de ficción ha explorado la historia de Medio Oriente y temas como patria y exilio, religión, control social y utopía. A mediados de los noventa, tras la elección de Yitzhak Rabin, Gitai volvió a su Haifa natal y continuó dirigiendo a un ritmo asombroso. Comenzó su trilogía de las ciudades, realizó numerosos documentales, incluyendo la serie Wadi, y también volvió a temas y momentos que afectaron su vida, especialmente la guerra de Yom Kippur. El estilo de sus películas está marcado por la presentación de largas tomas sin cortes, escasos pero significativos movimientos de cámara, contrapuntos de sonido y un inteligente sentido del humor. En La tierra prometida se ocupa de un aspecto en cierto modo lateral de la interminable tragedia medio-oriental, y acaso más perdurable que algunos de sus más sombríos alcances políticos: la situación de sumisión de la mujer, la esclavitud sexual, la lucha no siempre exitosa por la dignidad y la justicia. El testimonio de una realidad dolorosa, un drama intenso, y la obra de un creador personal que deja su sello en cada cosa que hace. *

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