Un enigma para dos
or ejemplo, no pudimos entender la razón de ser de la sesión de coreografía del primer acto o de la primera media hora, donde tanto Flores como Pacella mostraron competencia y gracia; en particular resultaron indescifrables las manos que se ven a través de una tela donde las uñas parecen querer clavarse. Pero cuando nos disponemos a embarcarnos en alguna de las naves voladoras que Ionesco fletó al país del Absurdo, sobreviene un descenso vertical de estos peatones del aire. Flores revela que la profesión de su personaje es «público de teatro», que como le corrige su partenaire es decir «crítico» y nos ofrece, con algo de autoflagelación, un monólogo sobre el teatro uruguayo contemporáneo, la entrega de los «Florencios» y las disímiles emociones de quienes son nominados y acceden al premio. Por cierto, nos sentimos como en casa y logramos captar más de una alusión y hasta algún chiste sólo comprensible para quienes estamos entre bambalinas. La última parte, o tercer acto, es desconcertante y ya no nos damos cuenta de lo que ha querido hacer Flores, aunque creemos que lo ha hecho bien, porque los diálogos funcionan, nos envuelven y parecen apuntar a alguna parte; pero terminada la obra sabemos, y no podemos explicarlo, que no ha dado en el blanco. La distancia que parece separar y atraer a los personajes en la primera parte nos resulta una metáfora de la problemática comunicación de Flores con su público. Como directora y actriz, Isabel Flores logra lucirse y dar vida a sus misteriososo esquicios; Leonardo Pacella, que supera con amplitud su actuación en «Autoestigma», apareció como una revelación. Más seguro de sus medios, intenso y medido, fiel a sí mismo y original, con inflexiones vocales y gestos que le son muy personales y casi únicos. *
DRESSING ROOM, de Isabel Flores, con Leonardo Pacella e Isabel Flores, dirección de la autora. Estreno del 3 de abril, Teatro de Agadu, Canelones 1122, tel. 901 18 55.
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