Saraband, de Bergman, obtuvo el gran premio
En la ocasión, se exhibieron diez minutos de Cerca de las nubes, del realizador uruguayo Aldo Garay, que está en proceso de posproducción y que fuera incluido en el apartado de «World in progress».
Los festivales de cine, en todo el mundo, suelen ser acontecimientos mediáticos y artísticos relumbrantes, donde acude gente destacada ligada al mundo del celuloide, películas de presupuestos costosos y donde además se fabrican suculentos negocios. Generalmente cuentan con los favores del público, de la prensa especializada y gozan de una infraestructura envidiable.
Nuestro festival es mucho más modesto en todos los aspectos, pero atraganta la cinefilia de los fetichistas del cine, ayer y hoy, en este Uruguay de la pobreza infantil. Es una lista larga y casi siempre excesiva, esta vez encuadrada en diez secciones.
Este fenómeno no ocurre en ninguna parte y los resultados no siempre suelen ser aplaudidos. La infraestructura que lleva adelante un grupo humano excepcional se vio desbordada por desajustes de horarios, cambios inesperados de programación, previsibles malas condiciones de proyección, duraciones equivocadas, abusos reiterados de la versión «Of line» (VHS) en detrimento de las copias de 35 milímetros que suele ser lo normal.
Estas sombras no empañan los logros y es un llamado de atención a los futuros responsables culturales de este país de la transición y de los cambios. Se debería tomar conciencia ya, que la cultura no está reñida con los panes y las rosas. La Cinemateca Uruguaya es el esfuerzo, a través de muchos años, de gente anónima y de la figura tesonera y valiente de Manuel Martínez Carril. El resultado se traduce en un acervo cultural que hay que preservar y en un archivo de filmes, modelo en toda América Latina.
Todo esto desemboca en un esfuerzo sin pausa por ofrecer el mejor cine de calidad que se realiza en el mundo, marginal a veces, hecho fuera de los circuitos comerciales, independiente, hincando las raíces en una realidad inmediata y conflictiva. Esto genera con la industria una confrontación de tipo ideológico. Un cine adocenado y esclerótico es el producto de la globalización comercial y política, que sólo puede generar trivialidad y banalización del gusto y del sentido crítico. Las nuevas corrientes de expresión, casos de Argentina e Irán, son propuestas que se están consolidando hacia un cine auténtico y trascendente.
Los filmes premiados
El gran premio del Festival otorgado por el Jurado Oficial, integrado por Guillermo Casanova, Oribe Irigoyen y este cronista, correspondió a Saraband, la última película del maestro sueco Ingmar Bergman, entre una lista de más de cincuenta títulos de ficción.
Luego de una extensa deliberación, que incluyó otras películas como Osama de Afganistán, El regreso, premiado en Venecia, del ruso Andrei Zvyagintsev, La historia del camello llorón de Daviau y Falconi, Melinda y Melinda de Woody Allen, El silencio entre dos pensamientos del director iraní Payani, radicado en Canadá y que fue censurada en su país. Atash (2004), una producción de Palestina-Israel y La tierra prometida de Israel, del talentoso Amos Gitai, quien ya triunfó en anteriores festivales de Cinemateca, dos obras que merecían ser seleccionadas pero que fueron proyectadas en previsibles malas condiciones.
Mejor Opera Prima (compartido): se distinguieron el filme Osama de Siddiq Barmak, que ha sido el primer filme afgano posterior a la era del Talibán y Amor – primera parte de los directores argentinos Alejandro Fadel, Martín Maudegui, Santiago Mitre y Juan Schnitman.
Finalmente se destacó la presencia del cine iraní en su conjunto que trajo dos obras del maestro Abbas Kiarostami.
Bergman y Saraband
Es sin lugar a dudas la única obra maestra del Festival. Es una lección de cine en el aspecto formal y estilístico y una portentosa coherencia con su dilatada obra anterior. Los fantasmas que han poblado su vida y que él ha trasladado al cine, siguen vivos, atormentando al viejo maestro sueco de 87 años. «La hora del lobo» reúne treinta años después a los mismos protagonistas de Escenas de la vida conyugal y los mismos personajes, Erland Josephson y Liv Ullman, a lo largo de diez escenas y un prólogo.
En un principio fue concebido para la televisión, pero luego Bergman accedió a llevarla al formato del cine. Las varias generaciones, que un día descubrieron a un creador mayor, quedarán otra vez pegadas a sus imágenes hechas de sabiduría interior, que no es otra cosa que la cumbre del quehacer cinematográfico. Saraband y Bergman son la mejor expresión de la historia del cine. En la categoría documental y experimental, el gran Premio se lo llevó Peones del veterano realizador brasileño Eduardo Coutinho, que es un habitual de estos eventos y que ya ha recibido varios premios. La lucha metalúrgica encabezada por el dirigente Lula –hoy presidente de Brasil– en los movimientos obreros pretextan 45 minutos de elocuentes testimonios. Hubo además dos menciones: Manolo recicla, el señor de los carros de Manolo González Ramos de España y En el país de los centinelas de Nara Keo Kasal (Francia-Camboya).
El jurado del Premio Iberoamericano estuvo compartido por la película El amor, primera parte de cuatro directores argentinos encabezados por Alejandro Fadel y Los muertos de Lisandro Alonso, que ya compitiera con el filme La libertad, sobre la vida cotidiana de un hachero del norte argentino. Son dos obras en diferentes registros: El amor…, es un test sociológico sobre la pareja actual, hecho con seriedad y hondura, y el filme de Alonso registra con morosidad y perfil bucólico la figura solitaria de un preso salido de la cárcel en el interior argentino. Es inevitable la comparación con los cuentos del narrador uruguayo Horacio Quiroga.
La crítica internacional, sección uruguaya. premio Fipresci, se inclinó por el director húngaro Bebedek Fliegauf, con Dealer, un ejercicio circular de travellings lentos sobre el mundo de la droga.
El galardón al mejor filme iberoamericano fue para Cachimba del chileno Silvio Caiozzi sobre una idea del escritor fallecido José Donoso.
La mejor ópera prima recayó en Lazos de familia del norteamericano Jordan Roberts con Michael Caine. Los filmes del Espacio Uruguay merecen nota aparte, pero conviene recordar que, como lo adelantó LA REPUBLICA, el sábado pasado Fernanda Trías se llevó el premio Félix Oliver que concede la Intendencia Municipal de Montevideo, por un valor de 2 mil dólares, con Historia de tres minutos sobre dos veteranos cantantes de tangos en el Montevideo actual. *
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