SE ESTRENA HOY EN CINEMATECA 18 EL MAS RECIENTE FILME DEL GENIAL MAESTRO SUECO INGMAR BERGMAN

Regreso a los infiernos de Strindberg

Saraband es el regreso a los infiernos strindbergianos de la convivencia y sus desgarros. Como lo adelantamos en la edición del domingo pasado, los primeros planos del filme acosan con suma crueldad a los desvalidos rostros de los personajes.

Las paredes rojas (como en Gritos y susurros) encierran a sus protagonistas en sus infiernos íntimos. En un par de momentos que, junto con varios otros, reiteran en Bergman al proverbial «dramaturgo cinematográfico» que Alsina y Emir saludaron hace cuarenta o cincuenta años, asoma el pulso de un creador mayor. En uno de ellos desnuda a Liv y Erland, ella insinuada en la penumbra, él con todo el desamparo de la vejez.

En otro, tras una pelea de padre e hija, un grito en off se carga de pronto de un horror casi metafísico.

A Bergman le sigue doliendo la vida y sigue preguntándose cosas, lo que no es poco. Lo hace también con la convicción dramática y el rigor de un joven maestro de ochenta y siete años.

En cierta forma puede tomarse como una secuela de Escenas de la vida conyugal, un filme que el propio cineasta rodó hace treinta años con los mismos actores protagónicos: Liv Ullmann y Erland Josephson que reaparecen ahora, encarnando a personajes que se llaman igual que lo que interpretaran entonces, aunque no queda en claro si realmente son los mismos. Aquí Ullman se llama Marianne, como en Escenas de la vida conyugal, y Josephson encarna a Johan, que es mismo el nombre que utilizaba en esa película y que también se reitera en otros filmes de Bergman. El drama incluye también otros dos personajes: Henrik, el hijo de Johan, y Karin, hija de Henrik, nieta de Johan.

Cuatro personajes, entonces. O cinco, porque hay una «quinta en discordia», Anna, la mujer muerta de Henrik, que aparece únicamente en un retrato en blanco y negro, debidamente encuadrado en las casas de los diversos personajes. Y hasta un sexto, siempre fuera de campo: una invisible sirvienta que aporta algún elemento clave. Y un séptimo, más lejano, porque se ha refugiado en la locura: la hija de Johann y Marianne.

Y aún un octavo. Sara, cuya lejanía es literalmente física: ha optado por Australia.

Esos personajes se encuentran y desencuentran, se enfrentan y chocan en Saraband, película en diez escenas más un prólogo y un epílogo. *

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