Rauschenberg a los 80 años
Considerado, y con razón, uno de los artistas vivos más importantes, Robert (nombre que adoptó en su juventud en vez de Milton, el verdadero) Rauschenberg nació el 22 de octubre de 1925 en Port Arthur, Texas, una ciudad petrolera del Golfo de México. Hijo de descendientes de alemanes e india cheroki, Rauschenberg fue alumno poco aplicado con dificultades en la lectura (padeció dislexia) e intentó la carrera eclesiástica (le prohibieron bailar y abandonó), luego la de farmacéutico (rehusó la disección de una rana) y entró en la marina para desempeñarse como enfermero en un hospital psiquiátrico de San Diego, comprobando durante esos años (del 42 al 45) la pequeña diferencia que existe entre sanos y enfermos.
Nunca hasta entonces se había interesado en el arte y vio por azar, en una biblioteca, cuadros de Reynolds y Gainsborough, llegando a la conclusión de que podía pintar si otros lo habían hecho. Así se volvió pintor. Empezó a estudiar en un instituto de arte en Kansas City y viajó a París en 1948. Sin saber francés, se sintió acorralado y desorientado en la Academia Julian pero conoció a Susan Weil, una estudiante que luego será su mujer, en 1950, al volver juntos a Estados Unidos. Siguió los estudios en Art Students League (1949-52) y en Black Mountain College en Carolina del Norte, dirigida por Josef Albers, famoso profesor de la Bauhaus alemana, muy rígido y sistemático en la enseñanza pero que le enseñó la disciplina necesaria y la búsqueda de materiales vulgares para la creación. Lo importante para Rauschenberg fue conocer a otros alumnos en otras materias que luego serían sus amigos: el músico John Cage, el coreógrafo y bailarín Merce Cunningham, herederos de Marcel Duchamp, con los que colaboraría durante muchos años como vestuarista y director de escena. Se divorció (tuvo un hijo, Christopher, en 1951, hoy fotógrafo) y se mudó a Manhattan donde alquiló un estudio barato. Su vida transcurrió en la primera mitad de los cincuenta entre la modestia y la privación económica, compartida por Cage, Cunningham y su amigo de toda la vida, el pintor Jasper Johns. Trató de apartarse del expresionismo abstracto y de la Escuela de Nueva York (De Kooning, Rothko, Kline, incluso Pollock que admiró) para trabajar «en la brecha que separa el arte de la vida», según sus palabras.
Comenzó pintando cuadros monocromos blancos, negros y rojos (1951-53) para constituir el Junk Art, incorporando violentamente objetos de la realidad y ser el antecedente del Pop Art. Dibujó una serie extraordinaria de La Divina Comedia de Dante y recorría las calles de Nueva York para descubrir, en los desechos de la basura, la «paleta de objetos»: pájaros embalsamados, cartones, cajas de productos comerciales, sillas rotas, y toda esa parafernalia abandonada por los habitantes del barrio. Basado en los antecedentes del collage de Kurt Schwitters, Rauschenberg pergeña los «combines paintings» (pinturas combinadas), ingresando la realidad del mundo que lo rodea en enormes composiciones-collages. Un escándalo para el público y la crítica. Pero lo descubre el marchand Leo Castelli, lo impone en el medio y lo hace consagrar en la Bienal de Venecia de 1964 (el ballet Merce Cunningham se presentó simultáneamente en La Fenice, luego lo hará en Lisboa, con decorados y trajes de Rauschenberg ante una platea repleta de críticos de arte que silbaron, por motivos políticos, la representación). A partir de ahí Rauschenberg se convierte en la superestrella del arte estadounidense, con una voluntad creadora similar a la de Picasso (son centenares sus grabados) pero dotado de una generosidad desconocida en el genio malagueño. Innovó en la técnica del grabado (algunos se vieron en Montevideo en la Alianza), viajó por muchos países, fundó núcleos de ayuda internacional, trabajó en el MIT uniendo la nueva tecnología y el arte, y hoy manifiesta abiertamente su desacuerdo con el presidente Bush.
Las obras que exhibe el IVAM provienen de una serie surgida a raíz de una visita a Houston, Texas, tierra natal del artista, en un momento de recesión para el Estado debido al exceso de producción en el mercado petrolífico. Recogió de gasolineras piezas abandonadas de automóviles y al volver a su estudio en Captiva, Florida, transformó esos residuos en relieves murales escultóricos similares a sus primeras Combines paintings, pero más despojadas. Los llamó Gluts (exceso, saturación) y declaró: «Estamos en una época de excesos. La codicia campea a sus anchas.Yo me limito a exponerla, intentando hacer que la gente despierte. Sólo quiero poner a la gente cara a cara con sus ruinas…. Veo los Gluts como souvenirs sin nostalgia. En realidad tienen como objetivo: proporcionar a la gente la experiencia de mirarlo todo teniendo en cuenta las numerosas posibilidades que ello plantea». Con infalible talento para recrear poéticamente los desechos de la sociedad industrial, con un deslumbrante sentido visual, en un montaje persuasivo, Rauschenberg pone en evidencia los excesos del consumismo salvaje, con punzante ironía, además. (Segunda de una serie de notas sobre la actividad artística en Valencia). *
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