Derechos de autor: música y filmes gratis en Internet

La Corte Suprema de Estados Unidos deberá abordar hoy el espinoso tema de los sitios de Internet dedicados al libre intercambio de archivos de música y películas, a los que los editores de esas obras acusan de facilitar la violación de sus derechos.

Será el último tramo de una de las batallas judiciales más importantes de los últimos veinte años sobre la cuestión de los derechos de autor, la que se ha hecho aun más compleja desde la aparición de Internet.

El caso, conocido en Estados Unidos como «Metro Goldwyn Mayer (MGM) versus Grokster», enfrenta en realidad a 28 editoras de discos y estudios de cine con Grokster y Morpheus, dos sitios de intercambio de archivos, llamados «peer-to-peer» (directamente entre dos computadoras).

La controversia interesa a todo el país, de creer a las cincuenta demandas presentadas en la Corte Suprema por los grupos Intel, Yahoo!, Apple, asociaciones profesionales y de consumidores, músicos (Elvis Costello, Avril Lavigne) e incluso el propio gobierno estadounidense, que apoya a los demandantes.

Para la industria del entretenimiento -cuyas demandas fueron denegadas en 2003 y 2004-, las tecnologías empleadas por Grokster y Morpheus son nefastas porque permiten la descontrolada circulación de obras: sus explotadores serían, pues, responsables de dejar pasar canciones y películas pirateados.

«No atacamos la tecnología, sino a aquellos que la toman de rehén para sacar provecho de manera ilegítima», declara Stanley Pierre-Louis, de la asociación estadounidense de la industria del disco (RIAA).

Dejar que los «peer-to-peer» ejerzan sin control significaría «la pérdida de cualquier protección sobre los derechos de propiedad intelectual, en su mundo todo sería gratuito», acusa. «Tendríamos entonces una reducción de las cantidades invertidas, ya que si nadie paga por tenerlos, no hay ninguna razón para invertir más».

Para replicar a la industria del disco y a Holywood, Grokster y Morpheus recibieron el apoyo de una buena parte de Silicon Valley, capital de la tecnología electrónica. El mundo de la alta tecnología estima que responsabilizar a los creadores de una tecnología del uso que se hace de ella crearía un grave precedente.

«Pensamos que este caso sigue teniendo que ver fundamentalmente con la innovación y el sector tecnológico en su conjunto, no solamente con las redes «peer-to-peeer», afirma Fred von Lohmann, de la Fundación Electronic Frontier (EFF), defensor de un progreso tecnológico accesible a todos.

«Permitir que las empresas del entretenimiento demanden ante la Justicia a los innovadores por cada una de las violaciones de la ley enfriará la innovación y retrasará al sector en su conjunto», estima. El veredicto del «caso Betamax nos dio la razón desde hace 21 años y las industrias tecnológica y del entretenimiento siguieron prosperando desde entonces».

En dicho caso, ventilado en la Corte Suprema en 1984, fundan sus esperanzas Grokster y Morpheus.

Mientras los estudios Universal la emprendían contra la tecnología del magnetoscopio de Sony, a la que veían como una puerta abierta a un vasto emprendimiento de piratería de video, la Justicia decidió que no había responsabilidad del fabricante. *

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