OBRA DE JOEL JOAN Y JORDI SANCHEZ, EN EL TEATRO DEL ANGLO

Excusas: una comedia vivificante

Nos referimos al común y corriente; dejemos para los festivales el fastidio que se empeña en causarnos Rodrigo García con sus caprichos y disparates o los derroches de agua de «Hybrid». Hace algunos años conocimos «Caricias» y otras obras, de las que no queremos acordarnos, de Sergi Belbel, un cultor tardío del gran guiñol; el fallecido y por nosotros siempre recordado Gustavo Adolfo Ruegger trajo en sus valijas de Barcelona una comedia de Paco Mir, que no estaba mal pero que no iba muy lejos; Alfredo Goldstein nos dio una convincente obra de Miguel Angel Morillo, «Hamlet García»; este año Júver Salcedo nos hizo conocer «Celeste Flora», un recio drama que ya comentamos en estas páginas. Ahora debemos a la fecunda inquietud de Rosita Freiría y a la Compañía Teatral Italia Fausta estas «Excusas», que son todo un acierto.

Sin exagerar sus méritos, «Excusas» se instala en nuestro teatro con rasgos muy destacados y personales. En la comparación, nuestro teatro, que supo ser innovador, parece arcaico, con sus chistes levantados de revistas viejas y que se pretende constituyen, por agregación, comedias; temas «audaces» tratados con ajenidad y hasta con mojigatería; personajes perpetuamente borrosos; lentitudes y reiteraciones exasperantes; pobre observación de la realidad que nos rodea.

Por más catalán que sea su pie de imprenta, «Excusas» es mucho más nuestra vida que, por ejemplo, «Mi muñequita» – «La farsa» o «El hueco», o «Los disfraces» o «El auto feo», que suceden en el país de Nunca Jamás, como si sus autores no pudieran ver al Uruguay de hoy. «Excusas» tiene casi todo lo que nos falta: buena observación, diálogos, ácidos y chispeantes, que suenan a cierto, personajes con una elemental si que precisa definición y sobre todo, velocidad, obtenida con un pulido trabajo de edición que no estamos acostumbrados a sobrellevar.

No hay nada extraordinario en «Excusas», pero sus elementales y básicas virtudes, bastan para convertirla en uno de los mejores espectáculos de nuestra actual cartelera. Es una comedia y muchos momentos hacen reír; en otros casi hace llorar. Cómicos y patéticos, sus personajes nos llegan al alma con su final desvalimiento, con despavorida sinceridad que, en parte, asoma al fin. Todos hemos conocido algún Cristian (Juan Antonio Saraví) todo un crack, con sus hazañas eróticas, que sospechamos tan irreales como sus triunfos en los negocios; su ex mujer Susana (Celeste Villagrán), la ejecutiva que ha resuelto todos los problemas a costa del alcohol; algún Jesús (Leonardo Franco), con su insensibilidad radical, que no ve ni las señales del amor ni las señales de desamor de Begoña (Graciela Rodríguez) que, a su vez, no sabe qué hacer con su angustia, en la encrucijada donde la han dejado un hijo que devora su tiempo, un marido inservible y un amante lejano que no colma su vida.

Omar Varela le ha dado a la obra la velocidad y el tono conveniente; en particular ha administrado, con gran precisión, el crescendo final. La interpretación es de primera, con una composición inolvidable de Saraví y una Graciela Rodríguez que ha sabido ensamblar sus mejores aptitudes  el tono y el acierto en las entradas  en un todo diferente de sus últimas presentaciones. *

 

EXCUSAS, de Joel Joan y Jordi Sánchez, dramaturgia de Pep Anton Gómez, por la Compañía Teatral Italia Fausta. Con Graciela Rodríguez, Celeste Villagrán, Leonardo Franco y Juan Antonio Saraví. Sonido de Carlos García, dirección de Omar Varela. En Teatro del Anglo, sala 2.

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