Tiene la palabra

Por la Mutualista Israelita del Uruguay

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En los periódicos de estos días puede leerse que «Por disposición judicial se rematará el predio, construcción e instalaciones de la ex Mutualista MIDU». Dicho remate se realizará el 1º de abril de 2005 sin base y al mejor postor. El edificio consta de 5 niveles situado en la calle Garibaldi 2594. Luego se pasa a detallar cada una de sus plantas, con sus sectores de Emergencia, CTI, Rayos X, Block Quirúrgico, salas de internación, área edificada sin estrenar (se refiere al Centro Materno Infantil, que se nos impidió inaugurar) y demás componentes que realzan la jerarquía del edificio. Sin embargo en esta lista no se incluye lo más importante que alberga esa entrañable edificación, porque claro está que eso no tiene valor de mercado: en el respetuoso silencio que hoy encuadran sus paredes se respira una atmósfera de dignidad, de dolorosa serenidad, y aun de satisfacción por no haber abdicado nunca de los valores que la animaron ni siquiera en las épocas de prepotencia que le tocó vivir.

La Mutualista Israelita del Uruguay era una institución de asistencia médica fundada hace 70 años por jóvenes trabajadores que llegaron del viejo mundo. Su tarea asistencial ha estado desde un principio dirigida especialmente a los sectores más desprotegidos, a los injustamente excluidos de la sociedad sean por razones económicas o políticas. Desde su origen, la institución cumplió con estos postulados tanto en épocas de bonanza, como en las otras. En las últimas décadas en condiciones difíciles se reafirmó ese compromiso histórico transmitido por sus fundadores: se suscribieron convenios con diferentes gremios, se asistió solidariamente a familiares de presos políticos, a desexiliados, a asilados políticos de países hermanos que nos eran derivados por Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados), a presos políticos liberados.

Si bien el objetivo inmediato primario fue atender la enfermedad (a veces prevenirlas) se decidió ampliar el significado de la asistencia, y pudimos ofrecer trabajo a ciudadanos excluidos por estar en la categoría «C» destinada a los «peores» según la dictadura. Solamente recordaré algunos ejemplos de esta decisión: Dr. Alberto Grille, director técnico del Casmu fue cesado en esa época, pero pudo volver a aplicar su experiencia en la Dirección Técnica, ahora en MIDU. Dr. Horacio Miraball también fue DT de la institución a pesar de la explícita advertencia del Cosena (Consejo de Seguridad Nacional) de que verían con malos ojos su nombramiento. Asimismo fueron contratados médicos de gran competencia técnica, excarcelados, sin otras oportunidades laborales. También se ofreció trabajo a dirigentes gremiales y a muchos otros ciudadanos categoría «C». Se corrían muchos riesgos, sin duda, y así nos lo advirtieron numerosos amigos, pero como se sabe: vivir es un riesgo. La actitud de MIDU representaba durante la época dictatorial la contracara conceptual del régimen imperante, el que proponía el individualismo, el sálvese quien pueda sin importar el resto, y apuntaba a un modelo sanitario basado en el lucro de los seguros privados que ya empezaban a invadirnos.

El trabajo llevado a cabo durante tantos años con tesón y bajo perfil era observado por organismos internacionales interesados en los derechos humanos. Seguramente fueron los exiliados que tenían su corazón en el paisito, quienes llamaron la atención a esas organizaciones. Lo cierto es que inesperadamente para nosotros, comenzaron a llegar desde el exterior expresiones concretas de apoyo al trabajo de MIDU; mencionaremos algunos ejemplos: -Comisión de ayuda a víctimas de la tortura dependiente de las Naciones Unidas e integrada por personalidades de los cinco continentes que colaboró con importantes sumas de dinero; -Representación diplomática del Reino de Dinamarca en Uruguay; -EZE, la Central Alemana de Iglesias Evangélicas que con una generosidad sin límites nos respaldó moral y económicamente.

El motivo común de éstas y otras instituciones que apoyaron a MIDU, fue «por vuestra defensa de los derechos humanos en el área de la salud». Estas contribuciones, en especial las de EZE y otras venidas de trabajadores de Holanda, Alemania y Dinamarca, nos ayudaron decisivamente a construir el Centro Materno Infantil que no se nos permitió inaugurar. Dichos aportes,, resultado de muchos esfuerzos, también serán rematados.

La vuelta a la democracia institucional, no cambió el modo de pensar de muchos gobernantes; tampoco el nuestro. Seguimos actuando en el entendido de que la salud es un derecho de todos y no una mercadería ni una dádiva. Esta posición chocaba de frente con la orientación de los gobiernos posdictadura. Si a eso agregamos los pecados que cometimos, durante el régimen de facto, el castigo debía ser ejemplarizante.

Es claro que la clausura de MIDU no se debió a su excelente labor asistencial ni a sus notorias aunque no insalvables dificultades económicas.

La razón que esgrimió el MSP fue «riesgo de no poder asistir correctamente». Podría compararse esta sanción a la expulsión de un deportista porque se sospecha que pueda eventualmente cometer una falta descalificadora. Fue un argumento absurdo y mentiroso, la verdadera razón fue otra: inconfesable y vergonzante que surge nítidamente del relato previo. Ni las movilizaciones de los gremios a quienes asistíamos, ni los argumentos esgrimidos por distintos grupos de socios y las propias autoridades de MIDU, pudieron torcer la decisión de cierre firmada por el presidente Jorge Batlle, el ministro de Cultura Antonio Mercader, y Fraschini, el ministro de Salud Pública. Quisieron borrar de un plumazo el trabajo de 70 años de varias generaciones.

Y entonces, después de trámites judiciales se solicita el remate de sus inmuebles.

Las palabras que relatan brevemente esta larga historia de 70 años, intentan reflejar un pasado que fue carnadura, movimiento, pensamiento y utopía, aunque ahora sólo sea un recuerdo. Visualizo ese pasado de MIDU como un símbolo de humanismo que representa todos los otros símbolos humanistas que también deberán ser reivindicados.

Hoy los tiempos han cambiado para bien y muchos integrantes del actual gobierno conocen esta historia, algunos muy de cerca y sabemos que la valoran profundamente. Por eso es que aun conociendo la titánica labor que están realizando en todas las áreas, nos permitimos preguntar: si ante la posibilidad de que un adquirente convierta ese edificio construido para la atención médica en un depósito o centro comercial u otro destino impropio, destruyendo así el valor testimonial e histórico del mismo, ¿será posible, sin violentar la ley, detener el remate fijado para el 1º de abril próximo? Algunos juristas opinan que sí.

¿Podría lograrse que esa construcción, con tanta historia de abnegación, integrara el proyectado Sistema Nacional de Salud, con lo cual estoy seguro se sentirían satisfechos los protagonistas ausentes y presentes de esta historia ejemplar de solidaridad y dignidad? Podría en definitiva darse al edificio de MIDU el honorable destino que se merece?

En este nuevo tiempo de esperanza tenemos la esperanza de que es posible.

DR. JAIME TUZMAN

 

Ministra Berrutti: ¡Menudo trabajo le espera!

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Es inadmisible que en un estado de derecho, donde se supone las personas pueden expresarse libremente se aplique una injustificable sanción (refrendada por un gobierno en decadencia) al general P
ereyra, por el simple hecho de admitir verdades en un libro de su autoría.

Se supone que quienes lo juzgaron y quienes se sintieron ofendidos por las publicaciones aludidas estaban para protegernos (de las garras del marxismo y otras payasadas que todavía hoy tenemos que oír) y defender la libertad en el país, la misma que le niegan a este general a quien obviamente no se le permite expresarse ni admitir excesos de sus colegas.

No entiendo cómo se pueden ofender si los acusan de torturadores, asesinos, violadores, y como si fueran poco saqueadores de viviendas todo esto fue acaso un invento o es la cruel realidad no reconocida por los militares que usurparon el poder. Por otra parte me gustaría saber ¿por qué no se aplicó también un tribunal de honor contra los uniformados acusados de violar los derechos humanos más allá de que la ley de caducidad impidiera juzgarlos?. Menudo trabajo le espera a la doctora Berrutti cuando afirma que quiere democratizar las fuerzas armadas y mayor control civil en los institutos de formación castrense.

La mejor de las suertes para la futura ministra sin lugar a dudas la va a necesitar.

G.A. NUÑEZ – C.I: 1.896.346-8

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