Bufidos de baguales y milongas payadoras desde hoy en las fiestas Criollas del Prado
Es en esta semana –y nada más que en esta semana lamentablemente– que los gestores de cultura montevideanos tienen en cuenta las tradiciones rurales, las faenas del gauchaje en los ruedos y el canto de sus más acérrimos y auténticos representantes, los payadores. Y aunque no es posible muchas veces disimular cierto escozor que produce que este tipo de manifestaciones culturales se manejen en áreas ajenas a la que directamente les atañe, es decir la de la cultura expresamente, de todas formas, es necesario valorar el esfuerzo y la buena voluntad de aquellos que lo hacen.
Todo dará comienzo tempranito, con el «Paseito» que la señora Teresita Minetti viene realizando desde hace ya ocho años en homenaje al «Día de la Tradición», recordatorio del nacimiento del doctor Elías Regules, que se celebra todos los 21 de marzo. De allí en más, un largo y –para nuestro gusto– demasiado heterogéneo programa de actividades tendrá lugar a lo largo y lo ancho del predio ferial ruralista, durante toda la semana, ya sea en el ruedo, en los escenarios y enramadas, en las peñas y en cada rincón del tradicional reducto de Lucas Obes y 19 de Abril.
Potros y jinetes
Los potros y los jinetes son los grandes protagonistas de estas fiestas, aunque no sean, en el caso de los gauchos, los que reciban el mejor premio por su participación (el paisano que logre ganar el primer premio en su categoría en toda la semana, luego de todo el esfuerzo, el sacrificio y los aporreos que ello significa, se llevará –con suerte si no hace alguna «extrita» de gastos en la capital para despuntar el vicio–, apenas un equivalente a alrededor de unos 400 dólares en el «capincho» para sus pagos).
Desde todo el país llegarán tropilleros con sus reservados y jinetes especialmente seleccionados en fiestas criollas regionales durante todo el año y otros paisanos a cumplir distintas tareas en el ruedo, desde la nada fácil función de apadrinador que exige una destreza especial en quien la ejerce, hasta las de agarradores, palenqueros, etc. y todos ellos deberán responder a la voz de mando del capataz de campo de las criollas, don Yeye Delgado, que lleva ya más de medio siglo participando de estos eventos.
Potros y jinetes, pues, jinetes y potros, llenarán el ruedo con un espectáculo ancestral, tan viejo como la humanidad mismo, es decir, la lucha entre la opresión y la libertad. Porque no es otra cosa este duelo entre el hombre y la bestia. El paisano que propone al bagual arrocinarse, doblegarse ante la fuerza de sus piernas y sus brazos y el potro que lucha por deshacerse de la carga, por sacarlo de su lomo, para recuperar la potestad de seguir indómito sin riendas que lo manejen ni espuelas que lo azucen.
Es quizás uno de los más hermosos –aunque brutal y a veces trágico– espectáculos. Porque además, no es como muchos pueden argumentar, despiadado como puede serlo una corrida de toros que solamente apunta a la victoria del hombre sobre el animal como una sentencia de muerte, en una lucha por demás desigual además entre uno y otro. ¡Nada de eso! La lucha entre el paisano y el bagual es una lucha entre iguales, y ambos cuentan con las mismas posibilidades de salir victoriosos sobre su oponente.
Nosotros hemos visto morir jinetes y potros en el fragor de la lucha. Y es más –y por eso la referencia a los toros y sus lidias–, mientras un matador se pasearía con la oreja de la bestia en su mano como trofeo de victoria, hemos visto más de una vez lagrimear a paisanos duros y templados en el rigor, ante el necesario sacrificio de un potro por un accidente. Y eso fue no hace mucho, aquí mismo, en este ruedo del Prado montevideano.
Payadores y milongas
Son los otros grandes protagonistas de la fiesta, los payadores, poetas repentistas llegados esta vez desde infinidad de pagos orientales, pero también desde Brasil y Argentina, proclamando la universalidad del canto improvisado.
Este año, la conducción del escenario donde actuarán todos ellos estará a cargo del poeta y también payador cerrillero –aquerenciado desde hace infinidad de años en lares maragatos– don Abel Soria, una verdadera institución y referente del tema.
Su presencia como conductor sin embargo, más allá de la satisfacción que debe producirnos por los merecimientos y la personalidad del bardo cerrillero, nos trae a la memoria a quien desde infinidad de años fuera el que ocupara ese lugar: Servando Ruiz, «El Boyero», cuya ausencia será notada más que nunca en cada uno de los rincones de este Prado, donde hasta el año pasado mismo anduvo con su presencia y personalidad pintoresca trabajando y haciendo, a su estilo, un culto de la camaradería.
Se notarán también por supuesto, ausencias recientes de grandes payadores –ni hablar de don Carlos Molina, cuyo nombre lleva el escenario–, Aramís Arellano, Héctor Guillén, Waldemar Lagos, y tantos más e incluso también la de don Felipe Luján Arellano, férreo payador y militante social que por razones de salud no podrá participar de estas jornadas.
Por el escenario desfilarán muchos de los más notorios exponentes del canto improvisado de esta parte del continente, y otros que, lamentablemente, no deberían de ninguna manera acceder a espectáculos de este nivel, y que quizás dejen de entrometerse en este tipo de eventos cuando las autoridades dispongan para los payadores a contratar una prueba de admisión previa, calificatoria, como se hace con los jinetes, los tropilleros, e incluso como también las propias autoridades municipales lo hacen con los conjuntos carnavaleros aspirantes a participar de los espectáculos organizados con ese motivo.
Pero lo que importa ahora es que todo está pronto para que se trate de jornadas brillantes porque la dedicación y el esfuerzo de los organizadores lo merece. Por supuesto, ya habrá tiempo para analizar las discrepancias –que las tenemos– sobre la forma y el cómo. Que se abran las tranqueras y empiece de una vez por todas la fiesta, que este año, además de gaucha será de la Patria Grande, que es en cierta forma una redundancia, porque no hay nada más criollo que el viejo sueño de la Patria Grande Americana. *
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