El silencio
sta disciplina, de presunta connotación espiritual, ha construido a través de la historia algunas alianzas de poder entre organizaciones religiosas y terribles regímenes autoritarios.
En «El silencio», el periodista e investigador argentino Horacio Verbitsky denuncia con trazo osado y contundente y abundantes pruebas testimoniales la complicidad de la Iglesia con la dictadura genocida que asoló a su país.
En su estremecedor relato, el autor describe inicialmente el viaje de un grupo de prisioneros esposados y encapuchados a bordo de una barcaza custodiada por efectivos de la armada argentina, rumbo a «El silencio», una isla situada en el Delta del Tigre, que fue residencia de descanso del Arzobispo de Buenos Aires.
Allí fueron trasladados, en 1979, los últimos presos políticos que permanecieron detenidos en la tenebrosa Escuela de Mecánica de la Armada.
A los efectos de situar al lector en el contexto de lo que estaba sucediendo en esa época en el vecino país, Verbitsky recurre a la primera referencia testimonial, en torno a la liberación de una presa política montonera, Graciela Daleo.
La víctima fue sometida a horribles martirios en la escuela de terror del demente torturador Emilio Massera, que por entonces era el comandante de la Armada e integrante de la junta militar golpista que asolaba a la Argentina.
La narración del episodio no deja ninguna duda acerca de la participación de la Iglesia Católica directa o indirecta en el aparato represivo que cometió toda suerte de vejámenes contra la población civil.
Fiel a su estilo punzante pero siempre minucioso, Horacio Verbitsky publica fragmentos de una entrevista realizada a monseñor Emilio Teodoro Graselli, secretario del cardenal Antonio Caggiano.
Con el propósito de reconstruir el proceso contemporáneo de alianza entre los militares y el clero argentino, el autor investigó la llegada, en 1958, de una delegación de la Cité Catholique, una organización de ultraderecha que era un retoño de L`Action Française.
El autor denuncia los espurios vínculos entre estos movimientos internacionales y la OAS, célula terrorista de inspiración fascista, que jamás aceptó la retirada francesa de Argelia.
Varios integrantes de ese movimiento clandestino, con la complicidad de religiosos, se exiliaron en la Argentina a comienzos de la década del sesenta del siglo pasado. Uno de ellos fue el coronel Jean Gardes, que fue precisamente asesor en técnicas antisubversivas de la armada.
A partir del primigenio consuno entre militares y católicos, se inició una cruzada contra los «infieles», una suerte de «guerra santa» al comunismo y otros grupos de izquierda.
El periodista e investigador denuncia con abundantes detalles la purga de sacerdotes tercermundistas practicada por las jerarquías eclesiales en los años previos al golpe de Estado, intentando cortar de raíz la aplicación del evangelio social proclamado por el Concilio Vaticano II.
La pluma del autor se desliza por las pestilentes alcantarillas de la mentira y el doble discurso, al reconstruir la preparación del alzamiento militar, que fue «bendecido» por la Iglesia.
Obviamente, describe la salvaje «cirugía» practicada en los días siguientes a la ruptura institucional, cuando se operaron masivas detenciones de religiosos renovadores, por parte de las fuerzas de tareas de la ESMA.
También reconstruye el auténtico calvario de miles de presos políticos que padecieron detención e interrogatorios, en los que fueron cruelmente torturados y hasta asesinados.
Verbitsky aporta numerosos testimonios de víctimas sobrevivientes, que corroboran los indudables vínculos entre monseñor Jorge Mario Bergoglio hoy cardenal designado por el Papa Juan Pablo II y el comandante de la armada de la época, Emilio Massera, una de las figuras más siniestras del régimen dictatorial. El religioso que fue entrevistado para este trabajo- es acusado por numerosas víctimas de ser un «entregador»
Durante la pesquisa, el escritor lograr determinar las responsabilidades de numerosas autoridades eclesiásticas, en la intimidación de las víctimas que denunciaban la violación de los derechos humanos en esos tiempos de plomo.
Según los testimonios, los religiosos acusados de colaborar con el régimen solían informar a los familiares sobre el paradero de los detenidos, siempre con precisión y lujo de detalles. Muchos de esos presos que habían sido previamente secuestrados, figuran actualmente en la nómina de desaparecidos.
Mientras construye el cuerpo de la denuncia como si se tratara de un mosaico, Horacio Verbitsky acumula múltiples referencias a operaciones del aparato armado de la ESMA: secuestros, desapariciones y otros atropellos perpetrados por la dictadura que asoló al hermano país del Plata.
En los casos citados siempre aparecen de uno u otro modo relevantes figuras de la Iglesia que desempeñaron un importante papel en la compleja red de complicidades de la dictadura.
Los testimonios de los implicados, que en su mayoría niegan las acusaciones, no reducen su responsabilidad, que está determinada por investigaciones y pruebas concluyentes.
En referencia a la severa purga practicada dentro de la propia Iglesia, el investigador reflexiona que la opción por los pobres se transformó en una alternativa muy peligrosa para cientos de católicos tercermundistas.
La mayoría de ellos fueron perseguidos por cumplir cabalmente con los mandatos del Evangelio, esas santas escrituras recurrentemente invocadas por los propios militares golpistas y sus cómplices civiles.
El autor documenta muchas de las denuncias, para corroborar la culpabilidad de monseñor Bergoglio, que según la información aportada por el libro colaboró activamente en la represión de los católicos «rebeldes».
En otro tramo de su reveladora obra, el escritor refiere a los programas de «reeducación» de la dictadura inspirados en la experiencia francesa en Argelia, como parte de la prédica de la Iglesia tendiente a recuperar a las «ovejas descarriadas» que habían abandonado el rebaño.
Ese proceso, que tenía como propósito socavar la voluntad de los prisioneros, trabajaba particularmente el aspecto psicológico. El objetivo era borrar el espíritu solidario, fortalecer el individualismo y extirpar todo vestigio de ideología.
Las víctimas que eran detenidas y recluidas en centros de represión, padecían también diversas estrategias de manipulación afectiva y presión emocional.
Los testimonios recabados e incluidos en este documentado libro, demuestran contundentemente otras fechorías cometidas por criminales uniformados de la temible ESMA. Además de matar, torturar y violar, tal cual sucedió en nuestro Uruguay en los tiempos oscuros, estos delincuentes con poder solían robar el dinero y las pertenencias de sus víctimas.
Incluso, en algunos casos, no dudaron en adulterar documentos y títulos de propiedad, para apropiarse de bienes de opositores y venderlos o usufructuarlos en beneficio propio.
Horacio Verbitsky evoca la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realizada a la Argentina en 1979, así como la bien planeada estrategia del régimen para refutar las acusaciones y hacer desaparecer las pruebas de las aberraciones cometidas. Con ello se procuraba evitar que se investigara y la eventual censura del gobierno del por entonces presidente norteamericano James Carter.
Para afirmar la tesis central de este libro, el periodista recuerda los documentos del Departamento de Estado norteamericano desclasificados en 2002, que confirman los vínculos entre la Iglesia y la dictadura argentina y hasta la amistad e
ntre el nuncio apostólico Pío Laghi y el almirante Emilio Massera.
Ambos fueron figuras clave en la compra-venta de la isla «El silencio», que fue una fraudulenta operación inmobiliaria destinada al «blanqueo» ante la comunidad internacional, de algunos horrores perpetrados por la dictadura.
Este libro es un testimonio contundente y demoledor, acerca del calvario padecido por miles de presos políticos argentinos durante el período autoritario, muchos de los cuales fueron desaparecidos o asesinados.
Simultáneamente, corrobora con profusión de pruebas y testimonios los inequívocos vínculos entre la Iglesia y los criminales de la pesadillesca Escuela de Mecánica de la Armada.
La obra coadyuva a la recuperación de la memoria colectiva sobre los tiempos más oscuros de la historia reciente de la Argentina, cuando en nuestro Uruguay también padecíamos un régimen autoritario que conculcó derechos y cometió aberrantes atrocidades.
(Editorial Sudamericana)
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