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Tal puede ser el caso, por ejemplo, de Veloces y mortales (Highwaymen) un vertiginoso ejercicio de acción y suspenso dirigido por Robert Harmon (cineasta que ya ha presentado atendibles credenciales con The hitcher). La propuesta marca un duelo a muerte entre un psicópata del volante y viudo que desea vengar el asesinato carretero de su difunta esposa. Filmado con eficiente profesionalismo, el largometraje juega sus mejores cartas en varias escenas «on the road» donde un misterioso Cadillac El Dorado de 1972 elige sus víctimas al azar. Para incondicionales de las emociones fuertes.
Menos contundente resulta Sed de venganza (Doing hard time), un ejercicio policial escrito y dirigido por Preston A. Whitmore II sobre justicia por mano propia en una cárcel de alta seguridad donde ingresa un reo dispuesto a vengar la muerte de su hijo por parte de un narcotraficante también recluido en dicha prisión.
Quizás Identidad alterada (Unstoppable) de David Carson pueda considerarse un trhiller más sólido en su estructura narrativa. Protagonizado por Wesley Snipes, el largometraje da cuenta de un ex integrante de las fuerzas especiales del ejército que, al ser confundido con otra persona, recibe una dosis inyectable de una poderosa droga alucinógena. Dicha sustancia convierte la mente del individuo en una esponja que absorbe órdenes o sugerencias y las «convierte» en aterradoras realidades.
Lo interesante del filme es el juego de imágenes que la narración establece entre la «realidad real» de los acontecimientos y las pesadillas interiores del protagonista a través de un pulido trabajo de ensable. Un título que no defraudará a quienes busquen alguna novedad dentro del género de acción.
Ahora, si el espectador en potencia está buscando una opción diferente y jerárquica, no cabe duda que El señor Ibrahim y las flores del Corán (Monsieur Ibrahim) del director galo Francois Dupeyron es un título insoslayable. Protagonizado por Omar Shariff, el relato se estaciona por la década del 60 en un barrio obrero de París donde un joven huérfano entabla amistad con el dueño del almacén situado frente a su casa.
De esta relación entre dos seres tan diferentes (un anciano viudo musulmán y un adolescente amante del twist) surge un cuadro poético que el cineasta sabe aprovechar en cada fotograma. Sin sensiblerías ni golpes bajos, esta «educación de vida» logra momentos intensos, apoyados en diálogos de excelente nivel escritos por el propio Dupeyron junto a Eric Emmanuel Schmitt, autor de la novela en que se basa el filme. De paso, Shariff nos ofrece lo que probablemente sea la mejor actuación de su trayectoria cinematográfica.
El largometraje en cuestión viene avalado por diversas distinciones que incluyen el Premio de la Audiencia, el Premio al Mejor Actor y el León de Oro del Festival de Venecia 2003, entre otros. Imperdible. *
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