Una avalancha de cine de calidad
El festival se inaugurará oficialmente con la exhibición en el horario central de Cinemateca 18 del filme Saraband, último trabajo del maestro Ingmar Bergman. Con Erland Josephson y Liv Ullmann en los mismos papeles que interpretaran hace treinta años en Escenas de la vida conyugal.
Otro de los títulos llamativos de los comienzos puede ser el filme argentino Whisky Romeo Zulú, que será presentado por su propio autor Enique Piñeyro, una crónica con ribetes autobiográficos y una cuota de ficción acerca de las circunstancias que condujeron al accidente del avión de LAPA que cayó en julio de 1999.
Esas son, de todas maneras, algunas de las puntas del iceberg. La programación de este año incluye más de ciento sesenta largometrajes, entre ellos unas noventa ficciones provenientes de una treintena larga de países, más un número similar de cortos, documentales y videos. Al material a concurso y las muestras paralelas integradas por los largos hay que incluir una serie de monográficas que iluminan sectores particulares del cine: el descubrimiento del canadiense-libanés Jayce Salloum, un experimentalista que importa; un grupo de filmes premiados por Fipresci (La Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica); una selección de filmes venezonalos recientes bajo el rótulo Focus Venezuela, que reitera una tendencia del festival a ocuparse, cada año, de un país laltinoamericano en particular; una retrospectiva-homenaje al cineasta, también venezolano, Román Chalbaud, un programa de cine gay y lésbico bajo el rótulo Diversa; un grupo de trabajos seleccionados de estudiantes de escuelas de cine; el clásico Espacio Uruguay, con una treintena larga de videos nacionales recientes elegidos entre casi setenta que se presentaron a concurso.
Veintitrés años del Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay pueden demostrar muchas cosas. Pero si se comparan los primeros festivales y éste que ahora presentamos, se advierte que hace dos décadas se trataba de descubrir o de hacer conocer y apreciar autores que pronto se supo eran los más relevantes del cine de ese momento: Tarkovskii, Zanussi, el Wajda más incisivo, los españoles de la apertura democrática, los latinoamericanos de la resistencia cultural, y tantos otros. Sus equivalentes, hoy, en un momento histórico diferente, durante el cual se procura uniformizar la cultura sobre un modelo hegemónico, son por cierto diferentes de quienes hace veinte años renovaban creativamente el cine. Hay ahora quizás un mayor escepticismo, una desesperanzada visión de la gente, el mundo o los sentimientos. Pero este nuevo cine, sin ninguna duda, es el que corresponde a nuestros tiempos, y no, de ninguna manera el bombardeo industrial de objetos homogéneos para mejor consumo masivo, sin sensibilidad o reflexión despiertas. Es posible que este nuevo cine inquiete a muchos, pero está bien que así sea. El arte, el cine, siempre fue un removedor, y lo seguirá siendo mientras exista imaginación, sensibilidad e inteligencia en las sociedades. Y mientras exista el respeto democrático a esos diferentes. Por eso, brevemente, ahora más que nunca, creemos que este Festival absolutamente independiente y construido a pulmón y a la uruguaya, es necesario, gratificante, entusiasmante, enriquecedor. Si algo de esto se logra, será una satisfacción compartida, a pesar de todas las dificultades, que son conocidas, con que Cinemateca Uruguaya lo realiza. *
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