"El viaje a Bountiful", en el teatro Victoria
El largo regreso a casa. Carrie (Raquel Gutiérrez) se lleva mal con su nuera Jesse Mae (Martha Vidal) en tanto su hijo Ludie (Claudio Capucho) trata de mantener el delicado equilibrio.
La señora mayor tiene sus insomnios y sus rarezas; emprende un viaje a sus orígenes, en un lugar llamado Bountiful, palabra que, en tanto es un sustantivo, deberíamos traducir por «plenitud».
«Lejano infancia paraíso cielo / oh perdido perdido paraíso» (Idea Vilariño). Hoy sabemos que todos los paraísos son paraísos perdidos; pero Carrie quiere peregrinar a sus fuentes en busca de la plenitud, real o imaginaria de los «años felices», para encontrar en la dulce fruta la misma semilla amarga. Toda una mitología; propulsada, sin quererlo, por obras tan admirables y conmovedoras como «Sylvie» de Gérard de Nerval, «En busca del tiempo perdido», «Dominique» de Fromentin o «Sido» de Colette.
«El viaje a Bountiful» es de 1953, y se nota; rezuma la lectura y casi la adaptación de aquel movimiento literario que se llamó «la rebelión de la aldea», y que produjo obras tan notables como «Winesburg, Ohio» de Sherwood Anderson o «The Spoon River Antology», de Masters y que se prolongaría en el Yoknapatawpha de Faulkner, «Peyton Place» de Metalious (1956), se vería en el cine con «La última película» de Bogdanovich, en el teatro con «Nuestro Pueblo» de Thornton Wilder, en nuestras letras con el Macondo de García Márquez y la Santa María de Onetti. En ese contexto, y a pesar de una factura profesional y los cuidados pero nada inspirados diálogos, «El viaje a Bountiful» aporta muy poco. Nada aporta al uruguayo de hoy; poco o nada al norteamericano de hoy, que vive en un mundo atravesado por asiáticos e hispánicos que está a punto de no reconocer. Hemos oído, con asombro, comparar a Horton Foote con Arthur Miller y Tennessee Williams; posiblemente pueda equiparárseles y hasta sacarles ventaja en materia de cantidad de obras, entre libretos y comedias; pero basta escuchar quince minutos los apenas correctos diálogos de «El viaje a Bountiful» para advertir que esta tardía exhumación, convenientemente posterior a la caducidad de los derechos de autor, no se justifica mayormente. Pero la elección del repertorio por los elencos locales es un enigma; creemos que es también un enigma para ellos mismos.
La obra está correctamente puesta en escena por Gloria Levy, que quizás haya querido dar un paso más allá de «Rifar el corazón» de Dino Armas, con la que se estrenó como directora. La interpretación es adecuada y sin inspiración; sobresale Martha Vidal, a quien no veíamos desde una desafortunada reaparición en «El Tinglado» con «Mujeres de segunda mano» (2002), «actuación» que hemos tratado en vano de olvidar y que había sido precedida de dos obras de calidad, como «Las artiguistas» de Milton Schinca y «Crónicas de días enteros y de noches enteras» de Durringer. *
EL VIAJE A BOUNTIFUL, de Horton Foote, por el grupo «Nosotros’, con Raquel Gutiérrez, Claudio Capucho, Martha Vidal, Carolina Cerrutti, Carlos Morán y Luis Alberto Espeleta. Escenografía de Raúl Acosta, vestuario de Ana Arrospide, iluminación de Ruben Vieira, ambientación y selección musical de Ugo Ulivi, ambientación de Enrique Codesido, dirección general de Gloria Levy. En teatro Victoria.
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