EL REENCUENTRO CON EL GRUPO OPA SERA EL PROXIMO MIERCOLES EN EL TEATRO SOLIS

La persistencia de la memoria

Una savia poética inagotable con una musicalidad proveniente de una fusionada textura conmovedora derivó allá, por los setenta, en el comienzo del grupo Opa. Rondaban por la vuelta Psiglo, El Kinto, Días de blues y el ojo poético del irresistible Eduardo Mateo. Opa logró que cada presentación fuera un verdadero festejo de la música popular uruguaya. En Buenos Aires lograron la adhesión de algunos «fans» y se presentaron junto a Milton Nascimento, Hermeto Pascoal, Herbie Hancock y Jaco Patorious entre otros. Desde su lugar, sugirieron intensidad, vuelo interpretativo, una inusitada precisión acompañando el personal estilo de fusionar jazz, bossa nova o candombe destilando el sabrosísimo nivel compositivo y de improvisación (a piacere) que Opa bien sabía aclimatar.

La pregunta del millón entre sus seguidores siempre mantuvo protagonismo: «Y Opa, ¿cuándo vuelve?». La respuesta es, señoras y señores, Opa vuelve con todo. El próximo 16 de marzo a las 21.30 en el reformado Teatro Solís se presentará luego de treinta años de silencio el trío Opa. El virtuosísimo instrumental Hugo Fattoruso adelantó detalles del espectáculo. Es el reencuentro largamente esperado tanto por músicos como por sus seguidores. Una fisura pendiente en nuestra memoria que todos esperábamos, ya que resulta emotivo y reconfortante saber que se reinyectará una energía que se creía perdida y la esperanza de que algún día volveríamos a reunirnos en una fiesta de tal calibre. Vuelve Opa. Casi nada, che.

–¿Aquellos comienzos espasmódicos de Opa fueron en Nueva York?

–Sí, Ringo Thielman ya vivía allá, en Nueva York y mi hermano y yo vivíamos en Buenos Aires. Después de que se separó el grupo Los Shakers me llamó para formar un trío y fuimos sin saber nada de lo que iba a pasar. Así fue como empezamos con Opa.

–¿El estilo musical de Opa fue como una marca patente y generacional que ha influido en las fusiones musicales de la música nacional de nuestros días?

–(Risas) Eso dicen. Se comenta. Escuché por parte de varios músicos decir «cuando yo era chico escuchaba Opa y me gustaba». No sé si pienso realmente eso, pero sí lo escuché.

–¿Y si escuchás la música nacional actual notás en la textura musical la inevitable influencia de los setenta en sus composiciones?

–Te soy sincero, conozco muy poco de la música de ahora. Escucho música folclórica, música regional. «Del planeta» no sólo de este país. La música de venta no me interesa. En una época me interesaba escuchar jazzistas o instrumentistas y hace como treinta años dije, no escucho más, porque en vez de ayudarme me disminuía las ganas. Viajo con la música que estoy componiendo o escribiendo. Puede ser música de Japón, India, Hawai, Finlandia, Venezuela o Brasil, la mayoría de los discos que yo tengo son músicos que no tienen auto, no tienen dientes, no tienen ropa, eso es lo que yo escucho. Y no sé cómo buscarlos, lo hago al tanteo, porque no sé ni quiénes son ni cómo se llaman, los encuentro en tiendas de quién sabe qué lugar. Es gente con otra actitud.

–¿Eso buscaban transmitir en Opa, una actitud estilística más amplia?

(risas) En Opa éramos unos desorejados, yo ahí tenía 26 años.

–Rebeldes con causa…

–Y… más o menos, algo sí, el tema es que proveníamos de una epoca más tranquila. La rabia nuestra no se notaba tanto, nos divertíamos sanamente.

–No era la rabia de «dientes apretados» como en la posdictadura por ejemplo

–Mirá, nosotros salimos de estas latitudes cuando se armó todo el desastre. Creo que yo estaría muerto si no hubiese sido de esa forma.

–¿Por qué?

–A mí me hierve la sangre, y la única forma de aplacar ese sentimiento es haciéndole frente a las cosas. Fue horrible lo que pasó, y todavía se vive algo de eso.

–Goldewings (1975) y Magic Time (1976), ¿resultan si miramos hacia atrás milagros discográficos para la época y a su vez un container de gratos recuerdos?

La experiencia con esos discos fue increíble, no sé ni siquiera si fueron editados acá en Uruguay.

–¿Y en Estados Unidos cómo fue el recibimiento?

Fue lento pero perecedero. Yo viajo mucho por el planeta, y siempre en algún lugar aparece alguien con algún vinilo de Opa, sea músico o un simple hincha. Aquí en Uruguay es como tener un poquito de viento a favor por el hecho de ser uruguayos que estaban grabando en el exterior. Antes estaba en Argentina y cantaba en un seudoinglés que imitaba a un grupo sajón. Con Opa no cometimos el mismo error, grabamos a nuestra manera música montevideana. Saben que no es jazz, pero sí lo contiene, eso llama mucho la atención. Nosotros tocamos fusión de fusiones. Pasados treinta años las cosas las hacemos con más atención y celo, o recelo.

–Después de treinta años y haber trepado a tantísimos escenarios, ¿las piernas siguen temblando?

–(risas) Sí, claro. Los años te foguean y me proporcionaron varios aprendizajes. En primer lugar me dieron seguridad. Cuando subo estoy muy seguro, pero porque estudié. Cuando voy la tengo segura. Pero al mismo tiempo me pongo un poquito nervioso, hasta el primer tema, después de que arranca paso a un automático-pasivo y agradable.

–Cada uno adicionó al grupo desde sus previos conocimientos musicales una especie de plus estilístico…

–Sí. En este trío es muy particular la batería de Osvaldo y el bajo de Ringo.

–Siempre fue notorio por parte del público uruguayo el nostalgioso deseo de que Opa volviera a escena. ¿Cómo lo viviste durante estos años de alejamiento?

–La gente siempre nos dice: «¿cuándo tocan?». Ringo visita Uruguay todos los años, y esta vez como que afloró algo distinto, un sentimiento distinto. Por lo que tuvimos que pedir ayuda para que alguien nos organizara un recital porque son cosas que nosotros no acostumbramos hacer.

–¿Opa es como una cuenta pendiente, un antojo que estaba latente en tu carrera musical?

–Sí, porque está bueno que Opa toque. Está bueno porque por lo menos estamos los tres vivos y es una forma también de festejarlo después de tantos años. Por eso está bueno.

–Luego de haber transitado un largo sendero musical, si mirás hacia atrás, lo construido y lo que en el camino se derrumbó, ¿qué podés percibir? ¿Treinta años no es nada?

–Treinta años no es nada, son treinta minutos. Sirvió para que pudiera estar más atento a lo que hago hoy. O sea, salir a hacer lo mejor que pueda, pero porque estoy seguro de mi preparación. Que es la base de todo, ya sea para ser carpintero o zapatero, para ser músico se necesita la misma dedicación y preparación. Creo que es bueno volver. ¡Fijate qué espectacular sería que volviera a tocar Tótem o El Kinto!

–¿Los Fattoruso son multiinstrumentistas?

–Sí, pero caseramente. El instrumento que yo estudié es el piano y sigo haciéndolo. Si no siguiera estudiando, no tocaría más. En casa toco un poquito la guitarra, un poco de acordeón, bajo y algo de percusión.

–Y a Rubén Rada ya lo conocían desde Hot Blowers…

–Sí, él estaba en esa orquesta donde también estaba Cacho de la Cruz que tocaba el trombón. Rada cantó durante varios años ahí y mi hermano tocaba la batería, en esa época Osvaldo tenía trece años, yo dieciocho y vos ni siquiera eras nacida (risas). Rada era flaquito, flaquito, y ahora… (risas).

–¿Qué se promete par
a el show en el Teatro Solís?

–El grupo invitado es Mukunda, un grupo que toca percusión no erudita, o sea, percusión popular. Sus arreglos y sus resultados son muy sofisticados. A mí siempre me gusta que haya dos grupos en una presentación, uno solo es como medio plomazo.

Y Opa invitó también a dos músicos que van a estar junto con nosotros durante el concierto, que son: Federico Navarro en guitarra y Pablo Soma en flauta. Y la cuerda de tambores que también nos va a acompañar es de Fernando «Lobo» Núñez.

–Entonces, ¿Opa ahora tiene cuerda para rato?

–Pienso que Opa ahora pueda tocar aquí en Montevideo y en Buenos Aires por lo menos una vez cada dos años. Sí, me parece una buena idea. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje