La historia del loco
Desde tiempos inmemoriales, la locura ha sido uno de los enigmas más angustiantes y a la véz más fascinantes a los que se ha enfrentado el ser humano.
Temida por algunos e idealizada por otros, esta patología ha sido puesta bajo la lupa de médicos, psicólogos, sociólogos y aún religiosos.
Como todo aquello que despierta razonable inquietud y temor en el ser humano, la demencia ha sido materia prima exitosa y taquillera para todos los géneros artísticos, siendo particularmente explotada por la literatura y el cine.
La relación entre la locura y la genialidad ha sido también un tópico de referencia para los especialistas, que ha inspirado tanto al debate cuanto a la creación intelectual.
Hasta tal punto sigue atemorizando y fascinando en idéntica proporción, que – en muchos casos – ha oficiado de eficaz plataforma para el éxito de supuestas genios, que privilegian su supuesta demencia en detrimento de la originalidad o la calidad creativa.
De algún modo, «La historia de un loco», del exitoso novelista John Katzenbach, es una confirmación de esa tendencia a explotar los fantasmas que subyacen en la mente humana.
Como se recordará, el autor ya abordó el tema en su novela de suspenso anterior, «El psicoanalista».
Evidentemente, el éxito de su obra anterior resultó determinante en la decisión del escritor de seguir transitando los laberintos de seres desequilibrados. Con esta nueva entrega, Katzenbach vuelve a fascinar a los incondicionales del género.
En esta oportunidad, el propio protagonista de la historia es un equizofrénico que se encuentra en pleno proceso de recuperación, luego de permanecer internado durante veinte años, en una clínica especializado en trastornos de esta naturaleza.
Habiendo memorado notoriamente de su patología, Francis – así se llama precisamente el personaje – intenta retomar una vida normal, pese a la voluminosa medicación que debe ingerir, no sólo para controlar adecuadamente su enfermedad sino también para atenuar los efectos de otros fármacos, en una suerte de diabólico círculo vicioso.
De todos modos, Francis se reintegra paulatinamente a la sociedad, vive solo aunque con permanente supervisión y procura sepultar en definitivamente su pasado de angustia y demencia aguda.
Sin embargo, la memoria de los tenebrosos días padecidos en aquella institución para enfermos mentales ha vuelto a atormentarlo, luego de recibir una invitación para asistir a la clausura de su viejo hospital psiquiátrico.
Esta experiencia supone – en cierta medida – la recreación de una auténtica pesadilla, que lo hizo descender a un abismo tan terrible como insondable.
Transitando siempre en la frontera de la cordura y la locura, el protagonista de esta historia inquietante decide acudir al encuentro, que le deparará situaciones indeseadas.
Mientras el joven permaneció internado en el sanatorio para enfermos psiquiátricos, ocurrió un horrendo y nunca aclarado episodio: el cruel asesinato y mutilación de una mujer.
El homicidio no había sido debidamente investigado por las autoridades policiales, quedando siempre la sospecha que no existía demasiado interés en esclarecerlo.
Los empleados del hospital así como los demás internos, guardaron un celoso secreto. Sin embargo, Francis siempre supo la verdad y jamás la exteriorizó por temor a eventuales represalias.
Con voces aún subyacentes en el interior de su atribulada mente, el personaje siente íntimamente la necesidad de coadyuvar a arrojar luz sobre el terrible crimen.
Con una intriga bien construida pero nada alejada a los caminos más trillados del género, Katzenbach no pone demasiado empeño en la creación de su personaje protagónico.
«Historia del loco» discurre entonces por los reiteradamente transitados territorios del la novela policial, constituyéndose en una lectura liviana, de fácil asimilación e ideal para quienes sólo aspiren a un momento de esparcimiento.
El propio tema hubiera requerido un abordaje bastante más profundo, con personajes de mayor intensidad dramática y una tema más inteligente. Ello, obviamente, no sucede.
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