La democracia en América Latina
En «Democracia en América Latina», veintisiete políticos, politólogos, economistas, sociólogos y antropólogos analizan minuciosamente el paisaje institucional de nuestro continente, a veinte años de la restauración de los regímenes representativos.
En uno de los cinco prólogos de presentación de esta obra de más de cuatrocientas páginas, el presidente de Chile, el socialista Ricardo Lagos, valora los importantes avances logrados durante las dos últimas décadas en la consolidación de la democracia en nuestro continente.
Sin embargo, el gobernante advierte sobre las vulnerabilidades y riesgos emergentes de algunas demandas insatisfechas y los cuadros de pobreza y desigualdad social que siguen pautando el escenario latinoamericano.
A los efectos de contextualizar adecuadamente el tema, Lagos evoca la hoy extinta guerra fría, el pasado autoritario – que en el caso de su país adquirió dimensiones dramáticas – y la necesidad de seguir restañando las heridas del pasado.
Convoca, asimismo, a construir sociedades más solidarias y a la urgente corrección de inequidades exasperantes.
Por su extensión, la obra resulta naturalmente inabarcable en su totalidad, por lo que hemos seleccionado para su análisis, los ensayos a nuestro juicio más relevantes y significativos.
Iniciando el primer bloque intitulado «Política para la democracia», Marco Aurelio García, asesor en política internacional del presidente brasileño Luiz Inácio «Lula» Da Silva, analiza las nefastas consecuencias de los modelos desarrollistas de las dictaduras y los «paraísos» artificiales de los años noventa. El especialista critica ácidamente al neoliberalismo, afirmando que para alcanzar la justicia económica, es indispensable profundizar la democracia política.
Por su parte, el ex presidente socialista español Felipe González fustiga el repliegue del Estado de sus funciones insoslayables, así como los programas de ajuste y las políticas proteccionistas, que tienen efectos devastadores sobre las economías emergentes.
Otro enfoque singularmente valioso es el de Cándido Grzybowski, del Foro Social Mundial, quien denuncia el frecuente divorcio entre las estructuras políticas y los movimientos sociales. Valora, en ese contexto, el trascendente rol de la sociedad civil y los movimientos sociales en la construcción de una democracia auténticamente participativa.
El sociólogo chileno Manuel Garretón pone bajo su lupa la crisis de representatividad de los partidos políticos y su insustituible papel en las democracias recuperadas.
Por su parte, el español Manuel Alcántara Sáez, de la Universidad Complutense, aporta una visión diferente de la estructura de los partidos, desde el ángulo del ejercicio del poder en beneficio propio, las prácticas clientelares y la corrupción.
Rosario Green, ex canciller de México, trabaja el tema de las frustraciones colectivas y el frecuente desencanto con la democracia, el que atribuye a la falta de atención de las demandas sociales.
En la segunda parte de esta extensa obra intitulada «Estado para la democracia», Guillermo O´Donnell analiza el papel del Estado como construcción simbólica y síntesis de las identidades nacionales.
También elabora diez tesis para avanzar en la abolición de la exclusión social y el fortalecimiento de las estructuras del Estado como herramientas de democratización.
Fernando Calderón, sociólogo de la Universidad de Catalunya, asume a su vez el análisis del debilitamiento del Estado – Nación, como directa consecuencia de la mundialización.
En tal sentido, enfatiza –con un sesgo bien crítico– la dicotomía entre la restauración de las democracias políticas y la instalación de los modelos neoliberales en el continente americano.
El tema amerita un profundo análisis de la politóloga brasileña Lourdes Sola, que aborda el tema de la recurrentemente invocada estabilidad económica como construcción doctrinaria de los tecnócratas y el débil equilibrio entre la confianza de los mercados y las demandas sociales casi siempre insatisfechas.
Un enfoque radicalmente diferente pero no menos valioso para el contexto de esta obra, es el del antropólogo holandés Willem Assies, quien aborda la vinculación entre la democracia y la América indigena y multicultural, desde el ángulo de la igualdad de derechos y oportunidades.
Otro aporte diferente que atañe igualmente a la globalidad de este conjunto ensayístico, es el del politólogo Eduardo Gamarra, quien se introduce en el escabroso tema del tráfico de drogas como eventual factor generador de desestabilización institucional y violencia social y policial.
El arzobispo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Julio Terrazas, aporta su visión desde la Iglesia Católica, acerca de los dramáticos problemas sociales del continente.
En tal sentido, critica la aplicación de las habituales políticas de ajuste, los discutibles éxitos macroeconómicos y el crecimiento de la exclusión que padecen millones de latinoamericanos.
El ex presidente de Ecuador, Osvaldo Hurtado, analiza la crucial vinculación entre la democracia y la cultura, así como la cultura política, los valores y el siempre subyacente componente autoritario.
En el tercer segmento de este libro, cuyo título es «Economía para la democracia», el investigador francés Jean Paul Fitoussi aporta otra ensayo novedoso, por representar la visión de América Latina desde Europa.
En tal sentido, el especialista analiza la experiencia neoliberal en el mundo desarrollado, cuya práctica difiere de lo que sucede en nuestro continente.
En ese contexto, ensaya una profunda lectura acerca de los conflictos e incompatibilidades que existen entre la democracia y los mercados, afirmando que el Estado siempre debe representar un freno a los excesos del capital trasnacional.
Por su parte, el economista colombiano José Antonio Ocampo corrobora el proceso de descaecimiento social que siguió a la caída de las dictaduras y el desencanto con ciertos modelos democráticos que no han logrado colmar las expectativas de las grandes mayorías despojadas por el capital.
Prueba, con rigurosos datos estadísticos, que durante el siglo pasado, el crecimiento económico de los países americanos coincidió con las época en que los procesos tenían una fuerte participación estatal.
El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz aporta, desde los Estados Unidos, una visión muy crítica de los modelos aplicados en las naciones emergentes. En tal sentido, afirma que dichas recetas jamás serían admitidas en su país.
Afirma que mientras el Fondo Monetario Internacional le recomienda a sus clientes diversos ajustes fiscales, bajas tasas de inflación y privatización de empresas, ese criterio no se aplica en los países desarrollados.
Por su parte, el economista uruguayo y presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias, considera que la democracia es una condición indispensable para el desarrollo y la posterior redistribución de la riqueza.
En la cuarta y última parte de este libro intitulada «Globalización y democracia», el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, trabaja su análisis desde las perspectivas del centro político.
En tal sentido, su abordaje se sitúa entre el papel del Estado y la necesidad de no renunciar a algunos cometidos insoslayables y el logro de mayor dinámica y eficiencia, sin descartar algunas privatizaciones.
No obstante, critica las políticas proteccionistas aplicadas por los grandes bloques económicos y la especulación financiera.
Otros aportes que ameritan una atención particular son los del ex canci
ller argentino Dante Caputo, del secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria, el catedrático y embajador brasileño, Ruben Recupero y el ex embajador colombiano, Augusto Ramírez Ocampo.
«La democracia en América Latina» es un extenso conjunto ensayístico, que aporta diversas claves para la interpretación de la evolución institucional en nuestra América Latina.
Obviamente, por tratarse de personalidades independientes entre sí, los abordajes tienen diferentes lecturas del fenómeno de la democratización americana. Sin embargo, la mayoría de ellos coinciden en la necesidad de profundizar la atención a los temas sociales, tan dramáticos y acuciantes en la región.
De todos modos, más allá de consensos y disensos, este libro aporta elementos sustanciales al debate en torno a nuestro futuro, en un mundo despiadadamente colonizado por la globalización económica, el poder de los mercados y la especulación financiera.
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