Tiene la Palabra
A quien corresponda o le interese una historia de estos días
Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens
* Tal vez usted no lo sepa. Puede y debe de haber muchas cosas que usted no sabe. Y ese no es el problema. El problema es, y serio por cierto, que lo que no sabe no lo quiera aprehender, y sobre todo, en la circunstancia probable de que deba o quiera opinar sobre el asunto en cuestión.
Y eso es algo que antes no me preocupaba porque sabía lo que podía esperar de las jerarquías. Pero ahora que se instala una época de cambios para el país -y ojalá así sea- adquiero el irreverente temor a que quien el pueblo eligió para avanzar en la concreción de sus anhelos, y sobre todo, los que lo rodean, opinen sobre algo sin el profundo conocimiento necesario, o peor aún, actúen sobre la realidad y decidan cambios o modificaciones o asuman una indiferencia perversa, sin ese conocimiento a que hacía referencia.
Pero creo que la gravedad se acrecienta cuando lo involucrado no son situaciones abstractas, números o cifras estadísticas, sino seres humanos, pensantes y sufrientes, que necesariamente deben ser el objeto principal a defender por una fuerza política de izquierda, única capaz, en última instancia de ser consecuentemente humanista en la palabra y en los hechos.
Pensando acerca de las encuestas, las estadísticas y sobre todo, acerca de los «números», a los que los economistas le atribuyen el mágico rol de «indicadores» -todo tan de moda en la actualidad cibernética e informatizada- aprendí a tener una postura crítica ante todo ello: un ser humano cualquiera, millonésima parte en las cifras estadísticas, es el cien por ciento, escrito así con todas las letras, de su propia vida, su única vida.
Y pensando, a pesar de que muchas veces el que piensa pierde, sobre el concepto de humanismo del que hablaba, llego a la conclusión de que en él las estadísticas no cuadran, es como el agua con el aceite, no se mezclan. Porque mientras haya un niño en la calle, una familia sin techo, un hombre o una mujer sin trabajo, un ser humano sin acceso a la salud, sin educación, sin libertad, no se habrán cumplido con los postulados y principios del humanismo básico que un gobierno de izquierda no puede ni debe soslayar.
Pero, dura realidad, en el comienzo de este viaje de cambios con la maleta llena de ilusiones, me tropiezo con el desempleo mío y de varias decenas de compañeros trabajadores más, y todo por la sordera infame y lo limitado de las miras de autoridades que se van y autoridades que vienen, y me guardo mis apreciaciones éticas y políticas, y discúlpeme la dureza de mis conceptos, pero va en sintonía con la dureza de esa realidad.
Lo más triste es que esto se contradice con las palabras dichas y escritas por connotados representantes del nuevo gobierno, de los que uno no debería desconfiar. Mal comienzo para los que acceden a cargos de responsabilidad y autoridad, gracias al sacrificio y esfuerzo de mucha gente común como yo y como gran parte de ustedes.
Y tal vez usted no lo sepa. Pero yo como ciudadano común del querido paisito tengo derechos y obligaciones. Y usted también. Hoy más que nunca.
Tengo el derecho y la obligación de pelear por el trabajo que me han quitado a mí y a decenas de compañeros de forma irracional, infundamentada, injustamente, amparados en la barrera y coraza del autoritarismo y del «poder». Palabra fiera si las hay, cuando al dejar de ser palabra y pasa a ser práctica de abuso y mal uso, en forma consciente o inconsciente.
Entonces yo tengo el derecho y la obligación de exigir cristalinidad y conocimiento de quienes son los que van a guiar mi futuro y fundamentalmente el de mis hijos.
Y como a esta altura de la lectura de esta carta no debe de tener la menor idea de que estoy hablando iré focalizando el tema y solicitar particularmente en este caso, dado que tiene vinculación directa con el trabajo que me han robado, quiénes son las autoridades del Codicen designadas, y qué mérito y derecho las asiste para ocupar esos cargos. Yo lo exijo.
Yo, y un pueblo junto conmigo no queremos escuchar nunca más que fulano o sultano llega a los cargos por amistad con tal o cual, que coyunturalmente hoy tiene una pequeña cuota de influencia y poder, o por cuota «política» o porque ganó unos bonitos laureles en los que se durmió hace mil años. No quiero, mejor dicho no queremos, tener ni la más mínima duda acerca de la idoneidad de quien va a llevar adelante la menuda tarea de sobre sus ruinas reconstruir la educación pública.
Continuando con la línea de pensamiento anterior debo aclarar que el estado ruinoso de la educación no es por responsabilidad de gente como nosotros, que se ganó su lugar de trabajo en base a esfuerzo, dedicación, entrega intelectual, solvencia técnica, eficiencia y eficacia, cosa que no todos pueden argüir en defensa de su permanencia en cargos públicos. Además de muchos haber ingresado a través de llamados públicos de concurso de méritos.
Estado ruinoso además en el que sumergieron a la educación sucesivas camadas de autoridades de la enseñanza, que salvo honrosas excepciones prefirieron el ser cómplices de la política económica antipopular y retrógrada, antes que ser fieles a los principios de la educación vareliana, y aún hoy estando por una para salir y prendidos con las uñas, lo siguen haciendo. Por supuesto que no es casualidad ni es inocencia, pero esto es harina de otro costal.
Yo integré la plantilla técnico-profesional del Programa Memfod (Mejoramiento de la Enseñanza Media y Formación Docente) de la ANEP, durante varios años y diría con orgullo, junto a muchos compañeros, que de un plumazo nos incorporaron a la estadística como alguna fracción más de desocupados. Podrá y seguramente hay muchas cosas perfectibles, también muchos errores cometidos, seguramente por estar abriendo camino en la selva, todo es discutible, pero lo que esas autoridades del Codicen que aún permanecen no pueden dar una sola razón que explique la medida injusta, menos razones pueden dar las que vienen que saben poco y nada de lo que hacía el Programa, y estoy seguro de que no me equivoco.
Han sonado durante mucho tiempo voces en contra del Programa, realizando críticas que pueden ser válidas, a las que las autoridades salientes del Codicen nunca escucharon, era muy importante todo lo que no tenían que hacer para perder el tiempo en darle un toque de democracia a la enseñanza. Por eso hoy parece muy sospechoso que esas mismas autoridades, con la complicidad de las entrantes, desarticulen un Programa, que desde hace un año han congelado e impidan con ello retomar los niveles de inversión en locales y equipamiento realizados en el año 2003, por este año y tal vez el que viene, justo en un momento en que el propio Presidente plantea recuperar los locales de estudio como una de las medidas inmediatas. Nosotros lo estábamos haciendo hasta que el todopoderoso ministro de Economía dijo que no iba más, con la aceptación sumisa de los seudoeducadores integrantes del Codicen.
Todo un tema y hay mucho más para decir, si alguien quiere escuchar. Y justamente este es el punto. Yo no suplico ni pido que me reintegren al trabajo porque lo que sí no tengo desocupada es la porción de cerebro que contiene la dignidad y los principios. Son otros los que la tienen vacía. Lo que exijo, y en todo mi derecho, es que me den la oportunidad a mi y por supuesto a mis compañeros también, de ser escuchados, para que así quien decida sobre nuestro futuro laboral tenga todos los elementos y pueda tomar una decisión justa.
Podrá no gustarle a muchos estas breves palabras, sobre todo a aquellos que se apoyan en palabras y ver
borragia pero no en sus actos. Realmente no me importa ni me preocupa. No son dioses.
Habría mucho más para decir, sobre todo acerca del pueblo y los enemigos del pueblo, pero no es ni el momento y ni la circunstancia.
Por un gobierno trasparente, por una sociedad justa y solidaria, por una sociedad humanista.
«No seamos más amantes de más glorias que de la felicidad de nuestra patria; mantengamos la mejor confraternidad y dando un centro a nuestras ideas, fijemos en la patria; sus días calamitosos reclaman nuestra energía, y ella nos sostenga… y ella, haciéndonos prescindir de todo lo demás, nos pondrá en las manos el medio de dar el más brillante triunfo a la libertad». José Gervasio Artigas a Elías Galván, noviembre 14 de 1811.
ARQ. MIGUEL A. LITERAS C.I: 1.124.782-1
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