Procesan al director del museo de Buenos Aires

Por mal desempeño de sus funciones como director del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Jorge Glusberg, luego de un largo cuestionamiento por los artistas y acciones judiciales, fue procesado por el juez federal Sergio Torres, junto con dos funcionarias de rango jerárquico del organismo (Marta Fernández y Desirée Hermet), por incumplimiento de autoridad y violación de los deberes de funcionario público.

Destituido de su cargo por el ex ministro Di Tella en diciembre de 2003, el magistrado responsabilizó a Glusberg de imcumplimiento de los deberes de funcionario público, delito excarcelable, y trabó un embargo de 300 mil pesos argentinos sobre sus bienes, perjuicio estimado que sufrió el museo y de 100 mil pesos a cada funcionaria. Puede caberles de un mes a dos años de prisión e inhabilitación por el doble de tiempo.

Gran parte de la resolución del juez, de 77 páginas, está dedicada a enumerar el ingreso aparentemente irregular de 13 cuadros falsificados que habrían sido prestados a un museo de La Rioja en 1936 y 1954. Antes de regresar a Buenos Aires, esos cuadros se exhibieron en el Polideportivo Carlos Saúl Menem en La Rioja junto con otras 54 obras y fueron traslados al museo en 1997 por decisión de Glusberg. Pero luego de varios peritajes e inspecciones se detectó que las piezas eran falsas. El magistrado responsabilizó a Glusberg por no haber verificado la autenticidad de las obras recuperadas. «Nunca las controló, y así habilitó su ingreso inventariándolas como legítimas», dice la resolución. El titular del juzgado federal señaló «múltiples y gravísimas falencias en la órbita del Museo Nacional de Bellas Artes» que comprometen «la salvaguarda de uno de los bastiones más importantes del patrimonio cultural de la República Argentina». Aunque se negó a declarar, Glusberg afirmó, en un escrito, que él no estaba a cargo de las actividades que el juez cuestiona.

El procesamiento también se fundó en la confección de un nuevo registro de las obras del museo, realizado por Glusberg en 1996 y 2003, en el cual se recuperaron las piezas, en contra de lo que indican las pautas internacionales.

Jorge Glusberg asumió el cargo por nombramiento directo en 1994 (luego por concurso) y en sus casi diez años de gestión, tuvo enfrentamientos con la presidenta de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes, Nelly Arrieta de Blaquier, con los funcionarios y artistas que periódicamente denunciaban el accionar autoritario y arbitrario de Glusberg. De un temperamento difícil, ya conocido desde los tiempos del Cayc, el instituto que fundó en la calle Viamonte, poniéndose a la vanguardia de la actividad artística porteña, Glusberg, ansioso de repercusión mediática como buen menemista (aparecía en los medios, tenía un espacio semanal en la televisión entrevistando a numerosas personalidades de manera superficial) tuvo una actividad casi frenética en el museo, atrajo a un numerosísimo público (más de 5 mil personas los feriados) hacia importantes muestras provenientes del exterior (en las bienales de arquitectura invitó a lo más selecto del Olimpo internacional y en las dos bienales de arte consiguió otro pequeño triunfo en medio de la tormenta económica) y de artistas locales, acompañados de excelentes catálogos. Paralelamente, era director de la empresa de iluminación Modulor (se benefició de la iluminación de los mundiales de fútbol en 1978, en plena dictadura), y así pudo establecer y mantener relaciones con el exterior. Se le reprochó un exceso de ofertas culturales. Lo cierto es que el MNBA, situado en la Recoleta, fue el eje fundamental de la cultura artística porteña que contagió a otras instituciones cercanas.

Lo que colmó el cuestionamiento de Glusberg, fue el robo extraño de una escultura de Rodin que desapareció y apareció, «como por arte de magia», sin que el director notificara el hecho a la justicia. Una vez desplazado Glusberg, el Museo Nacional de Bellas Artes de la Avenida Libertador envejeció de repente y perdió la vitalidad que mantuvo durante casi una década.

El museo creado en 1895, abrió un año más tarde, con dirección del pintor y crítico de arte Eduardo Schiaffino y la sede estaba en lo que luego sería las Galerías Pacífico. Se trasladó a otros lugares, hasta que en 1932 pasó a la sede definitiva que tiene en la actualidad.

Este edificio fue remodelado y ampliado en 1940, 1960 y 1980, y una de sus principales autoridades, el crítico Jorge Romero Brest, le dio, a partir de 1955, un impulso innovador abriendo las puertas al arte actual, incluso nacional. No obstante, ninguna sala lleva su nombre. Más tarde se sucedieron los directores hasta acceder Glusberg.

Las colecciones del museo suman cerca de 10 mil piezas entre pinturas, esculturas, grabados, tapices, dibujos y objetos. Se enriqueció con dos donaciones fundamentales: la colecciones Santamarina y Torcuato Di Tella. En su importante patrimonio figuran Rubens, Tiepolo, Zurbarán, El Greco, Goya, Corot, Courbet, Degas, Sisley, Cézanne, Monet, Manet, Gauguin, Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Rodin, Bourdelle, Kandinsky, Picasso, Klee, Modigliani, Kline, Tapies, Rothko, Torres García, Figari, Portinari y Diego Rivera. *

 

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