ENTREVISTA CON EL ARTISTA VISUAL GUILLERMO SIERRA

Una foto más allá de su propia imagen

En entrevista con LA REPUBLICA, Sierra contó que su trayectoria artística comenzó «porque tenía aptitud para el dibujo y comencé a ir a un taller entre los 11 y 12 años, donde me dediqué a conocer más la técnica, por ejemplo al manejo del óleo. Luego tuve un período en la adolescencia en que me dediqué básicamente a la tarea de recreador en un colegio. Esa actividad tenía un espacio creativo donde se manejaban distintos materiales y se organizaban dinámicas para campamentos. Esa tarea fue un disparador para que a los 22 años ingresara a la Escuela de Bellas Artes. En la escuela recorrí diferentes espacios y niveles antes de llegar al área de fotografía. El proceso académico implica realizar durante los primeros años la apertura hacia la percepción y diferentes ejercicios que van desde el grabado y la escultura hasta la pintura y la fotografía. También los cursos de Historia del Arte son parte de esta formación».

 

-¿Por qué elegiste en la fotografía y en particular los autorretratos?

-Los autorretratos tienen que ver con la necesidad de capturar la imagen de uno mismo, en diferentes momentos e inquietudes estéticas. La formación que fui adquiriendo influenció mi idea de cómo fotografiar, al principio mis trabajos fueron muy técnicos, si bien me identifico con la fotografía tampoco puedo decir que soy fotógrafo porque utilizo esta técnica dentro de un abanico posible de lenguajes. No desconozco los aspectos formales de la técnica pero no la utilizo de forma ortodoxa. Es más, después de trabajar mucho tiempo con la fotografía química he pasado a la digital. Esto me ha permitido trabajar con mayor velocidad en la aprehensión de la imagen y en la vinculación entre imágenes, algo que la forma tradicional no me había permitido. En realidad elegí este lenguaje porque mi idea era hacer cine, el tema es que cuando llegué al área donde se trabaja con estos soportes, no existía recursos para hacer cine y vídeo. Igualmente estas ideas no dejan de estar en mis objetivos próximos.

 

-¿Cuáles son los artistas que te han aportado en tu forma de trabajar?

-Los grandes maestros como Félix Nadar, Henri Cartier-Bresson o Richard Avedon, no saqué nunca fotos tal cual lo hacía ellos pero fueron un referente a la hora de trabajar con la percepción y los conceptos en mis fotos. Algo que me marcó era como sacaba fotografía Robert Capa que era un fotógrafo de guerra, era increíble como documentaba desde las trincheras lo que estaba pasando, él decía que documentar la guerra era luchar contra ella.

 

-En tu obra trabajas conceptos como la identidad y la migración ¿ cómo se va gestando en tu obra el contenido visual de estos conceptos?

-Parto del desafío de considerar una foto más allá de su propia imagen, y de saber que existe una parte que tiene que ver con tu propio mundo. Las fotografías que saqué de la televisión partieron por un proceso que hice cuando murió mi abuelo, él fue el primer muerto que vi realmente, hasta ese momento mi contacto con la muerte había sido virtual. Así fue que empecé a trabajar con imágenes y conceptos que descontextualizados de la televisión cobraban un sentido distinto como obra, porque en sí hay muchos fenómenos reales que llegan durante gran parte de tu vida por este medio.

A partir de esa idea fui generando los conceptos de belleza, identidad y migración. Con el tema de la migración también influyeron temas familiares como el de una hermana que se fue del país.

 

-Fuiste seleccionado el año pasado en el Premio Paul Cezánne cuyo tema fue: «La ciudad ideal», tu proyecto se basó en los efectos de la emigración, ¿cómo ha sido tu experiencia al respecto?

-Mi idea fue armar una serie de imágenes fotográficas que mostrasen lo que quedaba acá cuando la gente decidía dejar la ciudad en la que había pensado como ideal para vivir, en el momento en que la ciudad no le da las posibilidades que necesita. Comencé a buscar apartamentos donde verdaderamente hubiese vivido gente que emigró. A través de las imágenes de estos espacios trabajé justamente la percepción del vacío que queda aquí. También pensé en la posibilidad de trabajar los vacíos que se producen cuando llenan otras casa en una ciudad a la que toman como ideal. De esta manera formulo la hipótesis de que su ciudad ideal no es para ellos la ciudad a la que llegan, sino un híbrido entre lo que arrastran como ideal desde aquí y lo que construyen a donde van, puede ser Europa u otro lugar.

 

-¿Cuáles son las principales dificultades para crear en nuestro medio?

-Cuando hice la obra sobre la identidad, en la que los costos eran necesarios para llegar a lograr lo que me había propuesto, vendí mi propia computadora con la que había trabajado en las fotos para lograr el formato y poder presentarme al salón. De alguna manera uno está deseando poder participar y ser elegido, lo duro es conseguir con tus recursos personales realizar la obra.

Creo que la Escuela de Bellas Artes debería ser más exigente a nivel teórico, también considero que aquí la escuela no goza del mejor prestigio y que se hace necesario profundizar por otros lugares. Al haber elegido el Area de Fotografía para desarrollar mi «como» lenguaje no he tenido esas limitaciones, existen espacios como el de Fernando Martínez, docente de Seminario III, que propone reflexionar sobre el arte desde el punto de vista conceptual, es decir producen con buen profesionalismo. En nuestro medio tienen más presencia y desarrollo algunos talleres como el de Clever Lara o Fernando López Lage. Creo que eso tienen que ver con las dificultades propias de la Escuela en su forma de promover y vincular a los egresados con los ámbitos del arte. *

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