Tiene la palabra

Un país entero al otro lado del río

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* La canción, la mejor, sin duda alguna, la ganadora del último Oscar, nace de una esencia. Por eso es una cosa chiquitita. Por ende plena de grandeza. Es bella, es linda… se ha dicho, y no hay manera de superar tremendo elogio. Poesía pura, melodía natural, por eso da lo mismo cantarla entera o no, con o sin guitarra, porque además, tiene voz propia. La de su autor. Que comparte con todos el sufrimiento de los otros que la maltratan. Esos otros que también la sufren y en eso radica su nobleza.

España nos conquistó a nosotros y Jorge conquistó a los españoles. Hemos padecido «el imperialismo yanki» y en Hollywood, una de sus fauces más representativas, Jorge les canta las cuarenta en cuestión de segundos y humaniza como muy pocos lo han hecho, tanto derroche. Le pone alma al gélido metal de tan célebre estatuilla. El médico anda curando heridas: los pulmones necesitan suspirar hondo.

A su padre le asiste razón, se parece mucho al momento en que Obdulio se sentó encima de la pelota en Maracaná porque es en ese preciso instante donde muere lo predecible, de ahí en más es que, se inicia la derrota de lo imposible. Y quizás -o sin quizás- se parezca al tiempo en que nuestros gauchos aindiados -unos cuantos tan negros como el capitán del cincuenta- enfrentaban con otras bolas, entonces de piedra, y con lanzas, a duchos invasores armados «a última generación» que apenas acababan de pelear contra Napoleón. Sin ir tan lejos en el tiempo, pero mucho más en la infamia, ésta es parte, seguramente, de la historia de aquel abuelo de Jorge que tocaba piano en el gueto de Varsovia.

Al otro lado del río, ha dicho el Jorge de pícara y adolescente mirada, la vida de uno de esos locos que se les dio por andar en moto a todo continente, deja de ser de uno. Es el fin de un camino estrictamente personal. Eso queda atrás. Hay que elegir, entre un antes y un después. Y apostar de una buena vez y para siempre. Entre otras cosas a la ética de la ética. No son nada desatendibles estos personajes que están en juego, pero mejor dejémoslos así, diseminados entre la generalidad. Pasa que eso de andar saltando por encima de los cursos de agua es cosa de multitudes, y hasta de tradición. Y si bien unos pocos se fueron con Don José al otro lado del Paraná, unos años antes todo un país detrás al decir de otra canción, se fue con el Jefe de los Orientales al otro lado del Uruguay. En octubre de 1811 se inició la marcha y como la senda está trazada, la retomamos en igual mes del dos mil cuatro. Porque otro médico -de nombre indígena- anda curando heridas, extirpando tumores de impunidad, venalidad, injusticia… Y este 1º de marzo de 2005, de cara a lo esencial -la Academia de Hollywood adelantó el sentimiento y le avisó al mundo entero (las casualidades no existen, las causalidades sí): «Cientos de miles» de orientales (los nuevos gauchos, los Pepe de ahora) que venimos «de muy lejos» cruzamos la frontera de lo quimérico a lo viable. Y ya estamos al otro lado del río.

NELSON CAULA – Cayendo la tarde del 1º de marzo de 2005

 

Comienza la hora de germinar la esperanza

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Hace más de 33 años que nos quedó pegada en la retina aquella primera propaganda televisiva del recién creado Frente Amplio que decía: «Hermano no te vayas, ha nacido una esperanza». Qué oportuna que fue esta consigna que supo sintetizar la necesidad histórica de aquel momento. Esta tierra necesitaba imperiosamente de una esperanza, para poder terminar con los males, que ya de vieja data, la venían socavando desde aquel entonces. El Frente Amplio logró gestar y encarnar hasta las entrañas más íntimas esa esperanza. Esperanza que, además, debió de fortalecerse a cada paso que daba, porque fue puesta a prueba en cada uno de los amargos días que luego vinieron. Así que debimos templarla durante la heroica huelga general, durante la «asonada» del 9 de julio, cuando el general Seregni enfrentaba rodeado de su pueblo, a los militares gorilas que habían conculcado la democracia, y arrasado con los derechos humanos en todas las formas imaginables. Esperanza que no claudicó ni en la cárcel, ni en la persecución, ni en el exilio.

Esperanza que no se ahogó ni en los gritos de la tortura, ni en la oscuridad de los aljibes, y que revivió en la memoria de nuestros muertos y de nuestros desaparecidos. Esperanza que siguió abriendo su camino, a pesar de que los militares del proceso y sus acólitos blancos y colorados hicieron lo imposible por aniquilarla.

Pero no lo lograron, y junto a la esperanza volvimos a levantar a todo viento nuestras raídas banderas, que volvieron a llenar de color todos los rincones de la Patria. Los hombres, que como nosotros, estuvimos presentes desde la primera hora, debemos agradecer a la vida que nos haya regalado la posibilidad de disfrutar de estos días de gloria, y poder avizorar aún un futuro mejor. Pero no debemos olvidar, ni por un segundo, ni siquiera cuando parpadeemos para ver más lejos, que ya han sido más de tres décadas de lucha y de sacrificio de tantos imprescindibles, que lamentablemente hoy ya no están, que no podrán ver cómo la esperanza por ellos construida y sustentada a toda prueba de su valor, comienza a germinar. Recordemos sólo cuatro nombres, que bien representan a los miles y miles que han quedado por el camino: Seregni, Zelmar, Araújo y Crottogini, a quienes deberemos honrar por modelar aquel viejo sueño, en la realidad tangible que a partir de este 1º de marzo de 2005 se comenzará a concretar. Qué enorme responsabilidad nos han legado. Cumplir con los más necesitados y siempre olvidados, será cumplir con su prédica de siempre. Por esto, qué bueno es que la esperanza empiece a germinar por cosas tan sencillas, tan básicas y tan humanas como lo son un plato de comida para tantos niños que hoy no lo tienen. Que junto a eso puedan acceder a un sistema de salud que los contemple en toda la complejidad que la marginación les hace padecer. Que puedan vincularse genuinamente a la escuela, para que ésta se convierta en un fuerte eslabón de integración social, como muchas décadas atrás lo fue. Que su madre o su padre puedan lograr a través del trabajo comunitario, volver a pertenecer al mundo de los trabajadores formales que reciben paga y cuentan con leyes sociales que los amparan. Que muy pronto los asentamientos -donde viven excluidos y marginados miles de uruguayos- se conviertan paulatinamente en nuevos barrios de una ciudad que crece, y dejen de ser vana noticia de la tan superficial crónica roja de todos los días. Mal que les pese a los agoreros del descrédito, a los instigadores del no se puede -que ya son un montón y todavía no comenzamos a gobernar-, germinar la esperanza a través del Plan de Emergencia, representará un cambio fundamental en la historia de este país. Los últimos gobiernos consiguieron el triste récord de que más del 50% de nuestros niños nazcan bajo la línea de pobreza, condenando de este modo a la mitad de los hombres que construirán el Uruguay del futuro, a la marginación y a la exclusión. Cuando el año próximo, y también cuando el año que le siga, vayamos a cotejar las cifras que hasta ayer mismo nos llenaban de vergüenza, acerca de la desnutrición infantil, de la pobreza y de la marginación, y podamos decir con orgullo que le hemos doblado el codo, habremos sabido cumplir. Quizás muchos piensen que algunos de los progresistas de la hora actual pecamos de un excesivo optimismo. Y tal vez sea as
í. Pero, cómo no ser optimistas si en los lugares claves para timonear este difícil viaje, hemos designado a los mejores hombres por su idoneidad, su honorabilidad y su marcado compromiso de servidores públicos. Cómo no ser optimistas, si luego de más de 50 años de gobiernos neoliberales que esquilmaron sin compasión a nuestro país, así y todo, el Uruguay aún sigue en pie. Cómo no ser optimistas, si en las últimas décadas se han expulsado a los mejores hijos de la tierra, y la gran mayoría de ellos está decidida a volver, porque ya percibe los cambios que se avecinan. Cómo no ser optimistas, si la corrupción, el acomodo, el contrato de obra amiguista y el clientelismo político, que fueron la moneda corriente para despilfarrar, para apropiarse indebidamente de los dineros de todos los uruguayos, tienen las horas contadas. Mientras tanto, nosotros, seguimos afilando el bisturí para extirpar de raíz a todos los ñoquis y parásitos enquistados en el aparato del Estado, portadores de enfermedades crónicas de ineficiencia y burocracia. Cómo no ser optimista, cuando vamos a premiar el trabajo y no a la especulación. Cómo no ser optimistas si basta hacer las cosas bien, con honradez y un poco e inteligencia, para empezar a cambiar esta realidad. Cómo no ser optimistas, si habrá más de un millón doscientos mil uruguayos empujando de este carro para tirar de él y que nunca más se hunda en el barro. Cómo no ser optimistas, si el compañero Presidente de los Orientales, doctor Tabaré Vázquez, cuenta con nosotros para asegurarse que la nación toda -tanto los que están aquí, como los que están afuera- que el pueblo todo, ya no sufra más redotas.

JOSE MIGUEL GARCIA – [email protected] – C.I: 1.210.481-0

 

¿Por qué el 26 de Marzo critica la designación de Sonia Breccia en Canal 5?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Estoy muy contento con la designación, por parte del gobierno de Tabaré, de gente que puede mejorar la gestión del Sodre y de Canal 5.

Los que no parecen estar muy de acuerdo (¡cuando no!) son los eternos amargados y radicales de «la radio imprescindible», a la que no vale la pena nombrar, y que cada día que pasa demuestran que no es lo mismo hacer Carnaval (la mayoría son «murguistas confesos») que prensa aquí en Uruguay.

Como muevo el dial y trato de oír todas las voces («todas», como dice la popular canción), les oí días pasados criticar la designación, entre otros, de la Sra. Sonia Breccia a la conducción de Tveo. Lo que para ellos constituye poco menos que una «aberración» por razones no muy claras que trataron (y no pudieron) de explicar.

Tampoco le viene bien la designación al frente de Sepredi, del Sr. José Luis Veiga. El argumento, pobre argumento de ellos, fue que dedicado actualmente a la actividad privada, Veiga «vendía quesos», (justo en esa radio, donde hay varios que como el queso, tienen dos caras).

Aunque su líder no logró obtener una banca en la legislatura, lo que demuestra la poca «llegada» que tienen en la masa electoral, también andan calientes porque finalmente Tabaré, con buen criterio, lo designó en un ente del Estado como director, lo que salvo renuncie, le impedirá por ahora «hacer política».

Cuna de iracundos radicales que siguen hablando de «romper con el FMI». «no pagar la deuda externa» y otros eslóganes hace tiempo perimidos en países que buscan «sacar la cabeza» de su pobreza y desocupación, las críticas de una emisora que por cierto no es «imprescindible» para nadie, dan lástima.

TOMAS M. – C.I: 1.556.775-4

 

Respuesta a García Pintos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Le escribo para contestar al disparate que se vio en un muro de la ciudad: «Festejen uruguayos que viene el asesino más grande de América». Los que se fueron el 1º de marzo son los asesinos más grande porque fundieron el país, no hay trabajo, la juventud se ha ido, las AFAP están vacías, sino hay que consultarle a Atchugarry, los sueldos de hambre de los maestros, de la salud, las jubilaciones, etcétera, etcétera, etcétera.

Pregunto yo, ¿no sería mejor que el señor García Pintos buscara primero la paja en el ojo propio y no en el ajeno? Vamos a atener los uruguayos todos el honor de tener las visitas del señor comandante Fidel Castro y el señor Hugo Chávez, pido que todos, pero todos, los uruguayos los escuchen, por fin echamos a los ladrones. Gracias.

GUILLERMO MARINO – [email protected]

 

Jugadores leales y respetuosos, juego limpio, hinchada correcta y educada

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Hasta hace algunos años yo acompañaba a mi esposo que seguía a su club preferido de fútbol. Confieso que nunca observé lo que observo hoy. El público femenino y masculino vocifera en forma soez, grosera. ¿Por qué?, ¿por qué?

¿Nos olvidamos de aquel lenguaje que utilizaba la maestra cuando nos hablaba sonriendo en la escuela?

¡Usémoslo, por favor!

C.I. 814.219/1

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