"MAR ADENTRO": UN DRAMA CONMOVEDOR QUE ALIMENTA EL DEBATE ETICO SOBRE EL TEMA DE LA EUTANASIA

El derecho a una vida digna

La confrontación siempre ha discurrido desde posturas radicalmente antagónicas entre las concepciones materialistas y las espiritualistas, que involucran aspectos inherentes a la ciencia, la fe y hasta la moral.

Este fenómeno, que trasciende lo meramente biológico, suele también instalarse en los territorios de la metafísica, cuando se reflexiona acerca del ser y el devenir y las relaciones de causalidad como leyes universales.

En ese contexto, la eutanasia ha sido una de las materias más controvertidas de nuestro tiempo, porque a menudo opone la voluntad individual a las normas jurídicas y los preceptos religiosos.

Mar adentro, el filme español del realizador Alejandro Amenábar, construye un intenso alegato en defensa del derecho a la dignidad, en una obra tan impactante como conmovedora.

La película  que obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera y ganó catorce premios Goya- se inspira en la historia real de Ramón Sampedro, un marinero gallego víctima de un grave accidente en el mar, que se transformó en un símbolo para los defensores de la eutanasia.

Amenábar reconstruye la tragedia de este paradigmático tetrapléjico, que «vivió» 28 años postrado en cama, con un horizonte visual meramente restringido a su ventana, transformada en su único contacto con el mundo exterior.

Ramón es un dependiente total, que es atendido por su hermano mayor, su cuñada, un joven sobrino y su padre, devastado emocionalmente a raíz del drama de su hijo.

La aspiración del enfermo es que la Justicia laude favorablemente en su caso y le permita ejercer el derecho a una muerte digna, para lo cual  como está absolutamente paralizado  necesita que alguien le ayude.

En una situación de encierro que se torna insostenible, el protagonista se relaciona con dos mujeres: Julia (Belén Rueda), la abogada que patrocina su causa y Rosa (Lola Dueñas), una joven afectivamente frustrada, que intenta convencerlo que vale la pena conservar la vida. Por su personalidad y disposición, el hombre ejerce una suerte de fascinación sobre ambas, que  durante un tiempo  se transforma en la fuerza motriz que le mantiene con vida.

De algún modo, el sentido de la ética y la dignidad es la matriz que une a los tres personajes, en un turbulento paisaje de dramas, principios y sentimientos amputados por el destino.

El relato evoluciona en varios escenarios simultáneos: la habitación en la que el enfermo yace inmóvil en su cama, los tribunales a los que éste acude para reclamar su derecho a ejercer la eutanasia y los fragmentos de pasado, que adquieren singular crudeza en la evocación del accidente.

Alejandro Amenábar sabe administrar con maestría las emociones de los personajes de la historia, así como los discursos contrapuestos en torno a una materia de análisis que es   sin dudas- tan delicada como controvertida.

En el curso de esta historia real, el realizador contrasta la ética del protagonista con el rígido dogma de la Iglesia Católica que  al igual que el Estado , le niega la posibilidad de ejercer su albedrío.

Sin embargo, el filme no se agota en una mera batalla dialéctica, que obviamente no era el propósito que inspiró al cineasta. No en vano el reclamante comparece sólo una vez ante los tribunales, donde los magistrados menoscaban su legítimo derecho a ser escuchado.

Pese a que soslaya todo exceso en la descripción de una situación límite, Amenábar construye un discurso contundente, dramático pero profundamente humano.

Mar adentro no es una apología de la eutanasia, sino una historia conmovedora, que traslada al espectador la tragedia de la invalidez, la impotencia y la postración retratada en Cartas desde el infierno, el libro escrito por el propio protagonista.

En un reparto sin dudas muy competente, sobresale la actuación protagónica de Javier Bardem, que ingresa en la mejor antología del género dramático. *

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