ENTREVISTA: JUAN PEDRO FABRA GUEMBERENA, PINTOR Y VIDEASTA

Me propongo una caligrafía de la violencia

NDM: ¿Cómo fue tu regreso a Uruguay en esta oportunidad?

JPFG: Hace 15 años que vivo en Estocolmo y dos que no vengo a Uruguay, aunque igualmente estoy siempre en contacto. Entre 1997 y 2002 estudié en la Academia de Arte de Estocolmo, pero en los veranos siempre venía a Montevideo. Inclusive, en dos o tres años estuve alquilando aquí un taller.

NDM: Antes, estudiaste con Dumas Oroño ¿ no es así?

JPFG: En realidad empecé a estudiar dibujo con el pintor Gustavo Vásquez King, después me aconsejó que fuera a un taller y elegí el de Dumas Oroño con el cual estuve trabajando varios años. Tenía 14 o 15 años.

En ese momento era más que nada una actitud que tenía desde chico, un interés por todo el mundo visual. Mi actitud con respecto al mundo la demostraba dibujando y después pintando. Con los años descubrí que en realidad había diferentes formas en lo visual para expresar mis ideas.

Un día Dumas me dijo que lo más importante que yo tenía no era la mano con la que dibujaba sino los ojos con los que miraba y que eso, en definitiva, como artista, era lo más importante. Aprendí pintura y dibujo, pero lo esencial era el desarrollo de la mirada, de cómo mira un artista o qué es lo que mira un artista.

NDM: ¿Y después de estos tres años?

JPFG: Después me fui de Uruguay en el 89 o 90. Empezó otra historia paralela a esta con mi historia personal, ya que entre 1979 a 1984 estuve con mi familia exiliado en Suecia por motivos políticos. Mi madre fue detenida cuando yo tenía dos años de edad por un período de casi medio año y eso me afectó profundamente. No hay una explicación para un nene tan chico de por qué su madre lo abandona y creo que tiene que ver con ese carácter que tengo, esa forma de ver el mundo o vincularme, sintiendo la desprotección. El hecho de mirar más que hablar, tiene que ver con la desprotección, una forma de encerrar sentimientos y, de alguna manera, ir agudizando el sentido de la mirada. Por ejemplo, hasta el día de hoy tengo problemas con la ortografía, sin embargo puedo hablar muchos idiomas y en ninguno puedo escribir bien.

Toda esa historia fue importante en Suecia, cuando tenía ocho años. Vivíamos ahí, pero nunca teníamos muy claros los motivos por la situación: era una obligación, no una opción.

Fueron los años más tristes de mi vida porque era consciente de estar como en una especie de prisión mental, en una cultura donde todo me era ajeno, el idioma, las dificultades para relacionarme. Ese período entre los ocho y los trece años me dejó la sensación de que realmente me robaron cinco años de mi vida.

Y siempre tuve un deseo de revancha, de pensar que podía recuperar esos años, pero por voluntad propia. Volver al lugar en donde quería estar sin obligación y ahí se generaron otras cosas. Entre el 90 y el 95 se produjo una etapa de idas y venidas. Trabajé en Estocolmo cocinando, con discapacitados mentales o con deficiencias físicas, haciendo trabajo terapéutico. Bueno, hice varias cosas pero lo que finalmente me quedó claro fue desestimar la idea de estudiar arquitectura y finalmente me decidí a dedicarme al arte. Descubrí las posibilidades de estudio que había realmente en Suecia. Me llevó un par de años entrar a la Academia porque es muy difícil ya que aceptan un cupo limitado de estudiantes. En el 97, cuando ingresé, hasta 2002, sentí que esos cinco años se transformaban simbólicamente en cinco años de mi infancia vivida en Suecia, y que también se transformaban en lo mejor que esa sociedad me podía dar.

NDM: ¿Cómo se dio el paso de la pintura al video?

JPFG: Llegué a la Academia a través de la pintura, de alguna manera como artista me defino como pintor, en el sentido de que todo lo que hago, en video o fotografía, hay siempre una mirada pictórica, es decir, siempre hay una mirada educada de esa forma que insinúa todo el resto. Paralelo a la pintura, sacaba fotografías. La fotografía era la base para un trabajo que luego realicé. De manera que todo lo que hacía tenía una referencia fotográfica.

Eso fue una experiencia liberadora al poder sentir que la fotografía también tiene esa cosa inmediata, pero también pensaba que ya no podía fotografiar de la misma manera. Después de la fotografía empezar a filmar fue un paso bastante chico en realidad y eso también lo estudié en la misma Academia.

NDM: ¿Hacías fotografías sobre qué?

JPFG: Siempre trabajaba con diapositivas, un archivo que tengo del que ya no llevo cuenta; son miles. Tienen algo de un diario, hay problemas de contrastes o de colores o de líneas o de objetos o de cosas absurdas, siempre hay algo que visualmente atrapa al ojo. También me gusta que sea objeto único. En una diapositiva hay como un efecto de original. Eso fue tomando otro lugar y se fue desarrollando hacia un tipo de fotografías en el que había todo un escenario, con cosas mucho más armadas. La fotografía no sustituyó a la pintura, ni la fotografía al video, se fue generando una gramática cada vez más compleja, un idioma más rico. Una vez que empecé a componer la fotografía de otra manera, rápidamente fue apareciendo la idea de filmar.

NDM: ¿Un recorte de la realidad?

JPFG: Sí y está todo ahí, y la filmación aunque es lo mismo y por lo general las filmaciones que hago ahora mecho muy poco lo que ocurre frente a mis ojos, se genera toda una tensión, que es lo que a mí me interesa.

NDM: ¿Cómo pasaste de la foto al video?

Es que los personajes prácticamente no se mueven. La serie que hice durante estos cuatro últimos años son con imágenes de soldados suecos. Esto empezó a producirse después de una larga lista de correspondencia de cartas, mails, faxes, con un batallón que está en el este de una isla de Suecia cuyo paisaje es muy especial. Por momentos te parece estar en el sur de Francia, inmediatamente tuve la referencia a la estética nacional romántica. Todo eso lo entendí cuando llegué a la isla.

Descubrí que este era el lugar para trabajar. Resultó que allí había un batallón militar. Contacté con ellos y tuve que convencerlos a participar en esto. No fue fácil porque sospechaban de mis intenciones, querían muchas explicaciones, además de enterarse que no era sueco. Había un montón de preguntas en torno a la seguridad. Finalmente, lo que logró convencerlos fue el hecho de que era estudiante de la Academia de Arte de Estocolmo, fundada por el rey de Suecia hace 700 años como un instituto militar. En esa época se enseñaba a los militares a dibujar, pues era la única manera de documentar una batalla y volver para mostrarle al rey lo que pasó. Eso era posible porque había un tipo que en medio de la balacera se ponía a dibujar lo que veía y era el documento, el alibí que yo tenía, que en parte era verdad, pues tenía interés por haber encontrado archivos viejos y que quería hacer de alguna manera una especie de actualización de toda esa estética pero me interesaba el desarrollo del uniforme como una indumentaria y cómo se llega al camuflaje de hoy en día. Los convencí de que si los ponía de la misma manera como estaban en los viejos cuadros ahora ellos iban a desaparecer. Les pareció un proyecto interesante.

NDM: ¿Elaboraste una especie de guión?

JPFG: Sí, exactamente. Este fue un proyecto que empezó así en 2002 y fue abriendo caminos paralelos, como que se desarrollaba en muchas áreas. A veces es difícil para un pintor, porque hay toda una tradición para ser pintor, que no existe digamos en lo que es el video como arte
. Y de repente ves que te podés mover en un medio con una tradición, ir hacia atrás y por lo tanto te da una sensación de que hay un camino nuevo. Para mí el paso siguiente fue hacer una obra completamente de video. Lo interesante para mí fue ir descubriendo que había muchas cosas que iba generando con el video, por ejemplo, reacciones en la gente muy similares a las que tenía frente a mis cuadros. Con un proyector o monitor interactúas con la persona que está mirando, es muy importante como artista comprender la educación que hoy en día tiene el público frente a las imágenes. El público está educado con la televisión. La imagen con movimiento debe ser entendida por el artista porque es un medio que conoce las masas, por lo tanto es la forma de poder entrar y presentar algo diferente.

NDM: Es que hoy en día la computadora es un objeto familiar.

JPFG: Exactamente. También otra cosa que pasó y me resultó muy importante, fue que en el momento en que empezó la campaña de los EEUU en Afganistán y todo el mundo se inundó de imágenes, de militares en acción y con la experiencia de Kuwai, toda persona más o menos informada sabía que ese material que se estaba viendo por televisión en su mayoría era material censurado.

Porque se sabía que ese material no aparecía directamente desde Kuwai y que mayoritariamente mostraba en alguna medida la destrucción. Verse inundado en un mundo ficticio donde las imágenes no mostraban lo que realmente estaba pasando. Eso también me llevó a dar otro paso en la medida en que como artista tengo también existía la libertad de construir imágenes, de manipularlas. De ahí nacieron las ganas de filmar. Quería generar un mundo visual que fuera en contra de todo lo que se estaba viendo en los medios. Lo que me parecía interesante era el aspecto de trabajar con la filmación, poder determinar el tiempo de las cosas.

Los videos que presenté en Venecia son secuencias muy cortas, pero están armadas de tal manera que te dan la impresión de ser una impresión eterna.

Genero escenas en las que los militares parecen hacer de verdad un ejercicio o algo, pero no es así. Si se observa bien, esas escenas son raras, no son normales. Justamente me interesa trabajar sobre el efecto del tiempo.

Cuando finalicé en la Academia de Arte en 2002 presenté la primera parte de este trabajo. Eran los primeros cuatro videos que después se mostraron en Venecia, después una serie de fotografía en dos exposiciones diferentes. Los videos los envié a lo que se llama la exposición de primavera de la Academia de Arte y en la Casa de la Cultura las fotografías. Cuando se dio esto, vino un representante de la galería Brändström & Stene de Estocolmo, con el cual había trabajado unos años antes en una exposición en que él había sido el curador. De alguna forma estábamos en contacto y seguía mi obra. Me invitó a participar en una exposición en la galería, con artistas ya establecidos e importantes. Les dejé una carpeta de mis trabajos anteriores y en un momento aparecieron los dos curadores de la Bienal de Venecia. Fueron a reunirse con algunos curadores y galeristas. Y en medio de todo eso vieron mis trabajos, les pareció muy interesantes y me llamaron para tener una entrevista al otro día, cosa que me causó mucha gracia porque la noche anterior me había encontrado con ellos en un boliche en Estocolmo, sin darles importancia. A los dos días estaban en casa. Todo fue muy rápido. Se llevaron los filmes y yo en ese momento no tenía ninguna expectativa. Simplemente estaba muy contento por el interés que habían mostrado. Al poco tiempo recibí un e-mail de Francesco Bonami, curador de la Biennale, ofreciéndome un lugar de honor. Les contesté pensando que era una broma. No lo era. Tuve el honor de compartir el espacio de la rotonda del pabellón internacional con David Hammonds.

NDM: ¿También estuviste en la Biblioteca de Alejandría?

JPFG: Sí, eso fue un proyecto totalmente diferente porque fue la primera vez que me invitaron a un proyecto artístico donde el trabajo en sí ya tenía cierta acotación, había video de los curadores a la par de la Biblioteca de Alejandría generando una biblioteca paralela hecha por artistas. Pensé que podía crear una caligrafía de la violencia y elaboré un proyecto que empezó ahí pero que ahora se continúa: la idea es armar toda una biblioteca de la violencia. Este trabajo lo estoy haciendo con una artesana que se formó en Alemania. Trabaja especialmente con volúmenes clásicos de cuero y atadura. Me construyó la parte anterior de las tapas que sólo vendría a ser el bloque de papel limpio y yo con esos bloques fui a una pista de tiro y en principio hice dos tiros, uno con una Kalashnikov y otro con una M16 que son las armas representativas de los ejércitos americano e islamita.

Las dos armas tienen el mismo calibre, entonces con los dos disparos se lo llevo a ella y le puso las tapas: uno es de cuero negro y otro de cuero ocre. Llevan el título (Kalashmico) y en dos páginas encontrás las balas y más adelante ya no podés, porque el papel está corrugado y al final la página es como una herida.

De alguna forma estoy trabajando en la actualidad en el choque Oriente – Occidente. Ahora estoy haciendo una serie de libros que van a ser disparados con un arma de precisión, pero son más finitos y el tipo les pega pero a un kilómetro de distancia.

NDM: Y ahora, ¿en qué estás?

JPFG: Trabajando en esta línea que me interesa, preparando una filmación que va a ser a principios del año que viene y estoy trabajando con un grupo de jóvenes actores en Suecia. Me preocupa la acción con la muerte o ataques suicidas como formas de lucha.

Recuerdo de ver un momento de mucha violencia el año pasado cuando un palestino estaba descargando fusiles y explotaban siendo gente muy joven, y mi idea es trabajar con gente que vive en Suecia bajo unas circunstancias totalmente diferentes y arribar a otras cosas desde allí. Y eso convive con una estética de cómo también a veces se explota la juventud, más que nada en el mundo de la moda y todo eso lo que allí es muy fuerte.

Es un tema muy sensible, ellos son muy jóvenes hay hasta un psicólogo envuelto en esto y por otro lado me interesa trabajar toda la estética en torno al suicidio. En ese sentido Japón es el país ideal porque es la única cultura en el mundo donde el suicida es elevado a una postura heroica y poética.

Cuando estaba exiliado en Suecia, una de las cosas más frustrantes al radicarme fue venir de una situación en donde hablabas de Uruguay y era como un país inventado. Entonces, en ese momento de principios de los 80 se editó en Uruguay un libro clásico de presentación del país, que todos los países tienen, con fotos lindas y costosas y recibimos un álbum de esos. Y era una cosa muy rara porque por una parte me daba la impresión de un documento que podía mostrar a la gente para ver las fantásticas playas de nuestra ciudad y a la vez era consciente de que ese libro más que cualquier otro, era realmente una mentira, hecho en el momento más agresivo de la dictadura en Uruguay y en mí generó más que nada una cosa muy encontrada. Siento que todos estos proyectos que vengo haciendo giran en torno a una historia personal y me resulta difícil acercarme. Siento que cada vez el círculo se va acercando o achicando más hacia algo y que me estoy preparando para juntar fuerza, coraje y capacidad expresiva para poder acercarme a algo que de alguna manera siento que necesito hacer, una especie de exorcismo visual, en torno a este país y a mi historia personal, todo eso envuelto justamente en una historia política. En base
a eso estoy empezando a planificar lo que sería mi primer proyecto para hacer aquí en Uruguay.

NDM: Entre Venecia y estos libros, ¿ qué hubo?

JPFG: Estuve en Basilea, en la Feria de Arte de 2003, presentando videos nuevos. Uno del año pasado, Antes que se duerma, con duración de 20 minutos que también presenté en Londres. Hay una serie nueva de fotos que ahora están en gira por Suecia, relacionada con este proyecto de los militares, de paisajes nocturnos, sólo iluminadas por un tipo de bengala que usan ellos para batallas nocturnas. Es una bengala que al disparar va unos 400 metros. Está compuesta de magnesio, baja en un pequeño paracaídas y existe la posibilidad de sacar fotos en un paisaje muy amplio. Queda exactamente como una escenografía. *

 

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