Escrito por: HUGO ACEVEDO

En “La tentación de lo imposible”, el novelista y ensayista peruano Mario Vargas Llosa, que más allá de disensos es sin dudas una de las figuras referentes de las letras castellanas contemporáneas, asume el arduo desafÃo de explorar los a menudo inescrutables laberintos de “Los miserables”.
En este libro de compleja lectura, el laureado creador incaico elabora un minucioso ensayo sobre el célebre dramaturgo, poeta y novelista francés VÃctor Hugo y su peculiar personalidad, elocuentemente retratada en esa obra cumbre de la literatura universal de todos los tiempos.
La tentación de lo imposible a la que alude precisamente el tÃtulo de este volumen, admite no menos de dos lecturas: la imposibilidad de abarcar mediante el análisis la totalidad de la producción del inconmensurable VÃctor Hugo y la convocatoria del propio autor a reflexionar sobre las utopÃas paridas durante su tiempo histórico.
Como lo destaca el propio Vargas Llosa en su introducción, resulta virtualmente imposible abordar no sólo la obra de Hugo, sino también el profuso material biográfico, ensayÃstico y crÃtico que ha intentado capturar su intensa peripecia humana y literaria.
La complejidad de su personalidad asà como su compromiso ético, polÃtico y religioso, constituyen todo un desafÃo para numerosos autores que se ocuparon de su figura, tanto apologistas como detractores.
Dueño de una personalidad singular y activo protagonista del turbulento siglo XIX, Hugo dividió a la crÃtica entre la más encendida veneración y la diatriba más ácida e implacable.
Vivió intensamente inhalando cada instante de su existencia, para transformarse en un auténtico referente de una literatura que sintetizaba, simultáneamente, la belleza más seductora con la más descarnada denuncia de las miserias humanas.
En “la tentación de lo imposible”, Mario Vargas Llosa mimetiza al gran escritor con el narrador de “Los miserables”, para construir una visión crÃtica del propio Hugo, al cual Âen cierta medida imputa ser una suerte de dictador de la palabra. En tal sentido, afirma que éste habla por boca de sus personajes, los sentencia al silencio o los manipula.
Vargas Llosa no duda en proclamar, en forma categórica, que VÃctor Hugo juzga o excomulga, en un recurrente ejercicio de soberbia y un discurso que suele pecar de narcisista.
En el discurso del narrador o detrás de él, se percibe al propio dramaturgo francés, que integra numerosos apuntes autobiográficos a los paisajes de la ficción literaria.
Vargas Llosa intercala múltiples referencias de otros autores que han puesto bajo su lupa analÃtica a “Los miserables”, muchas de ellas caracterizadas por una crÃtica mordaz y despiadada.
El ensayista peruano analiza los principios deterministas que rigen “Los miserables”, ya sea por los designios del destino, las causalidades o las casualidades, que el escritor-narrador suele manipular a su gusto y antojo.
Esos fenómenos abordados por separado o la confluencia de ellos, conculcan Âen cierta medida la voluntad de sus personajes, para quienes parece haber una suerte de desenlace siempre signado por la inexorabilidad.
Bajo la pluma de Vargas Llosa, el protagonista y los agonistas del gran clásico se humanizan o deshumanizan. El autor sigue el curso cardinal de la novela, en la que VÃctor Hugo arma y desarma escenarios y situaciones, fractura los tiempos narrativos y entreteje peripecias individuales que a menudo devienen en grandes epopeyas colectivas.
El ensayista observa, con mirada atenta y reflexiva, las imágenes de trazo épico que Hugo imprime en su novela, que no sólo refieren a los sucesos históricos en sà mismos, sino también a las criaturas de ficción que pueblan los territorios literarios.
Vargas Llosa marca las claras dicotomÃas entre el autor Âque se impuso en la realidad a todas las adversidades incluyendo al exilio con la peripecia de sus personajes de ficción, para quienes, pese a su voluntad, no parece haber otras opciones o alternativas.
Este discurrir ensayÃstico pone en tela de juicio claramente a la libertad, que, en este caso concreto, parece ser una mera dádiva del destino y no el pleno ejercicio del albedrÃo individual en oposición a las condicionantes históricas o coyunturales.
El autor desmenuza los trazos deliberadamente maniqueÃstas de “Los miserables”, que Âa su juicio dividen a los personajes en ángeles y demonios. En ese contexto, cuestiona también el heroÃsmo tomado como un rasgo arquetÃpico y a menudo hasta desmesurado.
De las reflexiones de Vargas Llosa se infiere, con meridiana claridad, que el espÃritu que inspira la clásica novela es el caracterÃstico del romanticismo, que acentúa las dicotomÃas éticas de la naturaleza humana, sin eventual margen para los matices que suelen humanizar a las personas.
El único personaje de “Los miserables” que logra traspasar las fronteras del Mal y el Bien es Jean Valjean, que experimenta una metamorfosis esencial y casi imposible, transformándose de reo y ladrón en una suerte de redentor.
La mutación de su conducta es Âen más de un sentido una paradigmática lección de moral, porque logra mutar una vida marginal y desdichada en una experiencia existencial solidaria y conciliadora.
Abordando algunos aspectos poco transitados de “Los miserables”, el escritor peruano destaca también la extrema austeridad de los personajes Âaún aquellos que pueden ser catalogados de “monstruos”- quienes se abstienen hasta del sexo, en una conducta radicalmente diferente al exacerbado erotismo del dramaturgo francés.
Sin embargo, Vargas Llosa observa que Hugo enfatiza siempre en el juego de los antagonismos, representados por el Bien Âque está sin dudas asociado a la figura del convicto converso y el Mal que encarna el policÃa Javert, una suerte de antiparadigma obsesivo, que asume a la autoridad como un dogma religioso y odia visceralmente la rebeldÃa.
En el vasto conjunto del universo humano, otro personaje en el que Vargas Llosa se detiene particularmente es Gavroche, arquetipo de la marginalidad y, según el ensayista, una suerte de “justiciero social”. Hay en él, en rigor, un componente de trasgresión pero también una gran capacidad para beatificar a los “miserables”.
La pluma de Mario Vargas Llosa nos desliza lentamente a través de los intersticios de la magistral novela, que es, sin dudas, una suerte de obra teatral, en la que se representa la comedia humana.
En efecto, en esta larga epopeya literaria abundan los personajes, pero lo realmente crucial son las diversas identidades que asume el protagonista en su épica de supervivencia.
“Los miserables” es una novela colmada de coloquios pero también de soliloquios, como cuando el relator asume la descripción del descenso a los infiernos de las catacumbas de ParÃs, en lo que debe interpretarse como una elocuente metáfora de la sÃntesis de las excrecencias humanas.
Vargas Llosa desmenuza también el discurso polÃtico que subyace en este clásico literario y la exaltación del idealismo, nacido al calor de la Revolución Francesa que fue Âmás allá de claros y oscuros uno de los acontecimientos capitales de la historia de la humanidad.
Sin embargo, no omite cuestionamientos a la presunta descripción ficticia que ensaya Hugo de lo sucedido en el alzamiento callejero de 1832, que, en opinión del ensayista, está despojado de sustancia ideológica. Hay sà una torrencial construcción plástica de la épica rebelde, que está dotada de una magistral resolución literaria.
Vargas Llosa pone su acento crÃtico también en algunas conductas polÃticas algo ambiguas del escritor francés, asà como e
n su presunto divorcio de la realidad histórica imperante en el ParÃs insurgente del siglo XIX.
“La tentación de lo imposible” es un libro de lectura compleja, porque asume un minucioso análisis de una obra sin dudas peculiar, que retrata descarnadamente los contrastes y dicotomÃas de la naturaleza humana.
Resulta pertinente advertir que la comprensión de este ensayo puede resultar una tarea casi inasequible, en la medida que el eventual consumidor no haya leÃdo previamente “Los miserables”.
Contrariamente a lo que podrÃa presumirse, Vargas Llosa no construye una visión complaciente ni apologética del autor y su novela, sino una mirada tan crÃtica como minuciosa.
Sin embargo, el escritor incaico Âmás allá de eventuales y fundados reparos no puede ocultar su admiración por el genio y el inconmensurable talento del gran VÃctor Hugo.
En un tiempo histórico de medianÃa y vacuidad intelectual, este trabajo ensayÃstico comporta, más allá de la discrepancia y algunos desbordes narcisistas del novelista peruano, un aporte fundamental para la reflexión.
(Editorial Alfaguara)
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