Presentable
Me habían invitado a la presentación de un libro y como la cosa venía con brindis, se me dio por decirle a mi hijo que me acompañara y aceptó. Me sorprendió que aceptara, sin rogarle ni todo lo que necesita para dar una respuesta. Seguro no me oyó bien de lo que se trataba. El lugar era lindo. Grande y luminoso, eso era lo positivo, lo negativo fue tener que tragarnos en seco tres discursos, de los que no pude cazar ni la mínima idea pero que igual les tuve que otorgar mi correspondiente salva de aplausos. Mi hijo deslumbraba con su cara de adolescente embolado y a cada rato murmuraba «¿Para qué vine acá?» Yo como tenía que poner cara de que oía los discursos no podía responderle a mi pequeño vástago. Terminados los discursos, comienza la parte del brindis, el nene quería un refresco de cola, resulta que solo daban vino y agua mineral, a lo que mi hijo volvió con su «¿Para qué vine acá?, a lo que por fin pude responderle: «Para mamar un cacho de cultura, bestia».
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