UN FILME QUE INDAGA EN EL UNIVERSO DE SUS PERSONAJES CON LA SUTILEZA DE UN DIRECTOR SUGERENTE

Entrecopas: los caminos de la vida

La idea central mezcla simpleza y sofisticación: se trata de una despedida de soltero «on the road» donde un profesor de literatura aficionado a la enología invita a su amigo casamentero (un actor de televisión venido a menos) a participar de un recorrido por las principales bodegas y viñedos de California. A partir de aquí, la cámara de Payne explora  además  el viaje interior de los personajes, sacando a luz todas las contradicciones y paradojas que generan los seres humanos en su diario vivir. El docente (Paul Giamatti), por ejemplo, es un escritor frustrado que aún no ha logrado cicatrizar las heridas de su divorcio. Para sublimar su existencia ha convertido el acto de beber en una experiencia de riguroso sibarita que intenta trasladar a su amigo y ofrecerle así una nueva mirada para disfrutar los placeres de la vida. El novio (Thomas Haden Church), sin embargo, tiene otras ideas más específicas sobre despedidas y pretende aprovechar esos últimos días de «libertad» en una suerte de turismo sexual desenfrenado. Lo interesante del caso es que, de este periplo relativamente accidentado, el director logra recrear cierto carácter alegórico del propio tránsito que hace a los hombres en su aventura existencial cotidiana. Basado en una novela de Rex Pickett, el guión re-elaborado por el propio cineasta junto a Jim Taylor alcanza  por instantes  una densidad metafórica de alto vuelo, sobre todo en algunos dialogados de excelencia mayúscula (cuando se compara la vida con los vinos, por ejemplo) a la vez que indaga en el peculiar universo de sus personajes con la sutileza propia de un maestro que ha aprendido el inefable valor de la sugerencia.

De esta manera Entrecopas va mejorando su contenido a medida que avanza la proyección. Así como los vinos añejados en casco de roble van optimizando su sabor, el filme va dejando una sensación de encanto que el espectador sabrá degustar en su correcta medida. En un tono agridulce (por momentos casi tragicómico), el largometraje plantea cuestiones interesantes sobre las cosas del querer, los miedos y las heridas que se depositan en el corazón. Para ello cuenta con un ajustado elenco, en donde también sobresale Virginia Madsen y Sandra Oh (esposa del director).

El tema del Oscar, por su parte, es un elemento coyuntural aunque resulta saludable que la industria haya valorado en sus justos términos la calidad estética y conceptual de una denominada «historia simple» que, sin embargo, puede decir mucho más de lo que parece. En este sentido, la producción alcanzó nominaciones de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor secundario (Thomas Haden Church) y Mejor Actriz Secundaria (Virgina Madsen). Casi nada. *

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