Más que amigos, en Punta del Este
Ilustra, con elocuencia, la obsesión con la homosexualidad, obsesión donde se mezclan la atracción y el horror, que aflige a los comediógrafos rioplatenses de hoy: apenas hay una pieza de las que se autocalifican «cómicas» que no trate el tema, rasgo que contrasta con la curiosa omisión del mismo tema en el drama vernáculo. En «Más que amigos» Laura Fidalgo dice ser un transexual; otro de los personajes (Maxi Ghione), presentado como un heterosexual a punto de casarse con la noviecita buena (Karina Dali), tiene relaciones íntimas con él; pero, tranquilidad en el vestuario, el supuesto transexual, un antiguo compañero de clase, sospechoso desde niño por su afición al piano, es en realidad la hermana del dudoso pianista, una ex gordita con granos que derrotó a los kilos y al acné. Aparece un heterosexual matamoros (Hugo Arana), el padre de la novia, muy parecido al personaje que hace Ricardo Couto en «La jaula de las locas»: aquí es un ex comisario siempre dispuesto a reprimir, naturalmente que pistola en mano, el menor atisbo de blandura masculina. Hay dos amigos, los «más que amigos» del título, que han vivido o viven juntos desde las épocas escolares ; comparten las mismas mujeres, efímeras y fortuitas; su amistad es, por lo menos, pegajosa. Los inseparables han establecido un nuevo vínculo: están enamorados de la misma mujer, la noviecita casadera. Como consecuencia, uno de ellos, en una escena de celos que no osa decir su nombre, reprocha al otro su noviazgo, que le ha quitado al compañero de farras; que le haya birlado la dama lo preocupa mucho menos. Lo más sugerente de la pieza es que en todas las relaciones sexuales, tanto en las que se realizan como en las matrimoniales en proyecto, falta absolutamente el Eros. Unas copas y algo de excitación alcanzan y sobran para llegar al sexo; el matrimonio es sólo una institución, en la que el amor tiene poca injerencia. Casi al final, el padre de la novia, frustrado en sus intentos de seducir de buenas a primeras a una mujer (la transexual putativa), acudirá, para satisfacer sus ansias, a un hombre que nunca ha visto, sólo porque lo supone homosexual.
La homosexualidad está vista como un El Dorado: es el reino del placer absoluto, y le pertenecen la gracia y el deleite. El imaginario transexual está bien vestido, peinado, maquillado; y, hasta donde puede hacerlo Laura Fidalgo, es sexualmente atractivo. En cambio la novia (Karina Dali), feúcha, mal vestida y peor peinada, parece la empleada somnolienta de una fábrica de pastas en el momento de recibir el pedido de medio kilo de tagliatelli.
Naturalmente, todas estas reflexiones son a contrapelo de la obra, cuya fórmula dramática es lo bastante arcaica como para tranquilizar al público, un público cuyo promedio de edad estaba por encima de los sesenta años. La puesta en escena es de una laxitud típica del peor teatro rioplatense : repeticiones, impiadoso morcilleo, mohines por doquier, risas descontroladas, desesperante estiramiento de escenas y el consabido abrir y cerrar de puertas para hacer progresar la acción. En medio de este desastre está Hugo Arana, que no puede olvidar que es todo un actor y que por momentos nos lo recuerda.
MAS QUE AMIGOS, de Daniel Dátola, con Hugo Arana, Laura Fidalgo, Maxi Ghione, Mariano Iudica, Gerardo Grasi y Karina Dali, dirección de Julián Howard. En teatro Galería Sagasti, Punta del Este. *
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