Escrito por: NELSON DI MAGGIO
En la encuesta participaron museos de arte contemporáneo, coleccionistas y subastas. Es, pues, una encuesta limitada a un sector de la sociedad artÃstica, aquel que adquiere y especula con obras por diferentes motivos, entre los cuales no predomina el valor histórico, estético o de experimentación en nuevos lenguajes.
Sin ser totalmente una estimación comercial, la encuesta apunta hacia artistas ya reconocidos (pocos son treintañeros) y que por eso ocupan un lugar en los museos, una preferencia en los coleccionistas y una cotización en las subastas. La encuesta puede asumirse como una curiosidad más entre las tantas que se realizan y acaso tenga el valor agregado, nada desdeñable, de difundir a un vasto público nombres notables que vale la pena retener y conocer.
El crÃtico Francisco Calvo Serraller, en El PaÃs de Madrid, lamentó la ausencia de españoles en la encuesta a pesar de las enormes inversiones que hizo el paÃs en el mercado en el último cuarto de siglo. AsÃ, reprocha que en la lista no figuren determinados artistas consagrados (Tapies, por ejemplo) y hasta que un brasileño ocupe un lugar en vez de otros creadores. Es no entender las limitaciones de una encuesta que no está dirigida a satisfacer el nacionalismo artÃstico sino a verificar el estado mercurial del mercado.
Si es sorprendente que no esté ningún artista español, más alarmante es la ausencia de latinoamericanos, salvo el caso del carioca Ernesto Neto, un nombre no muy familiar aunque con participaciones en bienales internacionales. Es que la globalización es un engaño. Siempre y hasta ahora, los centros imperiales han dictado los cánones del arte. Por eso predominan los artistas estadounidenses y europeos, preferentemente alemanes, quedando muy lejos, franceses e ingleses. A distancia sideral, los asiáticos, africanos y demás.
Lo más interesante, más allá de la cuota asignada a cada paÃs, son los lenguajes dominantes por los artistas. Entre los cien seleccionados, hay apenas 17 pintores, uno sólo de 35 años (el alemán Gregor Schneider), los restantes se sitúan al medio siglo de existencia (el belga Luc Tuymans, la sudafricana Marlene Dumas, dos honorables talentos) mientras la mayorÃa son figuras históricas (Rauschenbeg, Jasper Johns, Polke, Richter, Baselitz, Ellsworth Kelly, Rainer, Kiefer) que, en muchos casos, transgreden el ámbito pictórico. Los eufóricos por el triunfo de la pintura quedarán anonadados.
Es estimulante verificar el ascenso de la fotografÃa (hay 12) y el predominio de las instalaciones y los videos. Bruce Nauman ocupa el tercer lugar, Louise Bourgeois, con 93 años, el quinto, Bill Viola el undécimo, Cindy Sherman el séptimo, Jeff Wall y Thomas Ruff, ostentan los números 17 y 18, respectivamente. TodavÃa el venerable Richard Hamilton, el padre del pop-art en Londres, retiene a los 82 años, el lugar número 69.
El centenar de artistas vivos consagrados entre los más relevantes, es inobjetable. Si faltan algunos o muchos, según la óptica que se adopte, los que están tienen una obra sólida, personal, reconocida. Que haya discrepancias, es normal. Pero no deja de ser bienvenida la aceptación por el mercado de arte, por la apertura de criterios, de creadores notables que, desde luego, no implican la afirmación de tendencias o medios utilizados. Para eso, habrÃa que dejar la votación en manos de crÃticos expertos e independientes, representativos de cada paÃs o área geográfica. La encuesta, tendrÃa más sentido, mayor significación e invitarÃa a una reflexión más seria y saludablemente polémica. *
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