La muerte de un viajante
Con la muerte de Arthur Miller, a los 89 años de edad, se cierra el ciclo de uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX. Nacido el 17 de octubre de 1915 en Harlem, Nueva York, el segundo de tres hijos de Isidore Miller, un áspero austrohúngaro fabricante de vestidos y Augusta Barnett, una sensitiva maestra americana, Miller fue educado en la religión judía que le dejó, cuando abandonó su práctica y según sus propias palabras, un sentido de trascendencia y significación de la vida.
Miller no fue un destacado estudiante, salvo en football americano y atletismo; su encuentro con la literatura fue en Los hernanos Karamazov de Dostoiewsky. Trató de aprender arte dramático, pero sus antecedentes académicos eran deficientes y su padre no tenía dinero para costearle los cursos. Para lograrlo trabajó brevemente en el negocio de su padre, lavó platos y fue editor de un diario; más tarde sería empleado de un comercio de venta al detalle de partes de automóviles, chofer de camiones e instalador de equipos de aire acondicionado. En 1934 logró ingresar a la Universidad de Michigan donde aprendió a escribir drama con Kenneth Rowe; allí leyó a Shakespeare e Ibsen, pero sus maestros y modelos iban a ser, lo que es visible en sus obras, los grandes trágicos griegos, de los que admiraba la perfecta arquitectura de sus piezas. Miller, que también ganó el premio Príncipe de Asturias en 2002, se destacó por sus retratos descarnados de individuos ahogados por una estrecha moralidad y las presiones de la sociedad y la familia.
Su primera obra El hombre que tuvo toda la suerte se estrenó en Broadway, pero duró sólo cuatro representaciones; ello decidió a Miller a intentar un estilo más realista. Luego de dos años de trabajo, estrenó la primera de sus grandes obras Todos eran mis hijos (1947), que se mantuvo en escena durante trescientas representaciones; pero su consagración como dramaturgo vendría con Muerte de un viajante (1949), pronto llevada al cine (1951); muy poco más tarde Las brujas de Salem (1953) con su transparente enjuiciamiento del maccarthysmo, con el paralelo entre el pánico anticomunista de la época con el proceso de las brujas de 1692, fue también un éxito extraordinario. Menos éxito tuvo Panorama desde el puente (1955), que coincidió con algunos episodios un tanto dramáticos de su vida, como su divorcio de su primera esposa Mary Slattery, con quien tuvo dos hijos y casi al mismo tiempo es acusado de desacato por la Comisión de Actividades Antinorteamericanas y contrae matrimonio con Marylin Monroe, de la que se divorcia cuatro años después. Miller habría de casarse nuevamente muy pronto, en 1962 con su tercera esposa, Inge Morath. Su pieza Después de la caída cuyo contenido autobiográfico es innegable, le atrajo duras críticas porque se la supuso un retrato de su vida íntima con Marylin; verdadero o no, hizo de la pieza un éxito de público. Miller continuó escribiendo, notablemente su autobiografía; pero siguó creando dramas casi hasta su muerte. Entre sus últimas obras dramáticas destacamos Incidente en Vichy (1965), El premio (1968) y Cristal roto (1994). También escribió un guión, Vidas rebeldes (1961), una novela Enfoque (1945) y un ensayo sobre la Unión Soviética, En Rusia (1969). El último yanqui, donde puso su propia afición por la carpintería, pieza que representara la Comedia Nacional, y Bajando del Monte Santa Elena. *
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