"El lector por horas", por la Comedia Nacional, en la Sala Verdi

Los ricos no entienden de literatura

Henry James se alimentaba, para sus complejas novelas, de historias que le contaban viejas damas dignas; Shakespeare cuidaba caballos y charlaba en la puerta del teatro Globe y frecuentaba, con Marlowe, las tabernas; Goldoni anotaba los diálogos que oía al pasar en Venecia y Stendhal revisaba la crónica policial. Todo eso no garantiza autenticidad ni vida, pero lo hace posible; pero hoy los autores leen libros de semiótica, y tenemos «El lector por horas».

Hemos oído hablar de Pinter a propósito de esta obra de Sanchis Sinisterra; pocas cosas nos parecen más distantes del sobrio dramaturgo inglés que el gárrulo español. Las reticencias de Pinter nos hablan de un mensaje difícil de entender, como pronunciado entre dientes; pero los personajes están de pie. «El lector por horas» es charlado en exceso -una característica inamovible de Sanchis Sinisterra- y sus pretensiones de misterio sólo arriban a contradicciones deliberadas. No hay nada más allá de lo que está a la vista, un cúmulo de situaciones que no se resuelven.

Aparece Celso (Pepe Vázquez), el magnate convencional, suficiente y cínico; contrata, luego de un examen tan cargoso como fútil a Ismael (Lucio Hernández) como lector para su hija ciega Lorena (Roxana Blanco). Hay luego no menos de cinco líneas de acción, cuya síntesis, o bien no existe o bien no pudimos desentrañar. Una, que ocupa bastante tiempo, es la lectura de varios fragmentos de literatura o de algo que los remeda. «El cuarteto de Alejandría», de Durrell, es el primero; «El corazón de las tinieblas» de Conrad viene a continuación y se mencionan más tarde a Faulkner y Flaubert, no se ve qué consecuencias tiene la lectura y menos aún que se haya elegido uno u otro fragmento. Otra línea son algunas insinuaciones malévolas sobre el pasado de Ismael, que podría haber sido un novelista plagiario; la tercera es la relación entre padre e hija con la revelación de que Celso le pegaba a su esposa, hoy muerta, la cuarta es el continuo destrato a que someten al lector por horas tanto el padre como la hija, sin que se comprenda la razón, en la conocida línea de «El sirviente» o «La señorita Julia». Así, gratuitamente: «No me importa la persona que usted es… no me interesan tampoco sus preferencias…» hasta una ridícula escena en que «el lector por horas» es obligado a ponerse en cuatro patas. ¡Así de malos son los ricos! Hay una última línea de acción, que no se sabe a dónde va a parar, que son las llamadas de teléfono obscenas que dice recibir Lorena; Celso dice que ese teléfono no funciona, por lo que no puede haber llamadas; al fin, se oye sonar al teléfono, el teléfono cesa de sonar y termina la obra.

La competencia de los tres actores y el esmero del director Daniel Spinno Lara hacen más evidente la inanidad de la pieza.

 

EL LECTOR POR HORAS, de José Sanchis Sinisterra, por la Comedia Nacional. Con Pepe Vázquez, Lucio Hernández y Roxana Blanco. Escenografía de Claudio Goeckler, vestuario de Cristina Cruzado, iluminación de Juan José Ferragut, música de Jorge Schellemberg, dirección de Daniel Spinno Lara. Estreno del 12 de enero, Sala Verdi.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje