Los inescrutables códigos del amor
La comedia –tanto en el teatro como en el cine– es uno de los géneros que mejor retrata la cotidianidad humana, en la medida en que condensa las angustias pero también los rasgos grotescos de una sociedad siempre compleja y contradictoria. Esta veta cinematográfica, de vasta y fecunda tradición a través del tiempo, ha recorrido la historia del arte del celuloide desde sus centenarios orígenes, marcando claramente las inflexiones de las diversas épocas.
Partiendo de la tesis de que las fronteras entre lo cómico y lo trágico son habitualmente imperceptibles, la comedia europea ha exhibido improntas que la identifican, porque suele mixturar las diversas emociones intrínsecas a la condición humana.
Ese baño de realismo –que casi siempre desestima la vacuidad o la propuesta liviana– ha sido característico de la comedia francesa, que siempre propone un dejo nostálgico y reflexivo.
La amo, me ama, te amo, el filme de Benoit Cohen, explora el universo de los afectos desde un ángulo controvertido, que involucra el tema del desencuentro de parejas, la infidelidad, la fragilidad de los sentimientos y el demoledor peso de la rutina.
La mayoría de los personajes del relato –aunque son aún jóvenes– están ingresando lentamente en un punto de inflexión de sus existencias, momento en el cual suelen aflorar las dudas y las incertidumbres respecto al futuro.
El origen del conflicto es el reencuentro entre Martín (Mathieu Demy) –un violoncelista ya casado y con una niña pequeña– y su ex amante Constance (Romane Bohringer), quien, tras el frustrado romance, también ha reconstruido su vida amorosa y tiene dos niños con su nuevo compañero. Enfrentados a una situación sin dudas inesperada, las dos parejas se alojan durante sus vacaciones en una finca emplazada en un paradisíaco paraje de la campiña francesa, lejos del mundanal ruido y los frenéticos alaridos urbanos de la posmodernidad. A ellos se unen otros amigos que comparten circunstancialmente el mismo techo, para quienes el amor y la mentira es moneda corriente, en una suerte de permanente desliz erótico y afectivo.
Mientras juegan a las cartas en torno a una mesa, los comensales comienzan a descubrirse a sí mismos, en un intenso y desinhibido ejercicio de catarsis emocional.
La aparente mansedumbre que parece gobernar el espacio compartido, comienza a desmoronarse cuando afloran los primeros desencuentros y los secretos largamente ocultos en torno a relaciones entrecruzadas.
En ese contexto, algunas veladas acusaciones mutuas anticipan los conflictos que se avecinan, que –en algunos casos– devienen en fuertes rupturas y resurrecciones sentimentales.
Como es habitual en el cine europeo, los discursos se explicitan, más que con palabras, mediante gestos y miradas, en una suerte de lenguaje narrativo que apela permanentemente a lo que se insinúa y no a lo que se dice. Esta comedia de trazo agridulce, por momentos despiadado, reflexiona en torno a la fragilidad del amor, la memoria de los sentimientos y los conflictos de pareja. El realizador Benoit Cohen construye una historia en apariencia convencional, que propone una mirada desencantada sobre las relaciones matrimoniales, la infidelidad y el desgaste provocado por la convivencia. En ese contexto, el sexo opera como catalizador de emociones.
En este filme –que convoca más a la reflexión que a la risa pese a algunas situaciones hilarantes– el humor aflora en dosis muy mesuradas, no trascendiendo más allá de lo meramente anecdótico. La amo, me ama… te amo es, si se quiere, un ameno cuadro costumbrista y cotidiano. Sin embargo, por el tema abordado y sus lenguajes, no dejará a nadie indiferente. *
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