EUROPA PRESTA ATENCION NUEVAMENTE AL CINE DE AMERICA LATINA

Interés creciente del público y crítica

Un éxito comercial respaldado por una amplia presencia en los grandes festivales internacionales y por un interés creciente de la crítica, que no cesa de señalar la creatividad de la cinematografía latinoamericana, tanto más notable cuanto sus medios financieros son a menudo muy limitados. De enero a diciembre, no hubo prácticamente un mes en que en las pantallas francesas no fueran estrenadas películas latinoamericanas, tanto ficciones como documentales. Y los documentales latinoamericanos se beneficiaron plenamente del nuevo auge del género. El público francés pudo ver este año en los cines Cóndor, los ejes del mal del argentino Rodrigo Vázquez, Yo, Sor Alice del argentino Alberto Marquandt, Salvador Allende del chileno Patricio Guzmán o Memorias del saqueo del argentino Fernando «Pino» Solanas. En lo que respecta las películas de ficción, fue también Argentina la que encabezó la lista de los filmes distribuidos durante el año en los cines franceses: El hijo de la novia de Juan José Campanella, El abrazo partido de Daniel Burman, con el actor uruguayo Daniel Hendler, galardonada en el Festival de Berlín y propuesta a los Oscar, Silvia Prieto de Martín Rejtman, Ana y los otros de Celina Murga, Los muertos de Lisandro Alonso, La niña santa de Lucrecia Martel, Familia Rodante de Pablo Trapero y Kamchatka de Marcelo Piñeyro. Los cinéfilos franceses pudieron admirar asimismo las películas uruguayas Corazón de fuego de Diego Arsuaga, y Whisky de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, que continúa su carrera de éxitos internacionales y aspira a un Oscar. Por las carteleras francesas pasaron también las cintas mexicanas La virgen de la lujuria de Arturo Ripstein y Nicotina de Hugo Rodríguez, las brasileñas Carandirú de Héctor Babenco y la laureada Diarios de motocicleta de Walter Salles, la peruana Días de Santiago de Josué Méndez, la cubana Siete días, siete noches de Joel Cano, la chilena Días de campo de Raúl Ruiz. A lo que hay que agregar las producciones norteamericanas dirigidas por cineastas latinoamericanos, como Las mujeres de verdad tienen curvas de la colombiana Patricia Cardoso, 21 Gramos del mexicano Alejandro González Iñárritu, Hellboy de su compatriota Guillermo del Toro y El prisionero de Azkaban, un Harry Potter dirigido por el también mexicano Alfonso Cuarón. Finalmente, cómo no añadir María llena de gracia, película colombianísima pero estadounidense, del director Joshua Marston, que se alzó con el Gran Premio del festival de cine de Deauville, el gran encuentro del cine norteamericano en Francia y que valió a su intérprete, Catalina Sandino Moreno, un Oso de Plata de interpretación en Berlín. Los festivales, justamente, desempeñan un papel esencial en la promoción del cine latinoamericano. En su edición 2004, el Festival de Cannes otorgó un espacio privilegiado a las películas de América Latina. Once de ellas figuraban en sus diferentes secciones, de las cuales dos largometrajes en la selección oficial en competición: La niña santa de Lucrecia Martel y Diarios de motocicleta de Walter Salles. Casi todas fueron distribuidas comercialmente en Francia este año o lo serán el año próximo. En el palmarés del Festival de Tres Continentes de Nantes dedicado a las cinematografías de Asia, Latinoamérica y Africa, figuraban este año dos películas argentinas: Bombón el perro de Carlos Sorín y Una de dos de Alejo Taube. En Francia, dos festivales consagrados exclusivamente a América Latina han servido durante años de trampolín al cine de la región: el Festival de Toulouse (sur) y el de Biarritz (suroeste). El primero, además del prestigio de su selección, organiza junto con el de San Sebastián (norte de España) la operación «Cine en construcción», que permite que jóvenes cineastas puedan terminar sus películas. En lo que respecta al Festival de Biarritz, atravesó en los últimos años una crisis que puso en peligro su existencia. Hoy, ese peligro ha sido superado. Su nuevo delegado general, Marc Bonduel, nombrado el 3 de octubre pasado, declaró el lunes a la AFP, que la preparación de la edición 2005 (26 de setiembre-2 de octubre) ya está avanzando. «El festival va a continuar. Acepté ocuparme de este acontecimiento no sólo para continuarlo sino para reforzarlo», dijo, precisando que «el objetivo principal es descubrir jóvenes talentos. Habrá por supuesto la selección oficial de largometrajes pero nos proponemos asimismo darle un espacio particular a los cortometrajes». «Contamos hacer venir al festival los cineastas, pero también los productores, distribuidores y otros profesionales, para que los jóvenes directores encuentren los apoyos necesarios para desarrollar sus proyectos», agregó. Una buena noticia, pues para el cine latinoamericano, cuya «buena onda», como diría Walter Salles, no termina con el año. En Francia, se anuncian ya en 2005 los estrenos de Machuca del chileno Andrés Wood (seleccionada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y candidata a un Oscar), de Buena Vida del argentino Leonardo di Cesare (que recibió el principal premio del Festival de Toulouse) y El cielito de la argentina María Victoria Menis. *

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