Revista ARTE:07

La aparición de otro número de Arte: 07, revista de artes visuales de APEU es un esfuerzo encomiable. Desde su aparición en 2001, a un promedio que no alcanza a dos números anuales (crisis económica mediante) mantiene sus rasgos más típicos: una impecable diagramación e impresión gráfica de alto nivel unida a un contenido tan despistado como poco atractivo. Si no fuera por los anuncios publicitarios al reproducir obras de artistas que no suelen ser registrados por los especialistas, que dan un panorama poco alentador al exterior, y las fotos de vernissages del círculo estrecho ligado al núcleo editor, la revista Arte podría pertenecer a cualquier país de habla hispana. Le falta identidad cultural.

El número 07, de diciembre, se informa sobre lo que pasa en Bogotá, San Pablo y Buenos Aires. Es un indicador de su voluntad internacional. Pero se ignora, perversamente y a modo de resumen anual, la temporada montevideana: muestras de arquitectura, videos españoles, monográficas de Broto y Canogar, Luis Fernando Roldán y Johanna Calle, formidables dibujantes colombianos, la fotógrafa mexicana Flor Garduño, la intensa, exigente actividad del Centro Cultural Dodecá, el estreno del video premiado de Martín Sastre en el Museo Nacional de Artes Visuales, las excelencias curatoriales de Daniel Umpiérrez y Juliana Rosales, las innovadoras propuestas de Tics y Marcas oficiales, el Premio Paul Cézanne, para mencionar algunos acontecimientos del año. Una revista editada en Uruguay, capaz de competir en el extranjero, que no suministre una materia prima local, es un desperdicio, un regodeo narcisista superfluo. Para peor y es fundamental, carece de un circuito de distribución mínimo, con escasa resonancia en los medios.

Hay firmas, empero, que van marcando rumbos, de Enrique Aguerre, Alejandro Cesarco (ambos una llamada de atención hacia Nicolás Bourriaud, el crítico-curador de la estética relacional, pero demasiado breves), de Brian Mackern y Jacqueline Lacasa, con sus ejercicios de análisis teóricos en que consolida, en cada oportunidad, su capacidad de investigación y la bienvenida observación de los otros, más allá de lo que sucede en el parque Baroffio. Una autocrítica y una revisión de lo actuado, parecen tan inevitables como necesarias. Para seguir adelante y aspirar a imponerse dentro y fuera del país como la revista de arte uruguayo que merece ser. *

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