El retorno de los nómades

El nomadismo es una cualidad intrínseca a nuestra esencia misma, que nace con la especie humana, desde las primeras civilizaciones que se cobijaban en las cavernas para sobrevivir a los agentes de la naturaleza.

Sin embargo, con el tiempo, con el nacimiento del concepto de territorialidad, el ser humano se fue transformando paulatinamente en una criatura sedentaria, arraigada a espacios físicos y bienes materiales.

La consecuencia de ese cambio cualitativo que fue evolucionando

a través del tiempo, derivó naturalmente a la idea de propiedad privada, luego devenida en derecho constitucional.

Obviamente, ese proceso tuvo consecuencias nefastas para la humanidad, porque el Hombre perdió paulatinamente la capacidad de conjugar el verbo compartir, cuando se transformó en propietario de bienes y riquezas, la primera de las cuales fue obviamente la tierra, que le otorgaba el sustento.

Hoy y hace muchos siglos, la propiedad privada está íntimamente asociada a la injusticia y a los grandes contrastes sociales entre los que lo poseen todo y quienes no disponen ni de lo mínimo necesario para vivir decorosamente.

El capitalismo, en su versión más salvaje, no es un sistema distributivo como sería deseable, sino un mecanismo de explotación del hombre por el hombre.

Este fenómeno está ligado, naturalmente, al sempiterno concepto de sedentarismo, que trasciende ciertamente al significado que se le suele otorgar en el lenguaje moderno.

Hoy, el sedentarismo no es el mero proyecto de instalarse en un espacio determinado, es también una actitud muy meditada ante la vida, que habitualmente nos expone al inmovilismo, tanto físico como intelectual.

En términos meramente científicos, el sedentarismo es una de las principales causas de graves enfermedades que deterioran y conspirar claramente contra nuestra calidad de vida.

En «El retorno de los nómades», la escritora Lía Schenck construye una fuerte de oposición simbólica entre nomadismo y sedentarismo, que no se limita a la mera descripción de ambos fenómenos como antagónicos.

En este pequeño libro de lenguaje poético y profundamente reflexivo, la autora construye en ensayo sobre la libertad y la emancipación individual y colectiva.

Partiendo de la tesis que el nomadismo es una forma de cultura que trasciende al tiempo y al espacio, la escritora va construyendo su razonamiento sobre las rutinas y los ritualismo sociales contemporáneos.

En su visión tan original como particular, el nomadismo es una suerte de anticuerpo contra el inmovilismo, concepto que se proyecta tanto a lo social como a lo familiar.

En esas circunstancias, el individuo nómada es una suerte de iconoclasta contemporáneo, que selecciona su propio camino en función de férreas e inalienables convicciones.

En cambio, el sedentarismo está en la esencia misma de los modos, las costumbres y las concepciones inmutables del mundo, la realidad y   naturalmente   de la sociedad contemporánea y del consumismo que está fagocitando nuestros sueños.

(Editorial Rumbo)

 

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