La venganza de la Diosma
De corte netamente autóctono y honda raigambre en la tradición literaria vernácula, la narrativa referida a la vida en las zonas suburbanas y rurales de nuestro país ha sido abordada por distintos autores, aunque muchos de ellos han preferido una visión epidérmica o complaciente sobre el tema.
Este ya clásico género literario suele presentar, en la mayor parte de las ocasiones, a la miseria, el estancamiento cultural, económico y social y al conservadurismo inmovilizador bajo el apócrifo envase de «tradición», convalidando dichos fenómenos como parte de la cultura nacional. Con ello, se desestima toda alternativa, análisis o enfoque crítico.
En «La venganza de la Diosma», rompiendo radicalmente con esa tendencia a la resignación, el escritor compatriota Ignacio Olmedo constituye una obra por demás valiosa, partiendo – ya desde el comienzo – de un enfoque nada complaciente y la minuciosa pintura de situaciones y personajes.
Ambientada en la frontera norte del Uruguay, el autor nos narra la azarosa peripecia de una mujer que supo conocer la pobreza y el abandono desde pequeña, pero que, por diversas circunstancias de la vida, logró revertir su precaria situación convirtiéndose en una poderosa hacendada.
Pero la desgracia no abandonó su destino, sino que – por el contrario – se ensañó aún más con ella, llevándola a perderlo todo y tener que reconstruir nuevamente su vida, sin otra ayuda que su inquebrantable voluntad.
Sin embargo, la Diosma, personaje que oficia de eje a lo largo de la obra para desnudar las almas y las existencias de los habitantes del pueblo donde transcurren los relatos, posee una irrefrenable sed de venganza, equiparable a su poder de gobernar voluntades y conciencias.
En ese contexto, urde una retorcida y trabajosa revancha, que le llevará todo lo que le resta de vida, para castigar a los responsables de sus desventuras.
El plan que la protagonista pone en marcha para concretar su objetivo, es minuciosamente descrito por el autor. En esa situación, el relato se transforma en un intrincado entramado de odios, revanchismos, temores y secretos que involucran, de una forma u otra, a todos los habitantes del lugar.
Pero Olmedo no se limita a la mera construcción de la anécdota, ni cae en el facilismo de mostrarnos las vicisitudes de la vida pueblerina desde una visión nostálgico ni de postal turística.
En esta novela, el autor analiza despiadadamente las mentalidades, las sempiternas estructuras morales y sociales de la campaña y la realidad absolutamente disociada de la clásica evocación de corte costumbrista, para revelarnos un mundo descarnado y, en algunos casos, profundamente inhumano.
El libro está integrado por diez relatos, que pueden ser leídos por separado o conformando una unidad, ya que todos se refieren a la historia de la Diosma y de cómo logró concretar su venganza.
El narrador consulta a varios testigos directos o indirectos de los acontecimientos, y, de esta forma, logra manejar hábilmente variadas formas narrativas, al ofrecernos diversos puntos de vista sobre los mismos episodios.
Además del minucioso planteo psicológico de los personajes, seres comunes de los cuales el autor logra extraer una profunda carga existencial, cabe destacar el cuidado hilvanar de cada historia y la sutileza con la cual todas se entrelazan para conformar un todo.
Por otra parte, Ignacio Olmedo sabe conformar una narración a medio camino entre la metáfora y la llaneza de lenguaje, entre su propia voz de narrador y la de sus personajes, perfectamente diferenciadas unas de otras.
También nos ofrece un valioso testimonio de la vida en aquellos pequeños pueblos de frontera, tan distinta – en muchos casos – de cómo suelen pintarla algunos escritores costumbristas desde una perspectiva más cordial.
Este libro rompe con una acendrada tradición uruguaya de narrar la vida en el «interior» del país, pero abrevando de ella y llevándola más allá de sus limitaciones al mismo tiempo.
El autor transmite su experiencia en aquellos parajes, soslayando evocaciones sentimentales, facilismos o trazos melodramáticos, mediante un lenguaje directo, frontal pero despojado de golpes bajos.
(Ediciones de Trilce)
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